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viernes, 13 de marzo de 2020

Capítulo 23: UNIDOS

Miguel me había presentado a su hermano y a su cuñada con los que había congeniado muy bien. Ellos habían incorporado como efectivo a Miguel en su negocio de lavado de autos y parecían felices de verlo rehacer su vida conmigo. Los padres de Miguel vivían desde hacía algunos años en el extranjero y sólo había intercambiado algunas palabras con ellos por teléfono. Si la situación económica mejoraba era posible que vinieran de vacaciones el próximo verano.
Cuando junté el valor suficiente para contarle a mi madre que estaba de novia con él, ella se puso muy feliz por mí. Obviamente evité mencionar que estaba siendo tratado por ver a los fantasmas de su esposa y de su hija. No porque me avergonzara de aquello o algo así, sino porque no quería que lo juzgaran sin haberle dado siquiera una oportunidad primero para conocerlo.
Sucedió una noche de lunes, lo recuerdo bien porque era mi único día libre en el trabajo. Mi madre había preparado carne al horno con papas. Miguel tocó el timbre con la ropa empapada por la lluvia. Traía consigo una torta que él mismo había elaborado.
Lo saludé con un fugaz beso en los labios y le presenté a Ariana a quien llevaba alzada en los brazos. Ella tomó su dedo con una de sus pequeñas manos y sentí que me moría de ternura.
—Es muy hermosa. Se parece mucho a tí —comentó con cortesía ingresando al salón.
—Muchas gracias. Vamos a la cocina que ya está lista la cena.
Miguel me siguió hasta donde se encontraban mi madre y mi hermano menor. Los presenté sintiendo cierta emoción y nerviosismo al mismo tiempo. Las personas más importantes de mi vida estaban juntas en esa habitación. Esperaba que se llevasen bien y que aceptaran a mi pareja como parte de la familia.
—¡Qué bueno, una torta! —exclamó mi regordete hermano y todos reímos ante su expresión.
Mientras comíamos mi madre interrogó a Miguel sobre cada detalle de su vida. Él le contó sobre el accidente y sobre su familia, pero por fortuna evitó mencionar los temas que yo consideraba delicados. Aquellos que podrían poner un filtro de desconfianza en los ojos de mi madre.
Se mostraba agradable y seguro de sí mismo. Hablaba con una confianza que nunca antes había demostrado tener. A los ojos de cualquiera parecía el hombre perfecto. Había sabido ganarse a mi familia en tan sólo una noche y yo me sentía completamente feliz de que así hubiera sido.
Con el correr del tiempo, los medios de comunicación y la gente habían dejado de pensar en el caso de los prostíbulos, pues nuevas noticias se habían impuesto en la agenda pública. Sin tener nada que me recuerde todo el tiempo mi pasado olvidado y con mi vida yendo viento en popa, las pesadillas habían desaparecido por completo. Si mi vida fuese una historia de esas que tienen finales felices bien podría haber terminado ahí, pero la vida real difícilmente acaba como uno desea.

viernes, 6 de marzo de 2020

Capítulo 22: PALABRAS

Había deseado tanto convertirme en una persona normal que había acabado por creerme el papel que deseaba interpretar. Tenía amigos, un trabajo, una pareja, no era la mejor madre del mundo, pero lo hacía lo mejor que podía. En los últimos meses sentía que todo marchaba bien. Sólo la verdad hubiera podido derrumbarme, porque no hay nada más duro que la verdad.
Miguel me había confesado que el fantasma de Julia, su esposa lo seguía visitando, pero que le había dado su visto bueno para que rehiciera su vida conmigo. Ella quería verlo feliz. Debo reconocer que aunque el misterio que envuelve a la muerte siempre resulta inquietante, me alegraba por lo menos saber que Julia y yo concordábamos en desear la felicidad de Miguel. Aún así, una parte de mí sentía como si su corazón estuviese dividido en dos. Nunca iba a ser completamente mío.
La primera vez que me dijo que me amaba, estábamos en aquel banco avejentado de la plaza en donde nos habíamos encontrado demasiado tiempo atrás. Él tenía apoyada su cabeza sobre mi regazo mientras yo le acariciaba el cabello.
—Te amo —exclamó de repente y sin previo aviso.
—Yo también te amo.
Se incorporó y me dio un tierno beso en los labios. Nos quedamos abrazados hasta la hora en la que yo debía regresar a casa para recibir a Ariana y estar un tiempo con ella antes de partir hacia el trabajo.
Es extraño el poder que tienen las palabras. Pueden destruir por completo o levantar a una persona. Le dan significado a nuestras vidas y le dan un nombre a todas las cosas.
Las palabras de Miguel al decirme que me amaba me hicieron sentir una sensación de plenitud que ninguna otra frase me había hecho sentir jamás y a la que sólo podría equipararse la primera palabra que pronunció Ariana.
Ya hacía algunos días que mi hija se impulsaba y gateaba por toda la casa. Dormida era más hermosa que un hada de cuentos, más tranquila que una flor en primavera, pero despierta era un torbellino imparable, hermosa como una tormenta de verano.
Yo la observaba arrastrarse con la panza sobre el piso de madera de la sala cuando me miró muy seria y me dijo:
—Mamá.
Corrí hasta donde se encontraba y la abracé muy fuerte. Esa era la primera de las muchas palabras que aprendería a decir. Ella comenzó a reír y yo me uní a su risa. La besé en la frente como sólo una madre sabe hacerlo compartiendo ese mágico momento solas las dos.
Un pensamiento oscuro atravesó mi mente de repente, porque así era mi vida, estaba llena de algunos momentos dulces y de otros amargos. Pensé en las cesáreas, en mis recuerdos falsos y pensé en mis hijos. Esperaba que si era verdad que habían nacido que por lo menos, hubiesen podido tener la oportunidad de vivir con una familia que los ame así como yo amaba a Ariana. Esperaba que donde fuera que estuvieran se encontrasen bien y que no les faltara nada, pero yo había aprendido que no era lo mismo desear algo y que aquello que deseaba fuese real.  

