viernes, 20 de julio de 2018

EL PODER OCULTO CAP 14

                 CAPÍTULO 14: PENTAGRAMAS                         
   Cuando mis padres se fueron a sus respectivos trabajos, yo me quedé sola en casa. Observaba por la ventana como desde el sur, el cielo se tornaba amenazador. Poco después, comenzó a soplar con furia el viento y unos rayos cegadores surcaron el cielo. Más tarde, la lluvia comenzó a caer como una cascada desde el otro lado de la ventana.
   Me senté en el sillón mirando hacia afuera, mientras acariciaba a Samanta, quien parecía entender el dolor que guardaba mi corazón.
   Me sentía predestinada a sufrir. Él chico al que yo quería se había apartado de mí inexplicablemente. Me sentía utilizada por él. Me daba cuenta de que había sido muy tonta al brindarle mi información mágica, a cambio de nada. Él, lo único que había aportado era una técnica de concentración que jamás me había salido. En realidad, era muy probable que él ni siquiera tuviese poder. Yo evidentemente lo tenía. Podía hablar con los espíritus, proyectar imágenes y había logrado muchas cosas yo sola y sin su ayuda. No tenía pruebas, de que a él le hubiese resultado algún conjuro, ni me había hablado jamás de ninguno.
   Mi abuela me había advertido del peligro de que Esteban y yo estuviésemos juntos. Pero, aún, no sabía a qué se refería.
   Sentía una horrible sensación de culpa. Mi abuela me había pedido que no revelase los secretos mágicos que me heredaba y yo la había traicionado. Al fin, me daba cuenta que él tenía demasiada información.
   Me preguntaba, el por qué de sus palabras, "por la magia no". Algún día, quizás me lo aclararía. Tampoco entendía, cómo nos habíamos encontrado. A esta altura de mi vida y después de las cosas que había vivido, me era casi imposible creer en casualidades. Pero, he de reconocer que Esteban me había dejado algo. Me había enseñado a reflexionar y a mirar mi vida desde otro punto de vista, como un espectador en una función de teatro y a dejar de lado mis sentimientos para poder pensar. Pero, esto último en ese momento me era demasiado difícil.
   Aún, me asustaba la sensación de asfixia. Lo que me había ocurrido, no me parecía un sueño y estaba segura de haber visto una sombra en mi habitación. No quería creer que Esteban la podía haber enviado. Sabía que en algún momento, me tendría que proteger. Sin embargo, no quería perderlo y seguiría pidiendo a los Silfos, que me otorgasen el don de las visiones, para poder ver el pasado y así, averiguar quién era el padre de Esteban y por qué lo había abandonado. Presentía que eso, en un futuro cercano, me acercaría a él y percibía que nuestros destinos se entrelazarían.
   De repente, una ráfaga de viento, tan potente que abrió la ventana de par en par, dejándome completamente empapada, al igual que todo a mí alrededor, me sacó de la profundidad de mis pensamientos.
   Mientras  luchaba contra el viento, para cerrar la ventana, me dí cuenta, de que el pestillo estaba aún bajo. Era inexplicable, que la ventana se hubiese abierto.
   Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo cuando escuché caer las copas de cristal que estaban en el modular. Samanta corrió a esconderse rápidamente debajo del sillón y se quedó mirando agazapada los pequeños trozos de cristal quebrados.
   Me esperaba una larga mañana, limpiando destrozos y más tarde los reclamos de mi madre recaerían sobre mí. Ella nunca creería lo que había sucedido. En realidad, no me preocupaba lo que me fuese a decir. Lo que realmente me molestaba en ese momento, era la certeza de que había algo de lo que me tendría que proteger. Mi abuela me recalcaba, que tenía que estar atenta a las manifestaciones que tenía mi cuerpo y aquel escalofrío no podía significar nada bueno.
  Cuando terminé de juntar los trozos de cristal y de secar el piso subí a cambiarme. Luego, comencé a buscar técnicas de protección en contra de la magia negra.
   Decidí utilizar una botella de agua con sal consagrada por mí, para los elementales. Para lograr que me protejan y también a mi familia.
   Rodeé la casa, con la solución, repitiendo una oración de protección, que encontré en el grimorio. Prendí velas y sahumerios, para que las Salamandras me brindasen su fuerza y protección e imaginé, que la energía del universo, me rodeaba como una esfera inmaterial en la que no podrían penetrar fuerzas malignas. Les pedí, a los elementales, que en caso de estar en un peligro extremo soliciten la ayuda de mis antepasados, para que ellos me cuidaran.
   Tenía la sensación, de que algo muy poderoso, me asechaba. Con la tiza que tenía consagrada, debajo de las sábanas, sobre el colchón, tracé un pentagrama protector con algunos símbolos que posiblemente eran letras antiguas o runas que quedaron grabadas en las páginas más antiguas del libro.
   Ahora, sentía que por las noches tendría protección mientras estuviese durmiendo. Para resguardar también a mis padres sin que se diesen cuenta lo tracé bajo su cama sobre los tirantes de madera. Esperaba que esto fuese suficiente. 
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 13 de julio de 2018

