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viernes, 13 de marzo de 2020

Capítulo 23: UNIDOS

Miguel me había presentado a su hermano y a su cuñada con los que había congeniado muy bien. Ellos habían incorporado como efectivo a Miguel en su negocio de lavado de autos y parecían felices de verlo rehacer su vida conmigo. Los padres de Miguel vivían desde hacía algunos años en el extranjero y sólo había intercambiado algunas palabras con ellos por teléfono. Si la situación económica mejoraba era posible que vinieran de vacaciones el próximo verano.
Cuando junté el valor suficiente para contarle a mi madre que estaba de novia con él, ella se puso muy feliz por mí. Obviamente evité mencionar que estaba siendo tratado por ver a los fantasmas de su esposa y de su hija. No porque me avergonzara de aquello o algo así, sino porque no quería que lo juzgaran sin haberle dado siquiera una oportunidad primero para conocerlo.
Sucedió una noche de lunes, lo recuerdo bien porque era mi único día libre en el trabajo. Mi madre había preparado carne al horno con papas. Miguel tocó el timbre con la ropa empapada por la lluvia. Traía consigo una torta que él mismo había elaborado.
Lo saludé con un fugaz beso en los labios y le presenté a Ariana a quien llevaba alzada en los brazos. Ella tomó su dedo con una de sus pequeñas manos y sentí que me moría de ternura.
—Es muy hermosa. Se parece mucho a tí —comentó con cortesía ingresando al salón.
—Muchas gracias. Vamos a la cocina que ya está lista la cena.
Miguel me siguió hasta donde se encontraban mi madre y mi hermano menor. Los presenté sintiendo cierta emoción y nerviosismo al mismo tiempo. Las personas más importantes de mi vida estaban juntas en esa habitación. Esperaba que se llevasen bien y que aceptaran a mi pareja como parte de la familia.
—¡Qué bueno, una torta! —exclamó mi regordete hermano y todos reímos ante su expresión.
Mientras comíamos mi madre interrogó a Miguel sobre cada detalle de su vida. Él le contó sobre el accidente y sobre su familia, pero por fortuna evitó mencionar los temas que yo consideraba delicados. Aquellos que podrían poner un filtro de desconfianza en los ojos de mi madre.
Se mostraba agradable y seguro de sí mismo. Hablaba con una confianza que nunca antes había demostrado tener. A los ojos de cualquiera parecía el hombre perfecto. Había sabido ganarse a mi familia en tan sólo una noche y yo me sentía completamente feliz de que así hubiera sido.
Con el correr del tiempo, los medios de comunicación y la gente habían dejado de pensar en el caso de los prostíbulos, pues nuevas noticias se habían impuesto en la agenda pública. Sin tener nada que me recuerde todo el tiempo mi pasado olvidado y con mi vida yendo viento en popa, las pesadillas habían desaparecido por completo. Si mi vida fuese una historia de esas que tienen finales felices bien podría haber terminado ahí, pero la vida real difícilmente acaba como uno desea.

viernes, 6 de marzo de 2020

Capítulo 22: PALABRAS

Había deseado tanto convertirme en una persona normal que había acabado por creerme el papel que deseaba interpretar. Tenía amigos, un trabajo, una pareja, no era la mejor madre del mundo, pero lo hacía lo mejor que podía. En los últimos meses sentía que todo marchaba bien. Sólo la verdad hubiera podido derrumbarme, porque no hay nada más duro que la verdad.
Miguel me había confesado que el fantasma de Julia, su esposa lo seguía visitando, pero que le había dado su visto bueno para que rehiciera su vida conmigo. Ella quería verlo feliz. Debo reconocer que aunque el misterio que envuelve a la muerte siempre resulta inquietante, me alegraba por lo menos saber que Julia y yo concordábamos en desear la felicidad de Miguel. Aún así, una parte de mí sentía como si su corazón estuviese dividido en dos. Nunca iba a ser completamente mío.
La primera vez que me dijo que me amaba, estábamos en aquel banco avejentado de la plaza en donde nos habíamos encontrado demasiado tiempo atrás. Él tenía apoyada su cabeza sobre mi regazo mientras yo le acariciaba el cabello.
—Te amo —exclamó de repente y sin previo aviso.
—Yo también te amo.
Se incorporó y me dio un tierno beso en los labios. Nos quedamos abrazados hasta la hora en la que yo debía regresar a casa para recibir a Ariana y estar un tiempo con ella antes de partir hacia el trabajo.
Es extraño el poder que tienen las palabras. Pueden destruir por completo o levantar a una persona. Le dan significado a nuestras vidas y le dan un nombre a todas las cosas.
Las palabras de Miguel al decirme que me amaba me hicieron sentir una sensación de plenitud que ninguna otra frase me había hecho sentir jamás y a la que sólo podría equipararse la primera palabra que pronunció Ariana.
Ya hacía algunos días que mi hija se impulsaba y gateaba por toda la casa. Dormida era más hermosa que un hada de cuentos, más tranquila que una flor en primavera, pero despierta era un torbellino imparable, hermosa como una tormenta de verano.
Yo la observaba arrastrarse con la panza sobre el piso de madera de la sala cuando me miró muy seria y me dijo:
—Mamá.
Corrí hasta donde se encontraba y la abracé muy fuerte. Esa era la primera de las muchas palabras que aprendería a decir. Ella comenzó a reír y yo me uní a su risa. La besé en la frente como sólo una madre sabe hacerlo compartiendo ese mágico momento solas las dos.
Un pensamiento oscuro atravesó mi mente de repente, porque así era mi vida, estaba llena de algunos momentos dulces y de otros amargos. Pensé en las cesáreas, en mis recuerdos falsos y pensé en mis hijos. Esperaba que si era verdad que habían nacido que por lo menos, hubiesen podido tener la oportunidad de vivir con una familia que los ame así como yo amaba a Ariana. Esperaba que donde fuera que estuvieran se encontrasen bien y que no les faltara nada, pero yo había aprendido que no era lo mismo desear algo y que aquello que deseaba fuese real.  

Capítulo 30: El poder detrás del poder

Capítulo 30: El poder detrás del poder    Los magos y brujas que integraban el séquito de mi madre se arrodillaron y colocaron sus velas ...