viernes, 28 de febrero de 2020

Capítulo 21: COMO POR PRIMERA VEZ

Cuando llegué al edificio en donde vivía Miguel le envié un mensaje diciéndole que me encontraba en su puerta. Tenía miedo de que volviera a rechazarme. Estaba muy nerviosa. Esperaba que esa cita resultase mejor que la anterior.
Me había maquillado tratando de imitar la forma en la que se pintaba Mélody, puesto que sentía que ella irradiaba cierto halo de sensualidad que yo no podía alcanzar. Quería gustarle a Miguel. Quería conquistarlo que me desee y que me ame.
El tiempo que habíamos estado alejados sirvió para que me diese cuenta de lo mucho que me gustaba. Además, echaba de menos nuestras charlas y caminar a su lado las tardes en las que asistíamos a terapia.
Cuando abrió la puerta sentí que se me cortaba la respiración. Llevaba una camisa casual y unos jeans gastados. Estaba muy guapo.
Se acercó a mí y me dio un cálido beso en la mejilla. Luego subimos a su apartamento. Mientras estábamos en el ascensor, ninguno de los dos dijo nada, pero algunas veces no se necesitan palabras para decirle algo a otra persona. Me miraba como pidiéndome disculpas, estaba arrepentido y me miraba directamente a los ojos como queriendo comunicarse con mi alma. Nunca nadie me había mirado así, como si yo significase algo.
Cuando abrió la puerta me envolvió un dulce aroma a vainilla. En la mesita ratona había dos platos de cerámica con una porción de torta cada uno. En el centro reposaba una tetera con unas tazas y una azucarera a juego.
—Huele delicioso. ¿Tú cocinaste? —pregunté con curiosidad.
—Sí. Gracias. Esperemos que también sepa bien. Ven —dijo mientras me tomaba de la mano para guiarme al sofá. El contacto con su piel provocó un hormigueo que me recorrió todo el cuerpo.
Nos sentamos uno junto al otro. Estábamos muy cerca, tanto que podía sentir su calor.
—¿Quieres un poco de té? —preguntó mientras servía agua humeante en su taza.
—Gracias —asentí.
—¿Azúcar?
—Así está bien.
El bizcochuelo estaba delicioso y así se lo hice saber a Miguel quien agradeció el cumplido regalándome la más hermosa de las sonrisas. No podía creer que aquello fuese real y esperaba realmente que así lo fuera.
Conversamos bastante sobre nuestros respectivos empleos y yo le hablé sobre mi hija quien estaba cada vez más grande.
—Quería pedirte perdón por no haberte hablado antes —soltó Miguel sin más, en medio de la conversación.
—Descuida. Estuviste ocupado. Lo entiendo.
—No es eso, pero entendí que no puedo pasar toda mi vida mirando hacia atrás en el tiempo. Por más bello que haya sido el pasado.
Miguel parecía apenado y tenía la mirada fija en su regazo. Entonces no sé de dónde saqué en valor para hacerlo, pero me acerqué a él y lo besé en la mejilla, muy cerca de sus labios. Miguel levantó su mirada y sus ojos color miel se encontraron con los míos. Busqué su boca y sentí una sensación embriagadora recorrer mi cuerpo cuando nuestros labios se encontraron y se unieron en un apasionado beso.
Me abrazó fuerte y me atrajo hacia su cuerpo cálido. Lo envolví con mis brazos sin romper aquel mágico beso y me acerqué hasta quedar sentada sobre su regazo. Mi corazón latía a toda velocidad. Nunca antes me había sentido así.
Me separé apenas y aún sintiendo su aliento sobre mi boca dije con timidez:
—Yo no recuerdo haber estado con nadie de esta manera.
Me dio un tierno y rápido beso mordiendo con ternura mi labio inferior y me habló en voz muy baja y grave rozando el lóbulo de mi oído:
—No tenemos que hacer nada que tú no quieras.
Estaba malinterpretando mis palabras. Yo no quería que él se detuviera, sólo había sentido la necesidad de justificar mi inexperiencia. Tenía miedo de no ser lo bastante hábil en cuestiones del amor como para lograr que él me quisiera.
—Me gustaría continuar. Te deseo — le confesé con las mejillas sonrojadas.
Comenzó a desabrocharme la camisa con cierta destreza. Yo no me sentía cómoda con mi cuerpo tenía cicatrices en el vientre producto de mis embarazos y aún conservaba algunos cortes en los brazos cortesía de las pesadillas. Aún así dejé de lado el pudor y permití que sus hábiles manos me fuesen despojando de la ropa.
Lejos de espantarse por mis heridas, Miguel acarició aquellos lugares en los que me había lastimado haciendo que me estremeciera de placer. Casi con torpeza lo fui desvistiendo también a él. Recorrí el contorno de sus músculos con la yema de los dedos y exploré su cuello con los labios.
Sentía sus labios recorriendo mi cuello, mi clavícula y mis hombros y sus manos apreciando mi figura. Enredé mis dedos en su cabello alborotado y no pude evitar soltar un pequeño gemido de placer.
Me poseyó dulce y salvajemente con ternura, con amor y con lujuria. Dejé de pensar y me dejé llevar por la pasión y por lo que dictaba mi corazón. Nuestros cuerpos se enlazaron al igual que nuestras almas consumiéndose en ese frenesí de besos y caricias hasta que terminamos exhaustos y abrazados en el sofá. En ese momento lo hubiera dado todo por él.
Me sentía segura en sus brazos como si no hubiese nada más allá de esa habitación que pudiera hacernos daño. Todo el tormento por el que habíamos pasado ahora no era más que susurro lejano. Él era mío y yo era suya en ese instante donde nada más que nosotros importaba.
Me encontraba recostada sobre su cuerpo desnudo con la cabeza apoyada sobre su pecho mientras él acariciaba mi espalda suavemente como si temiera hacerme daño. Podía sentir los latidos de su corazón bajo mi oído y aquello era más hermoso que la más bella de las poesías. Hubiese deseado congelar ese momento y mantenerlo en mi mente para siempre.  