EL PODER OCULTO CAP 13

                 CAPÍTULO 13: PACTO DE SANGRE                          
   Esa noche, mientras mis padres cenaban, yo observaba mi plato de espinacas, sin probarlo siquiera.
   Mi padre me miró y mi madre me dijo con tono preocupado:
   —Tamara, estás muy pálida y no tocaste la comida. ¿No te estarás volviendo anoréxica?
   Con calma y desganadamente le respondí:
   —No, mamá. La espinaca no engorda.
   Ella se puso de pie y tocó mi frente. Luego añadió:
   —No tenés fiebre, ¿te sentís bien?
   El fastidio que me producía escucharla, evitaba que me pusiese a llorar. Sentía un horrible nudo en la garganta y un vacío en el estómago. Aproveché ese momento para decirle que me sentía mal y subí a acostarme.
   Cuando entré a mi habitación, vi entrar a Samanta por la ventana, la abracé y le susurré:
   —¿La viste? Dicen que los gatos tienen el don de ver a los espíritus. No sabés lo mucho que la extraño.
   Me adormecí, mientras Samanta dormía a los pies de mi cama, recordando los sucesos ocurridos durante el día.
   Lo que sucedió después, aún es inexplicable para mí. Cuando todo comenzó, no supe si estaba despierta o dormida. Sentí desde mi cama que una presencia incorpórea, pasaba al lado de Samanta y venía hacia mí. Al estar muy cerca, intentó entrar a través de mi garganta. Me estaba asfixiando. Le ordené con mi mente que se alejase.
   Abrí los ojos. No podía respirar. No veía a nadie, pero una fuerza invisible intentaba poseerme. Samanta saltó sobre mi pecho con todo su pelaje erizado y sentí que por fin, el aire podía penetrar en mis pulmones.
   Me incorporé y en la oscuridad de la noche pude ver frente a mi placard una silueta oscura.
   Encendí el velador. Pero, en el lugar en donde había visto la sombra sólo podía distinguir mi armario. Esperaba que aquello sólo hubiese sido una pesadilla.
   Abracé a Samanta y después de un tiempo logré quedarme dormida. La noche fue rica en sueños y estos resultaron ser extraños y oscuros.
   Después de cada sueño me despertaba. Parecía como si fuesen reales, como si esas situaciones las estuviese viviendo y no soñando.
   En el primero, me encontraba en una cueva, era fría y oscura. El fuego del caldero no llegaba a alumbrar todos los rincones de la misma. Mi atuendo era extraño. Tenía un vestido medieval negro con algunos detalles en rojo y una capa también negra.
   En el caldero plateado una extraña sustancia se estaba calentando. Parecía un metal líquido, como un espejo, en el que mi reflejo no se producía.
   Saqué de mi corset, una daga muy antigua y reluciente, parecía de plata con incrustaciones de una piedra preciosa color violeta. Yo sabía lo que estaba haciendo. No sentía nada. No tenía emociones.  Sólo actuaba como guiada por un poder ajeno a mí. Extendí mi brazo izquierdo y con la hoja de la daga suavemente corté la palma de mi mano. Cuando la sangre comenzó a surgir apreté mi puño. Giré mi muñeca y dejé caer un hilo de sangre sobre el líquido formando neblinosos dibujos en la superficie espejada. Mientras esto sucedía yo repetía. —Permítanme ver el pasado, el presente y el futuro. Denme el poder de las visiones y el entendimiento.
   Me desperté con mucha sed. Me dolía la mano, pero no estaba lastimada, aunque me pareció ver una sombra oscura sobre mi palma. Debía ser solo mi imaginación. Samanta dormía tranquilamente entre mis sábanas.
   Me levanté, tomé agua y miré la hora pero el reloj había dejado de funcionar. Las tres agujas se habían parado en el doce.
   Apagué la luz. No tenía miedo. Me abracé a Samanta y no me costó nada sumergirme en el siguiente sueño que extrañamente fue la continuación del anterior.
   Veía en el caldero mi imagen, pero no era mi reflejo. Era yo en otra situación. Extendía mi mano derecha con unas largas y filosas uñas. La miraba. La llevaba hacia mi pecho. Presionaba sobre este y lo traspasaba. Extraía de él mi corazón que aún latía. No moría. Miraba frente a mí y decía:
   —Si no puedes tener mi corazón, nadie más podrá tenerlo jamás.
   Este dejó de latir y se convirtió lentamente en piedra. Lo arrojé al suelo. No se rompió, pero cuando quise pisarlo se convirtió en polvo. En ese momento, levanté la vista del caldero, pues la imagen se desvanecía.
   Miré hacia las profundidades de la cueva. Alguien surgía desde las sombras. Se aproximaba hacia mí una figura encapuchada, pero familiar. Cuando llego frente a mí, desde el otro lado del caldero, descubrió sus cabellos negros y sus ojos grises me observaron. Luego dijo:
   —Eso se puede evitar haciendo un pacto de sangre. Extendió su mano izquierda y con la derecha tomó la mano con la que yo sujetaba la daga y la guió sobre su palma abierta dejando surgir la sangre de la herida que acababa de provocarse. Mi mano aún sangraba. Él unió las dos heridas. Un hilo de las sangres mezcladas caía sobre el caldero. Ambos añadimos:
   —Ya está hecho.
   Él dijo:
   —Así como nuestra sangre, nuestro poder se ha unido. Desde este momento, si estamos juntos seremos invencibles y nuestros espíritus trascenderán los espacios y el tiempo.
   Los dos concluímos:
   —Que así sea. 
   En ese momento me desperté. La luz tenue del amanecer se filtraba por mi ventana. Había pasado una noche muy extraña y me costaba diferenciar la realidad de los sueños.
   Miré mi mano, pero no estaba lastimada, aunque me ardía y a partir de esa noche una sombra casual se gravó en mi mano izquierda. Posiblemente, siempre hubiese estado allí, sólo que hasta ese momento, jamás le había prestado atención.
   Una frase de mi grimorio me daba vueltas en la cabeza: "Lo que se hizo con sangre, sólo con sangre se irá. De lo contrario, jamás se romperá". Primero, pensé que el sueño era una visión de vidas pasadas. Luego, se me ocurrió pensar, que Teby me había utilizado dentro de mis sueños para uno de sus conjuros, pero ¿podía Teby ser tan poderoso? Y si era tan poderoso, ¿para qué me quería a mí?
   La última idea que cruzó por mi mente antes de que me levantase fue que eso era una visión de un posible futuro. Aunque también, podía haberse tratado de un sueño. Descarté la última idea, pues presentía que mi visión no era un sueño, ya que me sentía protegida, como si Esteban me hubiese dado el poder para protegerme de la presencia maligna que había intentado matarme.
   Sentía que su alejamiento estaba relacionado con esto y no directamente con sus sentimientos por mí.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 6 de julio de 2018

EL PODER OCULTO CAP 12

      CAPÍTULO 12: UNA SOMBRA EN SU MIRADA
   Mi radiante felicidad fue eclipsada por una sombra en la mirada de Esteban, quien se apartó de mí. Me tomó de los hombros mirándome fijamente y dijo:
   ―No, por la magia no se puede... Con los demás sí. Con vos no...
   Antes de que yo pudiese reaccionar, se puso de pié y después de mover su cabeza negativamente dijo:
   ―Así, no.
   Se marchó, sin decirme nada más, dejándome sola y confundida. Sentía que mi corazón se desgarraba. Era mi primera ilusión y mi primer desengaño. Todo había sucedido muy rápido. Todo en un instante. No entendía sus palabras, ¿por la magia?, ¿él me habría hecho un hechizo para que yo lo quiera? o ¿él pensaría qué yo le había hecho un hechizo?
   Cuando llegué a mi casa decidí llamarlo por teléfono. Marqué el número temblando. Esperaba escuchar su voz. Por desgracia atendió la chillona voz de su madre.
   ―Diga.
   _Hola, soy Tamara. ¿Está Teby?
   ―Sí. Sí, esperá que ya lo llamo.
   Unos segundos más tarde volvió a atender ella.
   ―No, no está... No sé cuando vuelve. Le digo que te llame.
   En ese momento, lo comprendí. Él no quería atenderme.
   Sentía un vacío enorme en el pecho. Seguramente, él no me quería.
   Después de despedirme de Susana, consideré que era él quién tendría que darme una explicación. Después de todo, él me había besado. Yo no había hecho magia y me arrepentía de haberlo llamado. Esperaría a que él me buscase. Me sentía muy incomoda. Yo lo quería y él obviamente, tenía miedo. Me pareció percibir el temor en su mirada al verlo por última vez. En ese momento no entendía por qué se había alejado y qué era lo que lo atemorizaba.
   Pensé, que lo más sensato que podría haber hecho era esperar tranquilamente a que él me llamase o viniera a buscarme, pero mi curiosidad no me lo permitía y había aprendido que podía contar con los espíritus cuando los necesitara. Pero, esta vez quería hablar con mi abuela. Ella entendería la confusión que había en mi mente y en mi corazón. Necesitaba respuestas mas claras que un simple sí o un no. Pensé en la copa, pero no sabía si yo sola podría invocarla. Recordé el poder del círculo y la capacidad de ciertos animales de atraer los espíritus.
   Tomé una copa de cristal de mi mamá, un frasco de sal, una tiza que había consagrado hacía un tiempo, velas y a Samanta.
   Corrí a mi habitación y cerré la puerta. Hice un círculo muy grande con sal. Con la tiza dibujé un hexagrama dentro de él, de esa forma podría abrir los portales cósmicos. Coloqué una vela encendida, dirigida a cada uno de los cuatro puntos cardinales. Dentro del hexagrama, dibujé con tiza todas las letras del alfabeto y los números.
   Samanta estaba completamente quieta frente a la vela que apuntaba hacia el norte. Yo me arrodillé en medio del círculo con mis dedos índices sobre la copa y comencé a recitar una oración que parecía surgir de un recuerdo, pero que jamás había escuchado antes.
   ―Ábranse las puertas cósmicas. Ábranse las puertas del cielo y de la noche. Que venga hacia mí tu espíritu abuela. Alumbro para ti, con velas tu camino, para que con su luz llegues hasta aquí. Yo te invoco.
   Dichas estas palabras, las velas comenzaron a agitarse. Acto seguido Samanta tornó su cabeza hacia la ventana. Las cortinas se elevaron. No tuve miedo y la copa comenzó a vibrar mientras Samanta observaba la vela. Pregunté:
   ―¿Quién sos?
   La copa se movió. La seguí hacia la letra "A". Luego hacia la "B".
   ―¿Abuela?
   La copa me guió al "Sí".
   ―¿Sabés que Teby me besó?
    "Sí"
   ―¿Me ama?
   Nuevamente respondió que "Sí".
   ―¿Quiere ser mi pareja?
   Sorprendentemente, mi abuela guió la copa al "No".
   ―¿Por qué?
   "P" "E" "L" "I" "G" "R" "O". La copa se movía demasiado rápido y yo apenas la tocaba. Volví a preguntar:
   ―¿Por  qué?
   Mi abuela escribió "A" "D" "I" "O" "S". Cuando terminó la frase, se apagaron todas las velas. El movimiento de la cortina cesó y mi gata maulló y saltó a la cama. Sentí en ese momento que mi abuela se había marchado y que las puertas cósmicas se habían cerrado nuevamente.
   Había muchas cosas que no entendía. Si Teby me amaba, ¿Por qué no quería estar con migo?, ¿realmente estábamos en peligro? o ¿él era el peligro para mí? Sin embargo, tampoco entendía por qué yo no tenía miedo y no sentía rencor hacia él a pesar de que me había despreciado.
   Me di cuenta, de que llevaba un largo tiempo arrodillada en la oscuridad. Desde donde estaba, observé la ventana y alcancé a ver un cielo que comenzaba a pintarse de negro violáceo.
   Me puse de pié. Encendí la luz y reparé en que mis padres podrían  llegar en cualquier momento. Me apresuré a guardar todo y a limpiar el hexagrama, el círculo y las letras que había trazado.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