viernes, 3 de enero de 2020

Capítulo 13: CONEXIÓN

La tarde posterior a las muertes anunciadas en el noticiario, me prometí a mí misma que haría todo lo posible por no dejar que el miedo me paralice. Si aquellos seres de luz venían por mí, intentaría aferrarme a mi vida con todas mis fuerzas, pero no podía dejar que los días pasaran de largo mientras esperaba que algo malo me sucediese. Ya había perdido diez años de mi vida. Así que me armé de valor y salí a las calles. Quería buscar un empleo para que la gente me viese como una persona valiosa y no como una carga. Aunque, quizá fuese yo la que tenía la visión más cruel de mí misma.
No me alejé demasiado. Recorrí los negocios de la zona ofreciéndome como vendedora, repositora o para cualquier puesto que pudieran ofrecerme. La mayoría de las personas con las que conversé ese día fueron tajantes en su negativa, puesto que no estaban buscando empleados. Sin embargo, tanto una mujer de un puesto de diarios como un vendedor en un negocio de lencería me dijeron que si les llevaba mi hoja de ruta, podrían considerar tenerme en cuenta para algún empleo. Les agradecí y les prometí que pronto regresaría para entregarles lo que me pedían.
No tenía idea de cómo armar una hoja de ruta, en especial porque no recordaba tener estudios ni ninguna experiencia laboral. Quizá, podría hablar con mi madre o incluso con Samuel quien a pesar de ser un niño era muy hábil con la tecnología y pedirles ayuda en cuanto regresaran del trabajo y de la escuela respectivamente.
Me dirigí a la plaza más cercana a mi casa y me senté en un banco en el que la gente había grabado algunas iniciales y frases de canciones o protestas. No estoy segura que fue lo que me llevó a aquel sitio en lugar de decidir regresar a mi casa, pero quizás hubiese sido el destino el que me guió hasta allí.
Al otro lado del arenero, más allá del sector de las hamacas, Miguel me saludaba agitando su mano y con una amplia sonrisa dibujada en el rostro. No esperaba volver a verlo hasta la siguiente sesión de terapia, pero allí estaba él y ahora se encaminaba hacia donde yo me encontraba.
Cuando llegó frente a mí me saludó con un beso en la mejilla. Pude sentir su barba incipiente sobre la piel de mi rostro. Lo invité a que se sentase a mi lado y así lo hizo.
Sentía latir a mi corazón demasiado fuerte. No estaba preparada para encontrarlo tan pronto y no sabía qué decir. Por suerte, fue él quien comenzó con la conversación.
—Te eché de menos el otro día en la sesión —dijo Miguel sin rodeos observando de reojo mi reacción.
Tardé unos segundos en responder. No estaba segura que esperaba que dijera. ¿Estaría esperando algún tipo de explicación por mi ausencia? No quería confesarle los verdaderos motivos por los que no había asistido a la última reunión.
—Sí, lo siento —¿Por qué me estaba disculpando? Me arrepentí apenas lo hice. Estaba actuando como una completa tonta —. Surgió un imprevisto y no pude llegar.
Era mejor que no diera demasiada información. Decidí cambiar de tema y salir del foco de la conversación.
—Entonces, ¿qué estás haciendo por aquí?
—Nada en particular. Salí a dar un paseo —Miguel se encogió de hombros—. Como sea, me alegra haber venido o de lo contrario no nos habríamos encontrado.
No pude evitar ruborizarme por completo. Miguel estaba coqueteando conmigo, pero yo aunque sabía que tenía al menos tres hijos, me sentía inexperta en ese tipo de cosas.
—Yo estuve buscando trabajo casi toda la tarde. —No me lo había preguntado, pero sentí que tenía que justificar mi presencia de alguna manera—. Recorrí unas cuantas tiendas.
Estaba muy nerviosa. Una parte de mí quería salir corriendo y otra parte quería quedarse con él, abrazarlo y no dejarlo ir nunca.
—Eso es genial. ¿Encontraste algún trabajo que te interese?
—En realidad, lo difícil es que yo les interese a ellos. Tendría que volcar mis datos y mi experiencia por escrito y llevar mi currículum vitae en estos días. El problema es que no tengo ninguna experiencia o por lo menos no recuerdo tenerla —dije soltando una risa amarga.
Me daba cuenta de que era muy mala para hablar con los hombres. Estaba vendiendo lo peor de mí. Temí estar arruinando cualquier oportunidad de tener un acercamiento romántico con Miguel.
—Yo también estoy en el proceso de buscar trabajo. Si quieres podemos quedar mañana así te ayudo a armar tu hoja de ruta y vamos juntos a buscar un empleo.
—La verdad es que me vendría muy bien tu ayuda. Gracias —dije sinceramente.
No estaba segura si eso significaba que tendríamos una cita, pero implicaba pasar más tiempo con él y colocar algunas fichas para mejorar nuestro futuro.
—Si te parece bien, pasaré a buscarte a eso de las tres por tu casa.
—Claro —dije sin dudarlo e intenté disimular la emoción que sentía.
—Intercambiemos números. Si tú quieres, claro.
Le pasé mi número y él anotó el suyo en la agenda de mi celular. Era el primer contacto que tenía si no contaba a mi pequeño hermano y a mi madre.
Me acompañó a mi casa porque yo quería estar ahí para recibir a Ariana cuando mi mamá la trajese del jardín maternal. Usualmente, la extrañaba mucho durante las horas en las que estábamos separadas, pero ese día creo que habría preferido quedarme un poco más de tiempo con Miguel.
Cuando llegamos a la puerta, él me dio un beso fugaz en la comisura de la boca. Luego se dio media vuelta y se marchó sin darme tiempo a reaccionar.
Lo observé mientras se alejaba sin volver la vista atrás. Su andar era tranquilo y la cálida brisa despeinaba con gracia su cabello rubio.

viernes, 6 de diciembre de 2019

Capítulo 9: ESPERANZA

Había comenzado a asistir una vez a la semana a sesiones grupales de terapia, pero allí no hablaba mucho de mí sino que me dedicaba a escuchar a los demás. Vladimir, el coordinador de la terapia era un hombre con barba platinada que me transmitía cierta tranquilidad. Los integrantes del grupo iban variando semana a semana. Sólo dos o quizás tres personas asistían de manera regular, los demás iban y venían, pero nunca llegábamos a ser más de diez.
Ya llevaba alrededor de dos meses asistiendo a terapia. Uno de mis compañeros, Miguel, había despertado mi interés en cierto modo. No es que me pareciera demasiado guapo, pero tenía su encanto y sobre todo, me sentía identificada con sus sentimientos. Él sabía expresar sus emociones mucho mejor de lo que yo lo hacía. Con él descubrí que yo no era la única persona en el mundo que amaba a familiares que posiblemente no existían. Él estaba atravesando por una situación diferente a la mía, pero con la que tangencialmente coincidía. No me había atrevido a conversar directamente con él, pero me gustaba escucharlo hablar en las terapias.
Miguel había sufrido un accidente de autos hacía casi dos años. Él pudo sobrevivir, pero por desgracia había perdido a su esposa e hija durante el impacto. Desde aquel fatídico día, los fantasmas de su familia lo visitaban esporádicamente. Supongo que porque se sentía culpable. Yo me preguntaba cómo es posible olvidar a alguien si no puedes dejar que se vaya.
Una tarde, luego de salir de la terapia me armé de valor y le pregunté al joven si quería caminar conmigo, así podíamos conversar un poco. Miguel aceptó de buena gana y me acompañó hasta mi casa. Era una persona muy amable a quien la suerte le había dejado de sonreír hacía tiempo. Tenía veinticuatro años y era médico radiólogo, pero había perdido su empleo por culpa de los delirios y de las alucinaciones que experimentaba. Cualquiera que no lo conociera pensaría que había perdido la cordura, pero yo sabía que no era así. Entendía por lo que estaba atravesando y él tampoco me juzgaba a mí ni a mis recuerdos.
Era un muchacho agradable, aunque físicamente se lo veía un poco descuidado. Vivía con su hermano y su cuñada, pero sólo era algo provisorio hasta que encontrase un nuevo empleo y algún lugar con un alquiler accesible para mudarse. Él realmente quería salir adelante y empezar de nuevo. Yo le dije que esperaba lo mismo y no sólo por mí sino también por mi hija. Le hablé bastante sobre Ariana. Le confesé que lo que más deseaba era poder ser una buena madre. También le dije que estaba pensando en buscar un empleo para mantenernos a ambas y de esa manera no tener que depender más de mi madre. Aquello no era del todo verdad. Hasta ese momento no había pensado en encontrar un empleo, pero él parecía interesado en mis palabras y me brindaba todo su apoyo y atención y eso resultaba bastante agradable.
Llegamos al portal de mi casa antes de lo que hubiera deseado. Le agradecí por acompañarme y él me regaló una bonita sonrisa. Le sonreí también y lo bese en la mejilla antes de abrir la puerta y entrar a través de ella.
—Quizás, en otra ocasión pueda acompañarte nuevamente —comentó Miguel pasando su mano por su cabello rubio y despeinado.
—Eso estaría bien —respondí sintiendo en el fondo como si estuviese engañando a Ian.
Entré a la sala y cerré la puerta después de mí. Me sentía una completa tonta por seguir teniendo sentimientos por alguien que parecía no existir más que en mi imaginación y también por tratar de olvidarlo acercándome a un hombre que aún amaba a su esposa a pesar de que ella estuviese muerta.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Capítulo 5: MÁS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS

Mi vientre crecía al mismo tiempo que iba descubriendo nuevos recuerdos gracias a las sesiones de hipnosis. A pesar de mis súplicas, ahora sólo veía a Noemí una vez a la semana. Acudir a terapia todos los días sobrepasaba el sueldo de secretaria de mi madre y yo aún no tenía empleo.
Esperaba ansiosa a que llegara la tarde de los jueves. En ese momento escudriñaba en los oscuros rincones de mi mente y podía volver a ver a mis hijos.
Vivíamos en una pequeña cabaña construida sobre las ramas de un árbol centenario a la que se accedía por una escalera de cuerdas. Parecía sacada de un cuento de hadas al igual que todo lo demás.
Noemí me había advertido que lo que veía no era necesariamente real. La mente de las personas era complicada y me advirtió que no me esperanzara ya que podía estar extrayendo tan sólo fantasías de mi mente. Sin embargo, se sentía sumamente real para mí.
Aunque Noemí me había pedido que no lo hiciera, yo le había contado a mi madre una descripción más o menos acertada de los dos niños y de la pradera. Ella había hablado con la policía y ahora ellos buscaban la cabaña, pero yo sabía que no la podrían hallar. El mundo en el que había estado viviendo todos esos años era muy diferente al nuestro o al menos, eso creía yo en ese momento.
Habían sido ciertos detalles en el paisaje los que me habían convencido de que no se trataba de un lugar dentro de este mundo. Por un lado habían sido los colores metálicos de las flores y por otro ciertas esferas de luz que parecían danzar en los rayos de luz.
El primer recuerdo que pude rescatar del joven pelirrojo fue de él intentando encender una hoguera para calentar un cuenco de lo que parecía ser una especie de guiso. Sus ojos eran hermosos y extraños al mismo tiempo. Perderse en ellos era como adentrarse en un cielo estrellado, eran completamente negros y estaban salpicados por diminutas luces blancas.
A ese recuerdo le sucedieron muchos y en casi todos aparecía él. Algunas veces se veía más joven y en otras ocasiones mucho mayor. En su aspecto me fui basando para intentar llevar un diario en el que trataba de ordenar cronológicamente los recuerdos que yo consideraba reales.
Creo que el padre de mis hijos se llamaba Ian y sus ojos cambiaban con el cielo. En otoño podían pasar de un azul intenso a un gris pálido en un pequeño instante. Era fascinante. Mi momento favorito del día era el atardecer cuando el púrpura se esfumaba con el anaranjado de su iris. Al menos eso creo recordar. Algunas veces me embargaba la duda y me preguntaba si serían recuerdos o sería todo producto de mi mente. Noemí me había dicho que no todo lo que se recuperaba por medio de la hipnosis era real, muchas veces funcionaba simplemente como sueños o deseos reprimidos. Yo me negaba aceptar esa opción, mi vida olvidada era demasiado hermosa como para ser mentira y yo realmente sentía que amaba a Ian y a mis hijos.
Según mis cálculos, había tardado muy poco tiempo en enamorarme de él y había pasado un poco más hasta que nos dimos nuestro primer beso. Creo que sucedió durante la primavera, porque las flores color oro y plata de mis recuerdos lucían más bellas que nunca. Nos sentamos en la cima de una colina que se encontraba cerca de las lindes del bosque, parecía que nunca nos íbamos demasiado lejos de aquel sitio.
Estábamos sentados muy cerca uno del otro. La distancia que nos separaba era tan corta que podía contar las pecas de su sonrojado rostro. Entonces, muy lentamente sus labios se acercaron a los míos y se fundieron en un tierno beso. Al ser tan sólo un recuerdo no pude sentirlo completamente real, pero estaba casi segura de que así había comenzado nuestra historia de amor.