sábado, 30 de junio de 2018

EL PODER OCULTO CAP 11

       CAPÍTULO 11: BAJO EL ÁLAMO
   Pasó una semana y todos los días me encontraba con Esteban. Finalmente, mi madre aceptó que no era perjudicial para mí.
   En ese último tiempo, Susana parecía preocupada y se mostraba un poco más distante con nosotros.
   Mientras tomábamos una gaseosa sentados bajo un árbol de la plaza le pregunté a Esteban:
   —A tu mamá la noto un poco distante. ¿Se enojó por algún motivo conmigo?
   Levantó los hombros y respondió:
   —Supongo que no. Está algo nerviosa e irritable desde el día en que vio volar los libros. Por suerte, el espíritu se fue. De todas formas, me parece que ella quedó un poco traumada. Hasta hizo desaparecer la sección de "Ciencias ocultas y paranormales".
   —¡Qué lástima!. Podríamos haber sacado información de esos libros.
   —No importa, aunque ella no lo sabe yo ya los había leído todos. Realmente, había  muy poca información útil. Encontré distintas técnicas de relajación, pero las cosas importantes eran escasas y repetidas. Como si se hubiesen filtrado de algunos grimorios sin querer. No creo que un verdadero heredero pase su información tan fácilmente a desconocidos. Por suerte, mi madre no sabía del mío.
   —¿Ella sospechará en lo que estamos metidos y el motivo de nuestras reuniones?. Porque si bien no hacemos nada malo, para mucha gente la magia es algo satánico o demoníaco, aunque no creamos en demonios. Ellos sí que creen y podrían juzgarnos mal —reflexioné. 
   —No creo que ella sospeche nada. Es demasiado simple. A lo sumo, pensará que estamos de novios. Acaso, ¿tus padres no creen eso?
   Ruborizándome un poco, asentí con la cabeza y pregunté:
   —¿Cómo lo supiste?
   Con un halo de misterio agregó:
   _Yo sé muchas cosas.          
   Le sonreí. Sabía que sólo había sido una deducción y que no me había leído la mente, aunque él quisiera que yo pensase eso.
   Reflexioné en que lo que estábamos haciendo hasta ese momento era intentar dominar nuestra mente e incrementar nuestra concentración para lograr nuestros fines. Pero, no estaba segura de cuál era nuestro siguiente objetivo y decidí preguntarle:
   —¿Hasta dónde podremos llegar? ¿Qué buscamos al adquirir el conocimiento?
   Pensó unos segundos mientras me miraba y añadió:
   —Bueno, mi primer objetivo vos ya lo sabés. Es averiguar quién es mi padre, de dónde vengo, por qué me dejó y por qué misteriosamente tuve los sueños que tuve que me indicaron donde estaba el libro. ¿No te parece extraño, que nosotros estemos juntos? Yo no conozco a ninguna otra persona que posea grimorios heredados ni que tenga los poderes que se nos van revelando.
   Él tenía razón. Aún, no se me había ocurrido pensar en el por qué de nuestro encuentro. Ni siquiera mi familia sabía en lo que yo estaba involucrada. Antes de que pudiese responderle continuó:
   —Me preguntaste hasta dónde podremos llegar. Supongo, que la magia tiene sus límites y sus tesoros ocultos. Los cuales nos serán revelados a través del conocimiento que podremos extraer de nuestros ancestros y de la experimentación propia. Yo sé, que vos creés en los espíritus elementales, pero yo creo que puede haber algo más detrás de todo. Quizás sea nuestro poder mental. También puede que logremos objetivos a través de la intervención de un Ser superior.
   En ese momento, supuse que él hablaba de Dios o de una inteligencia universal. Supe un tiempo después que me había equivocado.
   Mientras la cálida brisa de verano jugaba con el cabello de Esteban, él miraba la luz que se filtraba entre las hojas del álamo. Yo lo observaba disimuladamente. Ahora sabía cual era su meta y deseaba ayudarlo. Además, yo no tenía ningún objetivo propio por el momento, exceptuando obtener su amor, pero eso no quería conseguirlo utilizando la magia. El amor tiene que surgir del alma para que sea duradero y que ningún hechizo pueda destruirlo.
   Esteban apartó su mirada de las hojas y la tornó hacia mí. A diferencia de otras veces, yo no bajé la mirada, en cambio me perdí en la profundidad de sus ojos. Podía sentir cada vez más fuertes los latidos de mi corazón. Él estaba acercándose a mí lentamente. Sentí la suavidad de su mano acariciándome el rostro y un instante después la dulzura de sus labios sobre los míos.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 22 de junio de 2018