viernes, 9 de noviembre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 30

                 CAPÍTULO 30: YO SÍ LO AMABA
   Había pasado una semana y Susana seguía internada en el hospital. Su vida ya no corría peligro, pero las áreas de su cerebro que habían sido dañadas impedirían que los recuerdos nos perjudicasen.
   Yo no salía de mi casa y permanecía la mayor parte del tiempo encerrada en mi cuarto. Me sentía mala e indefensa a la vez. Había dejado de comer, sólo fingía que lo hacía frente a mi madre, aunque no podía engañarla. No hablaba con nadie. No había vuelto a ver a Teby y sentía que él me había arrastrado, engañándome, con el fin de hacerle daño a otra persona en nuestro propio beneficio. No deseaba seguir viviendo. No me gustaba en lo que me había convertido.
   Nuestros poderes se habían incrementado notoriamente en esos dos meses de verano desde que nos habíamos conocido. Él no me había dado la información que poseía y sin embargo, las velas negras las tenía preparadas. Sabía con exactitud como  concentrar el poder mágico y utilizó mi propio poder psíquico para incrementar su magia en contra de Susana. Ya no confiaba en él, ni en nadie, ni siquiera en mí. No tenía el valor para quitarme la vida, pero no quería seguir viviendo. Qué sentido tendría mi existencia si hasta ahora sólo había provocado el mal. Hasta al haber descubierto toda la misteriosa trama del pasado de Esteban, que a la vez me vinculaba con él, nos había perjudicado. Ahora, era esclava de la verdad.
   Sabía de grupos clandestinos dedicados al mal y temía que por el anhelo de poder, pudiera convertirme en alguien como ellos. Ni siquiera quería convocar a mi abuela. Me avergonzaba de mi misma. Hubiese deseado ser como una gota de agua para poder perderme en la inmensidad del océano. Pero seguía siendo yo, Tamara, un ser especial que había desarrollado un gran poder y sabía que si seguía con vida este se iba a incrementar. No tenía claro donde empezaban y donde terminaban mis límites.
   Esteban había demostrado tener menos escrúpulos que yo. No le había dolido la enfermedad de su madre de crianza. Él mismo la había provocado y me había inducido también a mí a hacer ese ritual. La herida de mi mano parecía no cicatrizar y me seguía doliendo. Un pacto de sangre nos uniría para siempre. No estaba segura de qué significaría todo eso.
    Esa tarde de domingo, mientras permanecía recostada en mi habitación, alguien golpeó mi puerta. Al ver que yo no respondía entró en mi cuarto. Era Teby. Lo observé sin levantarme y mis ojos se llenaron de lágrimas. Me provocaba muchísima tristeza verlo.
   —Hola, hermosa. No estés mal. Me dijo Raquel que casi no comés, no hablás, no salís. ¿Qué te pasa, princesa?
   Hablé con la garganta ceca:
   —¿Cómo está tu mamá?
   Me dedicó una media sonrisa.
   —Perfectamente, no se acuerda de nada. Es feliz porque tiene un hijo maravilloso que la cuida. No tiene un turbio pasado que la atemorice y será para ella como volver a nacer. Tiene conocimientos adquiridos, algunos recuerdos y de los recuerdos que se borraron en su mente, yo estoy sembrando falsa información. Está muy feliz, su vida será perfecta una vez que salga del hospital.
   Era increíble que se mostrara tan frío al hablar de la persona que lo había criado desde hacía quince años. Aunque muy en el fondo yo sabía que él tenía razón. Si había sido capaz de causarle semejante daño a Susana, ¿qué me esperaría a mí o a los demás si nos oponíamos a lo que él consideraba mejor para sí mismo? Me incorporé. Sin contestarle caminé hacia la ventana. No quería escuchar más. Él me tomó de la cintura y continuó hablando:
   —Tamy, sabía que ella no podía morir. No controlamos la muerte. Fue lo mejor. Si ella hubiese hablado nuestras vidas hubiesen sido una pesadilla. Nos habrían separado e impedido nuestro desarrollo psíquico-mágico. Tus padres se sentirían fracasados al tener que lidiar todos los días con una hija demente, por decirlo de alguna manera. No podríamos defendernos de los más oscuros.
    Sabía que tenía razón, pero no quería reconocerlo. Continuó:
   —Sabés que es conveniente que sigamos con nuestras familias completando nuestra educación. Cuanto más sepamos, más armas tendremos para el futuro. Además, estas organizaciones aún no saben dónde estamos ni quiénes somos. Afortunadamente, Ariel no te siguió hasta tu casa. Es posible que él no tenga nada que ver, pero su abuelo…. Ay, Tamy, Tamy que ingenua fuiste en confiar en ese tipo de gente.
    Giré sobre mi misma y lo miré a los ojos.
   —¿Y las huellas en el mundo mágico? ¿No dijo tu madre que era peligroso que hiciésemos magia? —. Mi voz sonó más fuerte de lo que pretendía.
   —Linda, no te preocupes. En primer lugar, ella no es mi madre, mi madre es una verdadera hechicera, pero no sabe que yo existo. Además, no creo que esté preocupada aún por vos. Lo que hiciste hasta ahora no puede considerarse magia peligrosa para ella. Hay muchos que invocan espíritus y juegan con velas e inciensos. Hay tantas huellas en el mundo mágico que no tienen por qué haber rastreado la tuya. El problema va a ser en un futuro, cuando con nuestras fuerzas unidas comencemos a tener poder perceptible. Es posible que entonces se de cuenta que hay un poder oculto detrás de nuestras acciones visibles. Por el momento, nosotros sabemos de ellos, pero ellos no de nosotros. Esto nos pone en una situación de ventaja.
    Lo interrumpí:
   —Tu hermana sabe de mí. Tiene el poder de entrar en mi mente, en mis sueños y me vio.
   —Aún, es sólo una niña, pero quizás, quiera que te unas a ella y quién sabe si no nos convenga en el futuro. Su herencia es muy poderosa, al igual que la mía, pero la diferencia es que ella debe estar siendo entrenada para desarrollar su poder. Nosotros hace muy poco que sabemos del nuestro.
   —Reaccioná, Teby.  Esas personas son peligrosas. Te quieren muerto.
  —Estás equivocada, mi madre me quiere muerto, pero mi padre salvó mi vida y mi hermana algún día me va a necesitar. El único problema grave podría ser mi madre. Pero ella piensa que estoy muerto.
   —¿No crees que la niña va a ser malvada cuando crezca? No tiene ningún escrúpulo. No le han inculcado ninguno.
   _Querida, puede ser que ella entre en tus sueños. Simplemente con lograr que vos entres también en los suyos y ganes su confianza, podrás inducirla hacia donde nosotros queramos, ya que es muy pequeña y su personalidad recién se está formando. No te olvides de que también vos sos poderosa. Hasta hiciste un viaje astral.
   Irónicamente le planteé:
   —Muy lindo tu plan, pero te faltó pensar en un detalle nada más: yo no puedo entrar en los sueños de la gente. El viaje astral fue involuntario y muy peligroso. ¿Te olvidás que el ángel negro aguardaba para que se corte el hilo de plata que me unía a mi cuerpo? Además, si no saben de tu existencia y no quieren matarte, ¿por qué razón le enviarían un grupo de banshees a un completo desconocido?
   Hizo una sonrisa forzada y respondió:
   —Nadie me las envió. En realidad, después del sueño que tuve acerca de personas capaces de invocarlas a este plano yo hice simplemente un conjuro para desviar un poco su camino y atraerlas hacia mí. Pero me arrepentí, no estoy listo aún. Hay algunas cosas que aún no te conté, pero tuve unos pequeños problemas. Por eso, hice el otro conjuro para alejarlas. Quizás tu viaje astral fue inducido por mi voluntad para que sea tu espíritu quien me ayude a alejarlas. La verdad no contemplé la posible aparición del ángel de la muerte. Es obvio que podremos entrar en la mente de la pequeña. Sólo nos hace falta un poco de práctica. Esta noche tratemos de vincular nuestros sueños. Quizás haya sido casual que la niña te haya elegido, o tal vez la elegiste vos a ella. Después de todo, la primera vez que soñaste con ella, el conjuro para saber quién había nacido lo hiciste vos. Mi padre le pudo haber relatado acerca de mi existencia. Por eso el mensaje en tu ventana. Tu segundo encuentro onírico con mi hermana, fue por tu deseo de saber. Quizá la atrajiste a tus sueños, quizá seas vos quien los está controlando. Es posible que por ahora seas más poderosa que ella. Tenemos que asegurarnos y aprender a no pasar información que no queramos. Intentemos controlar nuestras mentes cuando soñemos. Esta noche nos veremos en un sueño, mañana conversaremos.
   Esteban daba por sentado nuestra unión. No había puesto en duda, ni siquiera por un instante, que yo seguiría experimentando en la magia junto a él. Ninguno de los dos era realmente bueno, pero tampoco malo. La relatividad del bien y el mal siempre seguiría siendo una constante en mi vida.
   No podía dejarlo solo, sentía que nuestros destinos ya se habían entrelazado y estaba claro que él sentía lo mismo.Sin embargo, la culpa por lo que le habíamos hecho a Susana y por lo que seguramente le provocaríamos a mucha gente en cada decisión me destrozaba. Lo que es bueno para algunos les hace daño a otros. Era evidente que podíamos torcer a nuestro favor el camino de la gente. Podríamos inducir a muchos a pensar lo que nos favoreciese. Me daba cuenta de que había algunos que ya estaban utilizando ese poder en su propio beneficio.
   Posiblemente, yo tuviese más escrúpulos que aquellos que ya dominaban a las masas. Desconfiaba bastante de la ética de Teby. Me daba miedo tentarme con el poder. Temía ser inducida por Esteban, pero no podía alejarme de él. Lo amaba. Una lágrima recorrió mi rostro. Él parecía estar leyendo mis pensamientos, porque con ternura secó mis mejillas con sus labios y seductoramente aseguró:
   —No te preocupes, hermosa. Todo va a estar bien. No volveremos a hacer daño, a menos que sea completamente necesario. Es decir, en defensa propia. Si estamos en peligro buscaremos la forma de resguardarnos y nos protegeremos el uno al otro.
   Dichas estas palabras, besó dulcemente mis labios. Quizás así estaba asegurando nuestra alianza. No estaba segura si el realmente sentía algo por mí o esa jugada era solo un movimiento estratégico para mantener nuestro pacto. Había cambiado su forma de ver el mundo. Antes creía que la soledad era el único modo de incrementar su poder. Luego me buscó a mí. Después se alejó, aparentemente para protegerme y ahora se acercaba nuevamente.
   No estaba segura de cuales eran sus sentimientos, si es que los tenía. De lo único que estaba segura, era de que él quería poder y que junto a mí, ambos lo conseguiríamos. Acepté sin decir una palabra.
   Caminaría junto a él en el sinuoso sendero del poder. Yo sí lo amaba.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM
ISBN 978-987-02-3003-8

viernes, 2 de noviembre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 29

CAPÍTULO 29: ALUMBRÁNDOME CON SU  OSCURIDAD
    Una vez que salieron todos de mi casa, me apresuré a llamar a Teby. Afortunadamente fue él quien atendió.
   —Teby, soy Tamara. Necesito hablar con vos. Tuve una revelación sobre tu pasado… prefiero contártelo todo personalmente.
     Respiraba agitada. Estaba muy nerviosa. Posiblemente él no creyera en mi visión. Su madre no era Susana, su padre no era tan malo como él pensaba y además tenía una hermana.
   —Mi mamá no se siente bien. Me dejó a cargo de la librería. ¿Podés venir vos a verme?
   —Sí, no hay problema. Voy para allá —.Colgué el teléfono y me dirigí apresuradamente hacia el negocio.
   Cuando llegué, me senté en una silla frente al mostrador donde Teby estaba sentado. Él me interrogó apenas me vio.
   Comencé a relatarle los hechos muy despacio, casi susurrándoselos, para que nadie me escuche. Intentaba parecer calmada y comencé resumiéndole el primer sueño, el de la tarde anterior. Mientras le relataba los hechos, evité algunos detalles. No mencioné que la niña del carrusel, en realidad podía ser su hermana, pero básicamente le explique cómo convocaba ese grupo siniestro a las banshees. Sorprendentemente comentó:
   —Lo sospechaba, ¿qué tiene que ver eso con mi pasado?
   Parecía decepcionado. Más segura de mi misma ya que había creído en mi primer sueño agregué:
   —Básicamente, anoche, mi abuela me mostró como si se tratase de una película, lo que ocurrió cuando aún no habíamos nacido.
   Le relaté mi sueño. Tratando en cada momento de restarle importancia, sugiriéndole que podía tratarse de un simple sueño. No quería verlo mal, lo quería demasiado para lastimarlo, pero prefería contárselo a ocultarle la realidad. No dejé de relacionarle los sucesos vividos por ambos y que se vinculaban con el sueño, dándole a éste mayor credibilidad. Veía reflejada en sus ojos grises la duda. Me daba cuenta de que él no sabía si podía creer o no en mis visiones. Parecía tranquilo, quizás pensaba que era sólo un sueño. Afortunadamente, Susana irrumpió en el negocio y corroboró mis palabras.
   —No tenías que decirle eso a Teby. Tendrías que haber hablado primero con migo.
   Susana estaba completamente roja y parecía a punto de llorar. Teby se había levantado y la miraba con el seño fruncido.
    —Así que me mentiste, no sos mi madre. ¿Con qué más me mentiste? Nunca pude rastrear a mi padre por el nombre. ¿Inventaste el apellido?
   —Sí… aunque no te haya llevado en mi vientre, yo soy la que te crió y te defendió durante todos estos años y no fue una tarea muy fácil. También cambiamos tu apellido para que nadie pueda relacionarte con él y en un futuro tampoco conmigo. Nunca quise dañarte, pero tampoco podía decirte la verdad. No quería ni quiero que entres en el mundo de la magia. Ellos te pueden encontrar. Ella te puede mandar a matar. Lo que dijo Tamara es casi todo verdad. Son siniestros. Ella es un demonio con ropa de mujer.
   Susana se estremeció al decir estas palabras. Lágrimas amargas cubrían su enrojecido rostro. Con los ojos inyectados en sangre me gritó.
    —Sé que fue Sara quien  te lo reveló por alguna razón, pero Teby no tenía que saberlo y vos Tamara, no tendrías que haberlo inducido a la magia. No te diste cuenta de que su vida está en peligro. No entiendo por qué Sara te eligió como heredera. ¿No te das cuenta de que cada vez que usás la magia, queda una huella perceptible por otros hechiceros?, aunque afortunadamente no sea muy clara. La maldad de esa mujer no tiene límites. Está cerca y si sabe que él esta con vida lo va a asesinar, como posiblemente lo hizo con tu abuela e intente hacerlo con vos. Si sabe de tu poder y no te unís a ella te va a considerar su enemiga. Tu abuela malogró muchos de sus planes y la odiaba profundamente. Lamentablemente, Sara debe haberse descuidado y la debe haber encontrado. Estoy segura de que ya sabe de vos, aunque no tenga muy claro donde encontrarte por el momento, pero probablemente lo hará y te forzará a elegir. Va a tratar de tentarte, te va a engañar y cualquiera sea tu elección, a la larga va a destruírte. No te acerques más a mi Teby. Si llega a saber quién es…
   Corrió junto a Esteban e intento abrazarlo. Él la apartó de su lado, rechazándola. Yo lo comprendía, su vida giraba alrededor de una mentira.
   Susana consternada se apoyó sobre el mostrador. Me hubiese gustado poder apaciguar la situación que yo misma  ocasioné. Teby tenía el derecho de saber la verdad, no podía lidiar contra algo que aún ignoraba. No pude decir nada, pero Susana nuevamente me atacó con sus hirientes palabras.
   —Tu abuela era maravillosa. ¿Por qué no podés ser como ella?
   Mis ojos se llenaron de lágrimas. Teby estaba muy quieto, pálido como una estatua de mármol. Sin piedad ella continuó: 
   —Sara siempre intentaba reparar los daños ocasionados por la magia oscura. Ella planeó como salvar a Esteban, sin dejar ningún hilo suelto. Todo era perfecto hasta que llegaste a nuestras vidas. Cuando ella me dijo que iba a dejar a alguien en su lugar para cuidar a Teby, no pensé que sería una mocosa imprudente con aires de grandeza. Tu abuela era una hechicera blanca, piadosa. Si bien no tenía tanto poder como los grupos oscuros, su voluntad, su inteligencia y su fe siempre lograban encaminarla hacia la victoria. Tienen que ponerle un fin a todo este jueguito de querer ser poderosos, ya que esto no es ningún juego. Es obvio que saben de vos y tarde o temprano van a rastrear dónde estás y vendrán a buscarte, para que te unas a ellos o para eliminarte. Heredaste un gran poder y lo estás usando muy mal. Si todavía no saben de vos, es mejor que no lo hagan. Ahora mismo, voy a ir a hablar con tu mamá a su trabajo. Ella te tiene que alejar de todo esto y yo te mantendré alejada de Teby, sea como sea aún si tengo que usar más hechizos en contra tuya. Creí que con las sombras que te envié te había asustado lo suficiente como para alejarte de todo esto. No quiero que se muevan de acá. Volveré con Raquel en un rato. Obviamente, no le voy a contar todo, pero Tamara no voy a permitir que dejen que te acerques a mi hijo y sé que lograré que te apartes de la magia.
    Las venas de su cuello se hacían cada vez más notorias. Cerró la puerta y nos dejó en un profundo silencio sólo interrumpido por mis sollozos. Pasados unos segundos miré a Teby, quien parecía estar absolutamente calmado. Me regalo una media sonrisa y añadió:
   —No va a decir nada. No va a hacer nada.
   Me abrazó y me condujo hacia la cocina. No entendía cómo podía conservar la calma en un momento semejante.
   —Tamy, no te preocupes.
   Buscó en un cajón del aparador tres velas negras y tras encenderlas las colocó en un candelabro de plata. Sacó una navaja de su bolsillo cortó su palma y luego la mía. No pude evitar soltar un gemido de dolor cuando el filo rasgó mi piel. Unimos nuestras manos y Esteban las guió estrechadas hasta que quedaron sobre las velas. Hizo que nuestra sangre mezclada rocíe las llamas, mientras repetía frenéticamente para dar poder al ritual:
   —Nada ni nadie nos separará, ni se opondrá a nuestra voluntad —. Pronto comencé a decirlo yo también.
   Soltó mis manos mientras seguíamos repitiendo la oración. Con la sangre aún fresca, dibujó dentro de un círculo una estrella de cinco puntas. Las velas quedaron dentro. Me miró y cambio la oración:
   —Ella no nos delatará, ni se opondrá a nuestra unión —.Me tomó las manos nuevamente y también yo comencé a repetirla.
   Estuvimos el tiempo necesario, aproximadamente cuarenta minutos, hasta que las velas se consumieron por completo, repitiendo oraciones que surgían de Teby. Tomados de las manos y mirándonos a los ojos como en un trance. Ambos parecíamos hipnotizados el uno por el otro. Las velas se apagaron y cortó el aire el sonido del teléfono.
   Teby me sonrió y añadió:
   —Está hecho.
   Se apresuró a atender el teléfono. La momentánea felicidad de su rostro se esfumó, tan rápido como la luz de un relámpago. Le dijo a la persona con la que hablaba. Que no podíamos ir por que su madre, equivocadamente se había llevado sus llaves. Colgó y después me informó:
   —Era tu madre. Susana se descompensó al llegar a la clínica en donde trabaja. Ya no va a decir nada.
   Palidecí. Creí que la habíamos matado con el conjuro de Esteban, pero el abrazándome agregó:
   —Tranquila, querida, ella estará bien, pero no va a recordar nada. Todavía los médicos no lo saben, pero tuvo lo que ellos dirán que fue un golpe de presión, un colapso nervioso, cuya única secuela será un olvido selectivo.
   Me di cuenta de que Teby sabía perfectamente lo que había logrado con el ritual. Una parte de mí estaba extremadamente feliz porque nada nos podía separar. Susana ya no hablaría, ni se acordaría de lo que Esteban había averiguado y olvidaría lo que ella desde siempre sabía. No sería más un obstáculo para nosotros y nuestros futuros planes. Por otra parte, sin embargo me sentía destrozada y avergonzada. Habíamos llegado a caer tan bajo como para recurrir a la magia negra, haciéndole así, un daño casi mortal a una persona, para que no se oponga a nuestra voluntad. Lo único que podía rescatar de la situación era que él sabía ahora la verdad y que nos teníamos el uno al otro. Sabíamos contra quién luchábamos y de dónde provenía la poderosa herencia mágica de Esteban.
   Lo que aún no podía entender, era por qué yo, que descendía de magos blancos estaba cayendo en la seducción de lo oculto y caminaba de la mano de Esteban entre la luz y la oscuridad. Crizy ya me había advertido. Debería elegir de qué lado estar, pero todavía no veía con claridad la línea que separaba el bien del mal.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 26 de octubre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 28