EL PODER OCULTO CAP 10

                         CAPÍTULO 10: FURIA                          
    Un nuevo día comenzaba y como casi todas las mañanas me desperté temprano para poder desayunar con mis padres antes de que se fuesen a trabajar. Mientras lo hacíamos, mi padre preguntó pícaramente:
   —¿Estás saliendo con Esteban?
   Respondí sorprendida y atragantándome con el café con leche:
   —No. Somos sólo amigos. ¿De dónde sacaste eso?
   —No sé. ¿ No será porque él viene a buscarte todos los días?
    Ocurrió justo lo que temía que pasara. Nos escuchó mi madre y comenzó a sermonearme.
   —Tamara, vos sos una chica demasiado linda e inteligente. Que salgas con alguien como él, sería un desperdicio. Por otro lado, sos muy joven para tener novio... No quiero que vuelvas a salir sola con él.
    A continuación, comenzó a enumerar todos los defectos de Esteban. Cuando me cansé de escuchar su sermón, estallé:
   —Mirá, mamá, no soy su novia, ni tengo pensado serlo. Como ya dije, no somos nada más que amigos y si eso te molesta, yo no puedo hacer nada al respecto. Me parece que es una gran persona y no sé por qué te estás empeñando en decir lo contrario. No salgo con él, pero si así fuese estaría orgullosa de hacerlo. Es una de las mejores personas que conozco.
    Era la primera vez que me enfrentaba con mi madre. Mi padre me miraba con sorpresa, pero no decía nada. Ella abrió la boca para reprochar algo seguramente, pero yo la interrumpí.
   Me tenía harta. Estaba cansada de que criticase todo y que absolutamente nada de lo que yo hiciese le pareciera bien.
   —Quiero que sepas, que no comparto tus ideas y aunque seas mi madre, eso no te da derecho de prohibirme que lo siga viendo. Por primera vez en mi vida quiero que me dejes elegir a mí, aunque sea a mis propios amigos. Te hago caso en todo lo demás, pero que me prohíbas  ver a Esteban es demasiado... ¡Dejá de controlar mi vida!
   Ambas estábamos a punto de romper a llorar. Ella furiosa y gritándome como nunca me había gritado me dijo:
   —Tamara, vos sos demasiado chica y no tenés la experiencia suficiente para saber lo que es bueno para vos. Yo como una buena madre, tengo el deber de guiarte en tu camino hacia el futuro. Estoy absolutamente convencida de que ese chico no es una buena influencia para vos. Jamás, me habías contestado así. Sos una maleducada...
    —No soy maleducada, ni tampoco soy chica mamá. Tengo quince años y si no tengo la experiencia necesaria, es por que nunca me permitiste tenerla. Creo que la experiencia se adquiere a través de la vida. Si no me dejás que abra las alas y vuele, en el futuro me van a aplastar. Tenés que dejar que me equivoque y que me caiga, porque soy humana y equivocarse es humano. Yo sola me voy a levantar y voy a aprender de mis errores, para poder crecer... Además, vos ni siquiera sabés lo que suelen hacer los chicos de mi edad. Muchos de los amigos que tenía en mi vieja escuela, se drogaban y frecuentemente tomaban alcohol. Ellos no sabían bien como enfrentar sus vidas. No los critico por ello. En más de una ocasión me ofrecieron amablemente ciertas sustancias y como yo tengo bien claro quien soy y lo que quiero, nunca acepté. Vos ni siquiera te habías dado cuenta. Yo misma tuve que aprender qué cosas eran buenas o malas para mí. Vos creías que mis amigos y yo éramos muy chicos o no estábamos expuestos a estas cosas lejos de la ciudad. Obviamente, no te dije nada, por miedo a tu reacción. Esteban es muy maduro. Lo único que hace es leer y pensar para llegar a ser alguien importante en un futuro. Él sabe lo que quiere de la vida. No sé que clase de prejuicios son los que tenés en contra suya, pero yo creo que no tendrías que juzgar a la gente por su aspecto ni su ropa, sino por quien realmente es.