            CAPÍTULO 28: HASTA EL AMANECER
   Me incorporé de pronto en mi cama. Un sudor frío recorría mi cuerpo. Aún no había amanecido. Los ojos de Samanta brillaban en la oscuridad y me observaban fijamente. Seguramente, había percibido la onírica revelación.
   Deseaba correr junto a Teby y narrarle la verdad sobre su pasado, pero él aún debía estar dormido y no me animaba a llamarlo a esa hora de la madrugada. Esperaría a que saliera el sol y a que mis padres abandonasen la casa. De esta manera no tendría que darles explicaciones.
   Durante los eternos minutos en los que permanecí en la oscuridad, repasé una y otra vez lo que había visto. Por fin las cosas comenzaban a cerrar. Comprendía el por qué de mi presencia en ese lugar, en ese tiempo. Mi abuela no sólo me había pasado el conocimiento, sino que también la responsabilidad de proteger a Esteban. Esta vez no era de si mismo de quién debía salvarlo, sino de aquel siniestro ser que quiso destruirlo desde su nacimiento. Ese ser que había provocado la muerte de mi abuela y que yo ya había visto, así como a su heredera, la hermana de Teby.
   Recordé el día en que un aliento helado trazó en el cristal de la ventana "Ella ya ha nacido y sabe de ustedes". La niña podía controlar los sueños, me había conocido en un sueño, la había visto y me había relatado el accionar oscuro de su clan. Me preguntaba, por qué me informaba. ¿Aún no se habría corrompido por el poder, debido a su escasa edad? O ¿no sería ella la que me informaba, sino mi propio poder psíquico que la utilizaba como un medio para interpretar mi percepción?
   Quizás ella ya podía entrar en los sueños. Obviamente ya tenía muchísimo poder. Me había insinuado, que yo elegiría de que lado estar. Recordé que no había soñado sólo una vez con ella sino dos. El día antes de conocerla personalmente en la plaza, en mi sueño ella jugaba con una serpiente. En el carrusel montaba una. La serpiente no podía significar nada bueno, al menos eso creía yo y eso solía decir mi abuela. Me preguntaba si su amigo imaginario, al que ella llamó "invisible", existiría realmente. Reflexioné en que podía ser un espíritu o algún demonio.
   Por lo pronto quería hablar con Teby, aunque no había pensado aún de qué manera le daría la dura noticia. Aunque pese a todo, era muy probable que no me creyera o que pensara que mi sueño era sólo un sueño. ¿Sería tan sólo un sueño? De todas formas, le pasaría la información y luego, él decidiría si debía o no creerme.
   Estaba casi segura de que mi visión era verídica. Finalmente todo cerraba, tenía que ser real. Recordé la palidez de Susana al ver a la madre de Crisy en la plaza y la vinculación forzada que mi abuela había hecho entre nosotros. Tal vez, era para que yo protegiese a Teby, pero también para que él me protegiera a mí.
   Mi abuela había burlado a la malvada hechicera y yo era su descendiente. ¿Qué habría hecho mi padre para que el poder mágico haya saltado una generación hasta mí? Posiblemente, hubiese sido su manifiesta incredulidad, incrementada por la de su pareja totalmente escéptica. Mi abuela debió haber intuido que yo, al conseguir la información mágica en la adolescencia, sin prejuicios previos y una confianza ciega en ella, desarrollaría mi poder mental libremente. Al ver los hechos, el escepticismo no podría bloquear mi herencia mágica.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 19 de octubre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 27

                       CAPÍTULO 27: EL PASADO
   La luna llena brillaba en un cielo salpicado de estrellas. Sentí que los portales cósmicos volverían a abrirse, pues intuía que un sueño revelador se aproximaba.
   Samanta estaba muy inquieta. Antes de acostarme encendí velas e inciensos para los elementales y les pedí que velasen por Teby y por mí durante la noche. Mi presentimiento era cada vez más fuerte, sabía inconscientemente que nuestras vidas cambiarían nuevamente, aún más de lo que ya lo habían hecho.
   El calendario lunar señalaba esa noche como la de las revelaciones. Mis conjuros volverían a mostrarme la verdad. Sentía que desde siempre una fuerza oculta me unía a Esteban. Sabía que aún estando lejos, estábamos ligados y que él pensaba en mí como yo lo hacía en él. Aunque no debía hacerlo, no podía dejar de quererlo. Deseaba ayudarlo a buscar su identidad, sin importarme que estuviese o no a mi lado. Anhelaba verlo feliz.
   Cada vez estaba más segura de que no sólo él me necesitaba a mí, sino que yo también lo necesitaba, puesto que las clandestinas fuerzas oscuras eran manejadas por personas sin escrúpulos. El mundo había dejado de creer, pero las  pocas personas que aún utilizaban la magia, no estaban exactamente del lado del bien. Además, pensaba que averiguando sobre el pasado de Teby, tendría algún indicio para rebelar la identidad, de él o de los asesinos de mi abuela. Tenía que haber alguna conexión.
    Mientras las velas aún ardían y jugaban formando extraños dibujos en las paredes, caí sumida en un profundo sueño.
   "Me encontraba sentada en un columpio antiguo que se mecía con el viento marino. Veía como las olas golpeaban bajo mis pies. Estaba absolutamente sola en medio del océano. A mi alrededor sólo se veía agua y las cadenas que sostenían el columpio eran infinitamente largas y se perdían en un cielo cubierto de oscuras nubes grises.
   Al igual que en otros de mis sueños se cubría mi vestido medieval negro con detalles rojos con una larga capa también negra. Podía sentir el viento marino despeinar mis rizos dorados y ni emociones ni temores se manifestaban en mí, en ese momento.
   Sentí una mano que se cerraba sobre mi hombro derecho, torne mi cabeza hacia atrás y me encontré con mi abuela. No me sorprendí al verla y no me pregunté cómo había llegado allí, ni cómo no se hundía en el mar o por qué yo sentía que todo era tan normal.
   Susurré:
   —Guíame.
   Ella respondió:
   —Nadie puede vernos. Tomá mi mano. Voy a mostrarte el pasado. Lo que vas a ver sucedió hace más de quince años, cuando todavía no habías nacido.
   A mí alrededor, después de un instante de total oscuridad, la brisa cesó. El mar completamente calmado se convirtió en un metal líquido del cual comenzaron a surgir figuras tridimensionales como si se tratase de un enorme estereograma.
    La primera imagen que vi transcurría en un anfiteatro circular iluminado únicamente por velas negras. Sobre un pequeño escenario se encontraba de pié una joven y hermosa mujer. Sus negros y lacios cabellos cubrían su pálido rostro, dejando apenas ver sus grandes ojos grises y sus finas facciones. La cubría una capa negra, era la única en el anfiteatro con la cabeza descubierta. A su alrededor doce personas la rodeaban.
   Dirigiendo su mirada a una de las figuras añadió:
   —Esta vez, te elijo. Venís de una familia de numerosas generaciones de hechiceros. Sé que para tener más poder, te uniste a mí. Nuestra hija sería invencible…
   Una chillona y familiar voz la interrumpió. Cuando se quitó la capucha identifiqué a Susana, más delgada, más hermosa y más joven.
   —¿Por qué a él? Es mi pareja, aquí hay muchos que no tienen pareja.
   Frunciendo el entrecejo, la hermosa hechicera reprochó con voz firme, pero no exaltada:
   —No aprendiste nada en este tiempo. ¿Cómo te atrevés a cuestionar mis decisiones? ¿Cómo te atrevés a mostrar tus sentimientos? Yo puedo lograr que te destruyas a vos misma. Acaso, ¿no temés por tu vida?
   Una sombra cubrió el rostro de Susana y cayó de rodillas llorando temblorosamente.
   Una voz varonil dijo:
   —Yo siempre seré tu seguidor. Uniré mi poder al tuyo. Vamos a ser más poderosos juntos. Ella es muy débil, no merece ser parte de nuestra organización. No vale la pena, dejala ir. Tendremos una hija con nuestros poderosos genes.
   Así concluyó mi primera visión. Unos segundos después, en otro punto diferente del metal espejado comenzaba a surgir otra imagen.
   Se veía llover torrencialmente por las enormes ventanas. El fuego de la chimenea alumbraba una pequeña y acogedora sala. En ella se encontraban tan sólo tres personas. Una de ellas era mi abuela quince años más joven. Las otras dos, Susana y quien al parecer era su pareja, estaban tomadas de la mano.
   Mi abuela les servía té. El joven rompió el silencio:
   —Sara, necesitamos su ayuda. Es imposible que yo me aparte de ella. Es demasiado poderosa para todos nosotros. Por suerte, Susana fue expulsada y le perdonaron la vida, pero yo no puedo irme. Me quiere a su lado, por el poder mágico que heredé, aunque no se comparan con la magnitud de los suyos. Estoy atado a ella, no puedo dejarla y ya está embarazada de tres meses. Tuvo un hijo antes que fue eliminado por ser varón. También ella dominó la mente del padre del pequeño logrando así un suicidio sin quedar incriminada. Él se había opuesto al sacrificio del niño. Ella está segura de que el Demonio mismo pide que se derrame la sangre de los hijos varones de su familia para que las descendientes mujeres sean cada vez más poderosas. Si no los mata, cree que perderá su poder y que será severamente castigada por Satán. Piensa que los espíritus de los niños sacrificados pueden ser utilizados a su favor esclavizándolos. Si nace una niña, su sucesora, va a ser una bruja aún más poderosa que ella misma y va a ser educada desde la infancia en el mal. En sus creencias ancestrales los aquelarres eran dirigidos sólo por mujeres. Se ve que su familia siempre hizo lo mismo.
   Mi abuela lo miró perpleja por las palabras que acababa de oír. Luego habló:
   —Lamentablemente, está equivocada y si el niño vive ella no perderá sus poderes, ya que vienen desde su propio y oscuro interior. No es el Demonio el que le brinda el poder, sino la perversa fuerza de su mente. Necesita creer en algo ajeno a ella para liberar su energía. Sabés que no soy tan fuerte como ella, pero puedo protegerme de su magia  rodeándome de agua. No tienen que saber quien soy yo, ni que existo, puesto que  sus seguidores son muy peligrosos. Ellos tampoco tienen escrúpulos y sólo les interesa lo que el poder puede otorgarles. Tengo una isla, allí no podrán hacerme daño y si hago algún conjuro, al estar rodeada por agua, las huellas se perderán en la corriente. No podré seguir viviendo acá si los ayudo, pero si nace un varón les sugiero que lo dejen a cargo mío por un tiempo y lo llevaré conmigo a la isla. Díganle a ella, que lo sacrificaron y mientras tanto Susana, fingirás un embarazo. Tienen que creer realmente que tenés un hijo propio. Después de un tiempo prudencial, vas a cuidar al niño como si fuese tuyo y él como un padre responsable velará por el bienestar de su hijo. Ella debe creer que es tuyo Susana, no le importará si él tuvo un hijo con vos, pero ustedes no podrán volver a estar juntos, al menos, no por mucho tiempo. Es por el bien del niño.
   Dichas estas palabras, Susana rompió a llorar y abrazó al apuesto joven. Sin soltarlo, dijo sollozando:
   —El pequeño será mi hijo. Lo voy a cuidar como si fuese el hijo que siempre quise tener con vos. Voy a mantenerlo apartado de la magia y ella nunca lo descubrirá. Él no tiene que saber del poder que corre por sus venas.
   Mi abuela añadió:
   —No estoy tan segura de que jamás descubra su poder. Este surgirá desde su interior, aunque no tenga el conocimiento. Ese día llegará y nadie podrá detenerlo. Lo único que espero es que se incline por el bien, pero tiene que tener la oportunidad de vivir y de poder elegir su propio destino. Quizás, a su manera ayude a que la oscuridad pierda poder. Esto mismo espero yo de mi sucesor.
   La imagen se desvaneció y lo que parecía un metal líquido volvió a ser un mar agitado. La brisa comenzó a soplar. Mi abuela me miró y dijo:
   —Ahora, ya sabés".
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

Capítulo 30: El poder detrás del poder

Capítulo 30: El poder detrás del poder    Los magos y brujas que integraban el séquito de mi madre se arrodillaron y colocaron sus velas ...