    Ella no quiso reconocer que en el fondo yo tenía razón y en forma irracional concluyó:
   —Ya escuché suficiente. Subí a tu cuarto y no bajes hasta que yo te diga.
   —Esta bien. Me voy, pero no por que vos me lo ordenes. Sino porque yo sola quiero irme y dejar de escuchar incoherencias —le respondí fríamente.
   Subí corriendo las escaleras. Me encerré en mi cuarto y puse la música muy fuerte. Tomé mi libro y comencé a buscar algún hechizo para vengarme. Eso no podía quedar así. A Esteban lo iba a seguir viendo quisieran o no.
   Encontré en un párrafo una explicación sobre cómo provocarles alucinaciones a nuestros enemigos. Sabía que eso no me ayudaría para seguir viendo a Esteban, pero sí para vengarme y divertirme un poco. Tenía que visualizar a la víctima, o sea a mi madre. Fue algo sumamente sencillo, ya que en ese momento sentía que la odiaba. A continuación, me concentré en lo que quería que ella viese. Lo primero que se me ocurrió pensar fue en una araña, ya que le tenía fobia. Luego, se me ocurrió que un espeluznante espectro sería una idea aún mejor, pero el susto podría provocarle un infarto y yo no quería matarla. Volví a la idea original. Enfoqué a mi madre y luego a la araña. Intenté imaginar su reacción al verla. Lo que escuché después de unos minutos fue increíble, pues mi hechizo había resultado.
   —AAAAH... Alan vení rápido, hay una araña horrible. Por favor mátala —gritaba aterrada mi madre.
   Escuché a mi padre decir:
   —Yo no la veo. ¿Donde está?. No hay nada. No seas ridícula. Bajate de esa silla.
   —No sé, seguramente se fue, pero buscala. No voy a dormir tranquila sabiendo que hay una tarántula en mi casa.
   —Bueno, tranquila Raquel. Yo mismo me voy a encargar de matarla. Pero primero voy a subir a hablar con Tamara. Después me ocupo.
   Me apresuré a ocultar el libro. Se acercaba mi padre. Sentía una mezcla de placer y culpa. Por un lado, había logrado inducir una idea, un control de otra mente. Por otro lado, sabía que lo que acababa de hacer estaba mal. Había utilizado mi poder para hacer un daño a otra persona, que aunque era algo leve, podría considerarse como magia negra. Si bien nadie me había inculcado ninguna religión, pues mis padres no profesaban ninguna, hasta ese momento los conceptos del bien y del mal eran claros para mí. Me daba cuenta de que emociones tan fuertes, como el amor y el odio podían nublar el entendimiento.
   Cuando entró mi papá, apagué la música y esperé a que fuese él quién comenzara a hablar.
   —Quedate tranquila linda. No lo vas a dejar de ver a Esteban. No sólo me cae bien, sino que me alegra también que sea un chico tan responsable. No sabía que habías estado tan expuesta en nuestro antiguo barrio. Pero, veo que supiste elegir bien. Ahora, también debés estar haciéndolo. Sé que tu mamá está muy celosa y eso no la deja pensar bien, pero cuando recapacite en lo que le dijiste y en lo que le voy a decir yo, no se va a oponer más a tus elecciones. Cambiando de tema, ¿te gusta Esteban?
   Me puse absolutamente roja y no supe qué debía responder. Él agregó sin esperar respuesta:
   —Bueno, mejor me voy. Voy a tirar insecticida antes de irme a trabajar. Tu madre vio una araña. Se subió a una silla y no quiere bajar.
   Ambos reímos durante unos segundos y luego, agregué:
   —Gracias papá. Te quiero mucho.
   —Yo también linda. Nos vemos a la tarde.
   Esperé hasta las tres, ansiosa por volver a ver a Esteban. Lo iba a seguir viendo, sin importar la opinión de los demás.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 15 de junio de 2018

EL PODER OCULTO CAP 9

                             CAPÍTULO 9: HÉCATE
   Al día siguiente, después de una noche en la que casi no pude conciliar el sueño, mientras acariciaba a Samanta en el jardín, sorpresivamente llegó Esteban. No esperaba volver a verlo tan pronto. Abrió la reja y se acercó a mí.
   Antes de que pudiera saludarme, a Samanta se le erizó todo su negro pelaje y le arrojó un fallido zarpazo. No podía explicarme esta reacción. Luego, comenzó a acecharlo, como si quisiese atacarlo.
   Por precaución, para que no lo lastime tomé a la gata entre mis brazos y la encerré dentro de la cochera. En ese momento, no recordé los consejos de mi abuela. Al volver, Esteban me esperaba inmóvil y le supliqué:
   —Disculpá a Samanta. Nunca se había comportado así. Qué suerte que viniste. ¿Cómo estás?
   —Bien, bien. ¿Me acompañás a dar una vuelta? Hay muchas cosas de las que tendríamos que hablar. Ayer, pasó algo muy importante y esta noche, en la librería volaron un par de libros solos. Mi madre está aterrada. Intenté tranquilizarla diciéndole que habían sido sólo vibraciones de la calle. Pero, me parece, que no creyó ni una sola palabra de lo que le dije. Después, busqué alguna forma de revertir la situación, pero no tengo el conocimiento y quizás como el método de atraer al espíritu lo tenías en tu grimorio, tal vez sepas que hacer. 
   —Supuse que podría pasar algo así. Creo que el espíritu que está atrapado en tu casa no es muy poderoso y tengo un presentimiento de como podemos liberarlo. Vamos arriba —sugerí. Afortunadamente había estado leyendo mi grimorio esa mañana. 
   Él me siguió hasta mi habitación y nos sentamos en la alfombra.
   —Este lugar está consagrado. Es mi altar. Vamos a pedirle a los elementales que guíen al espíritu y lo liberen.
   Procedí a encender dos velas y un sahumerio. Dejé el agua cerca y comencé tomado las manos de Esteban.
   —Invocamos a los espíritus del fuego, las salamandras, para que nos brinden su fortaleza y con ella el poder de liberar la casa de Esteban de cualquier espíritu que haya quedado atrapado en ella —comencé diciendo y luego, repetimos juntos muchas veces las palabras, en absoluta  concentración —. Libérala, libérala, libérala...
   Finalmente, sentí la necesidad de añadir:
   —Está hecho.
   Él me miró y me dijo:
   —Realmente, aprendiste mucho. En mi libro, este tipo de conjuros no aparecen. Son un poco más —hizo una pausa y continuó —, siniestros. Prefiero no tener que hacerlos.
   —Entonces, también tenés un grimorio. ¿Quién te lo dio? ¿Tu madre es hechicera? —pregunté muerta de curiosidad, Susana no parecía una hechicera, pero no la conocía lo suficiente como para estar segura.
   —No, al igual que la tuya. Cuando aprendas a observar te vas a dar cuenta de estas cosas —dijo haciéndome sentir inexperta a su lado.
   —¿Quién te lo dio? —volví a preguntar.
   —Nadie, lo encontré yo solo. Tuve una visión mientras dormía. La voz de un hombre me decía que si buscaba debajo del piso lo encontraría. Al principio, no lo entendí, pero después de buscar por mucho tiempo, descubrí que en mi habitación había un tablón flojo. Allí encontré el libro —explicó. —¿Vos lo heredaste de tu padre?
   —No, de mi abuela. Mi padre no sabe nada y no tiene que saberlo —dije recordando aquellas palabras que mi abuela había escrito.
   —Lo sé —agregó.
   —Vos estabas intentando encontrar a tu papá ¿No lo conociste?  
   —No. Él me abandonó cuando nací. Me dejó su apellido, la casa y la librería para que mi madre me pueda mantener —sus palabras no reflejaban ninguna emoción. 
   —¿Tu mamá no te dijo nada sobre él?, ¿quién era?, ¿qué hacía? o ¿por qué se fue?
   —No. No quiere hablar de él. Sólo se limita a decir; "Él siempre nos protege". Por eso, pensé que estaba muerto, pero no es así. Tampoco me deja hablar mal de él.
   —¿Cuál es tu apellido? —pregunté esperanzada —¿Buscaste si aparece en la guía de teléfonos o en Internet?
   —Es Hécate. No figura en ningún lado.
   —Tu nombre me suena de algún lado. Creo que lo escuché antes, en algún lugar. Vamos a la otra habitación. En la computadora de mi papá hay conexión a Internet.
   En el buscador escribimos "Hécate". Era un nombre que se remontaba tanto en el tiempo que parecía haber nacido con la historia de la humanidad . Leímos que Hécate era en la mitología griega una diosa. La diosa de las brujas. Era tan poderosa que podía vestir a la energía de materia para manifestar su existencia. Entre muchas otras cosas.
   Miré a Esteban que parecía orgulloso de su nombre y le dije:
   —Posiblemente, hayas heredado de ella tu nombre y tus poderes...
   —No, yo heredé mi nombre de un cerdo que no tubo las agallas de hacerse cargo de mí —sus palabras reflejaron toda la ira contenida que sentía.
   —Tal vez no fue así. Alguna razón tiene que haber, por algo, Susana no quiere que hables mal de él.
   —Posiblemente, pero quisiera encontrarlo, para que sea él, el que me diga por qué me dejó y me responda todas las preguntas que tengo para hacerle.
   —No me animo a recurrir a los espíritus de nuevo. Al menos, no como lo hicimos. Podríamos atraer a un espíritu de una persona cruel o más poderosa. No lo podríamos manejar, ni contener. Necesitamos tener más información. ¿Vos nunca lo habías hecho?
   Dudó un momento y respondió simplemente —. No.
   Unos segundos más tarde, tratando de justificarse añadió —. Pero, muchas veces vi sombras y personas que desaparecían. Aunque, nunca hablé con ellos.
   —No es lo mismo que vengan por que quieren a que uno los obligue a venir y los encierre en un vaso.
   —Es verdad —coincidió.
   —En el libro, ¿no encontraste nada sobre tu papá en las hojas escritas por él?
   —No. Las arrancó todas. Ni eso quiso dejarme. Los últimos escritos son de mi abuelo. Que por cierto no era demasiado bueno. Era un ser muy oscuro.
   Nos quedamos en silencio meditando por un tiempo hasta que sugerí:
   —Voy a buscar en mi libro para ver si hay algún modo de saber lo que pasó con tu padre y por qué tuvo que irse.
   Él sonrió y añadió:
   —Te lo agradecería mucho. Nos vemos luego.
   Lo acompañé hasta la puerta y vi como se alejaba. Sentía que ahora él me necesitaba más que nunca y no sabía cómo pero lo tenía que ayudar.
    Subí a mi cuarto. Puse música y me quedé toda la tarde pasando hojas del grimorio. Observé con sorpresa, que no siempre mis ancestros habían sido honorables y que había algunos conjuros que jamás intentaría hacer.
   Entre las hojas que había escrito mi bisabuela creí encontrar la solución que estaba buscando. Invocaría a los elementales del aire para que me diesen el poder de las visiones.
   El conjuro, era muy lento. Consistía en prender hierbas aromáticas (en su defecto sahumerios) invocando a los silfos y tenía que comenzarlo en una noche de luna llena y finalizaría un mes lunar después. Pensaba hacerlo sin decirle a Esteban, ya que era probable que no estubiésemos listos para ese tipo de conjuros y no quería ilusionarlo, sabiendo que podía fracasar.
   Me fijé en un calendario cuánto faltaba para la primer noche de luna llena. Afortunadamente, sólo debía aguardar un par de noches.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 8 de junio de 2018

EL PODER OCULTO CAP 8

                     CAPÍTULO 8: EL ESPÍRITU                              
   Esa noche, en mi habitación, intenté la técnica de concentración que me había recomendado Esteban. Lamentablemente, la llama danzaba a su antojo y no al mío. Posiblemente, no podía concentrarme después de la profunda conversación de esa tarde y en ese momento sentí que había cruzado una línea. Mi vida ya no sería la misma.
   A la mañana siguiente, cuando mis padres salieron a trabajar, recordé que debía buscar la forma en que mis antepasados se comunicaban con los espíritus. En el libro, encontré dos formas básicas, que me parecieron fáciles de realizar. Decidí que esa tarde se las comentaría a Esteban.
   Faltando unos minutos para las tres, sonó el timbre. Hacía mucho tiempo que yo ya estaba preparada, pues presentía que él vendría antes. Cuando abrí la puerta, me perdí de nuevo mirando sus ojos grises. Me saludó con un beso en la mejilla y me dijo:
   —Vamos preciosa, ellos nos esperan.
   —¿Quiénes? —pregunté algo decepcionada, ya que quería que pasáramos otra tarde los dos solos.
   —Los espíritus, por supuesto. Estoy ansioso por ver que nos revelarán. Pero, tendremos que entrar por la librería, mi madre quiere saludarte. Creo que quiere que sean amigas o algo así.
   Sonreí intentando ocultar mi nerviosismo.
   Cuando llegamos a su casa, entramos por el negocio. Era un pequeño local totalmente repleto de libros nuevos y usados y tenía una antigua computadora que posiblemente sirviese para ayudar a su madre a catalogar tanto material. Noté que los libros estaban agrupados en diferentes secciones como amor, ficción, terror... y ciencias ocultas y paranormales. La señora estaba leyendo una historia de amor y pensé que ese era el mejor negocio para alguien al que le gustaba leer.
   Cuando ella reparó en mí, se paró e inmediatamente corrió a saludarme.
   —Qué bueno que estés acá. Por fin, mi Teby trae a alguien a casa. Al menos, hoy no va a pasar todo el día leyendo esos libros raros en su habitación.
   Señaló el rincón de "Ciencias ocultas y paranormales".
   —Querida, ¿Vos leés mucho?
   Dude un momento y respondí:
   —Un poco.
   Por suerte, no me preguntó qué tema me interesaba. Esteban cansado de estar al margen de nuestra conversación exclamó —. Vamos al fondo a tomar algo. Mamá nos vemos después.
   Le sonrió a su madre y me guió por un  pequeño pasillo, al final del cual había un patio semicubierto. Todas las habitaciones, incluso la cocina y el baño tenían salida a él. Era una casa antigua, pero prolijamente cuidada. En el patio y en la escalera que daba a la terraza había numerosas plantas con flores. En el medio del patio, se encontraba una mesa de metal blanco con góticas decoraciones y cuatro sillas que hacían juego.
   Nos dirigimos hacia la última puerta, en la que se encontraba la cocina. Me invitó a sentar y me sirvió una deliciosa gaseosa. Se sentó frente a mí y comenzó el interrogatorio. Al que yo fui respondiendo ingenuamente.
   —¿Buscaste lo que te pedí?
   —Sí, encontré dos métodos que me parecieron los más sencillos y los que no me van a dar demasiado miedo.
   Incrédulo preguntó:
   —¿Todavía tenés miedo?
   —Es que, no conozco los límites de lo que estamos desatando. Espero que no sea peligroso —confesé.
   —Bueno, princesa te entiendo, pero estamos juntos. Yo nunca dejaría que algo malo te pasara.
   Suavemente acarició mi mejilla. Parecía saber de lo que hablaba y olvidé todos mis miedos.
   —La forma que me pareció más sencilla es lograr que los espíritus nos respondan jugando al juego de la copa... —dije después de unos segundos de silencio.
   Me interrumpió y dijo:
   —Creo, que para eso necesitaríamos más gente. Si conocés otra manera de hacerlo sería aún mejor.
   —Podríamos encerrar al espíritu entre un plato y un vaso invertido. Es semejante al juego de la copa, pero nos respondería a través de golpes pequeños, casi imperceptibles. Uno impone las pautas. Debemos aclarar que un golpe significa sí y dos o más, no. Tenemos que concentrarnos y encender una vela. Con ella atraeremos a los espíritus abriendo los portales cósmicos. La vela si querés puede ser perfumada o podríamos acompañarla con inciensos. Yo por las dudas traje una vela perfumada de casa —hablé mientras él me escuchaba atentamente.
   Ante mi sorpresa, se levantó rápidamente de su silla y se dirigió al aparador de donde sacó un plato grande y uno pequeño, un vaso y una caja de fósforos. Era la primera vez que lo veía ansioso.
   Colocó sobre el plato grande el vaso invertido. Tomó la vela de mi mano, la encendió y la puso sobre el plato pequeño. Quitó los vasos con gaseosa y los fósforos de la mesa. Se sentó y propuso:
   —Comencemos. Decí vos las palabras.
   Coloqué primero las yemas de mis dedos índices sobre el vaso casi tocando el vidrio. Él, a continuación, hizo lo mismo. Yo lo miré y él dijo con tranquilidad:
   —Continuá.
   —Te convocamos aquí. Espíritu ¿Nos escuchás? Un golpe significa que sí, dos o más, que no.
   Esas palabras las repetí varias veces, hasta que Esteban también comenzó a decirlas. Un tiempo después, el vaso comenzó a vibrar. Palidecí de golpe. No podía creerlo, estaba a punto de entablar una conversación con un ser de otro plano de existencia. Preguntamos varias veces —. ¿Estás ahí?
   De pronto, el vaso golpeó muy despacio contra el plato. Esteban susurró:
   —Está acá.
   Pensando que era mi abuela le pregunté:
   —¿Sos pariente mío?
   Golpeó dos veces. Eso significaba que no lo era. Me desilusioné un poco, esperaba volver a hablar con ella. Luego, fue Esteban quien preguntó:
   —¿Sos un pariente mío entonces?
   El fantasma realizó un golpe contra el plato. Esteban sonrió, pero estaba más pálido que de costumbre.
   —¿En vida fuiste hombre? —continuó.
   Dio otro golpe seco contra el plato. Sin dejar que yo pudiese preguntar nada continuó:
   —¿Sos mi padre?
   Esta vez fueron dos golpes.
   —¿Lo conociste?
   Un golpe más fuerte resonó en la habitación.
    —¿Él está vivo?  
   Se escuchó un golpe aún más fuerte que el anterior. Esteban parecía emocionado y siguió interrogando:
   —¿Se fue porque no quería tenerme?
   El espíritu contesto que no.
   —¿Me dejó por culpa de mi madre, Susana?
   Nuevamente, la respuesta fue un no.
   —¿Lo encontraré?
    El vaso comenzó a vibrar con violencia y estalló. Yo respiraba muy agitada y no podía hablar. Esteban en cambio parecía enojado. Se levantó y golpeando violentamente la mesa con su puño grito:
   —Maldición. Estaba tan cerca de encontrar la respuesta.
   Se derrumbó en su silla y casi sin voz suspiró.
   —Al menos, sé que está vivo.
   Era la primera vez que había visto sus verdaderos sentimientos. Valoraba mucho que se hubiese mostrado vulnerable frente a mí. Tomé su mano y prometí:
   —Voy a ayudarte a encontrarlo.
   Respeté su silencio. En su lugar tampoco hubiera querido hablar. Aunque lo que nos había sucedido era impresionante, ya tendríamos tiempo de conversar acerca de ello.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

EL PODER OCULTO CAP 14

                  CAPÍTULO 14: PENTAGRAMAS                              Cuando mis padres se fueron a sus respectivos trabajos, yo me que...