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viernes, 31 de enero de 2020

Capítulo 17: CALEIDOSCOPIO

No volví a ver a Miguel durante algún tiempo. Luego del día en el que aparentemente el espíritu de su esposa me había echado de su apartamento, Miguel había dejado de responder mis mensajes y tampoco asistía a la terapia de grupo. Yo no me había atrevido a volver a su edificio, porque me dolía en lo más profundo de mi alma la forma en la que me había tratado. Sin embargo, tenía ganas de conversar con él sobre lo que había visto. No podía tratarse de alucinaciones suyas simplemente puesto que yo también había visto a su esposa o por lo menos eso creía yo en ese momento.
Aunque al principio, me había asustado percibir el fantasma de la mujer, aquel suceso había despertado cierta esperanza en mí. Si los familiares de Miguel podían estar presentes en su vida, entonces quizá mi padre también me podía escuchar. Si bien el espíritu de mi padre no se había manifestado, comencé a sentir que cuidaba de mi familia y de mí.
Durante aquellas semanas, salía a diario a buscar empleo. Me había propuesto como meta intentar convertirme en una persona más independiente y consideraba que el primer paso para lograrlo era conseguir un trabajo. Envié a hacer fotocopias de mi currículum y las llevé a casi todos los comercios de la zona.
Una mañana sonó mi teléfono y me informó un hombre con voz de fumador que estaba interesado en mi perfil y me ofrecía una entrevista laboral para el puesto de mesera en un bar. Arreglamos para que fuese ese mismo día a las siete de la tarde.
No lo podía creer. Estaba tan emocionada que le mandé un mensaje a mi madre y a Samuel. Ella me respondió con un corazón y un mensaje de felicitación. Mi hermano me envió desde el colegio, una carita sonriente.
No sabía nada sobre ser camarera, pero Miguel me había descrito como una persona sociable con mucha facilidad para aprender y emprender nuevos desafíos así que decidí adaptarme a la imagen que él tenía de mí. Me pasé el resto de la tarde jugando con una bandeja y la vajilla de mi madre. Iba y venía llevando platos y vasos y regalando mi mejor sonrisa a comensales imaginarios. Quería estar preparada.
Mi psicólogo me había advertido que podría tener que pasar por varias entrevistas en diferentes lugares hasta que pudiese conseguir un empleo estable, por lo que no tenía que tener demasiadas expectativas ante el primer llamado, pero era demasiado tarde. Ya me había hecho muchas ilusiones de que me contratasen.
Cuando mi madre llegó a casa junto con Samuel y Ariana, me entregó algunas bolsas con el logo de una tienda de ropa conocida. Yo estaba radiante y la abracé procurando no despertar a mi bebé quien dormía en sus brazos.
—Gracias mamá. No era necesario.
— Claro que sí. No voy a dejar que mi hija vaya a una entrevista mal vestida.
No pude evitar pensar en lo extraño que resultaba el mundo de los adultos. Cuando alguien necesita encontrar un trabajo, los empleadores en vez de escoger a las personas que necesitan más el salario, tienen en cuenta que se presenten con ropa elegante y que hayan gastado dinero en fotocopias y carpetas.
Llevé las bolsas al sofá y comencé a sacar mis nuevas prendas. Mi mamá me había comprado algunas camisas ajustadas de manga larga, un par de jeans elastizados y unas botas de cuero con las que me vería muy sensual. Estaba feliz con mi regalo. Sabía el sacrificio que hacía mi madre para darnos una buena vida a Samuel, a Ariana y a mí sólo con su sueldo de secretaria y la pensión que le había dejado mi padre al morir.
—Te irá bien. Tengo un buen presentimiento, Leda.
Ella me colocó su mano en mi hombro y yo le sonreí.
—Eso espero.
—Tranquila. Ve con confianza. ¿Te ayudo a maquillarte?
—Bueno. Gracias.
Noté que mi hermano tenía en la mano algunos juegos de video. Seguramente mi mamá se los acababa de comprar. Se acercó hasta donde estábamos nosotras. Parecía un poco tímido ante el acercamiento y dijo:
—¡Qué tengas suerte! Sólo intenta no romper todas las copas el primer día —agregó tratando de sonar mordaz y subió a su habitación. Seguramente iría a jugar con su más reciente adquisición.
Al atardecer, llegué a la dirección a la que me habían citado. El bar aún no estaba abierto, pero me esperaba en la puerta un hombre calvo con la piel de sus brazos completamente cubierta de tatuajes. Estaba fumando debajo de un cartel psicodélico que anunciaba el nombre del bar: Caleidoscopio.
—Leda Liebert, ¿verdad? —preguntó mientras yo me dirigía hacia donde él se encontraba.
—La misma —respondí asintiendo levemente con la cabeza.
—Soy Gustavo Márquez, puedes llamarme Gus. Para serte franco estoy buscando alguien con poca experiencia laboral porque acabo de invertir todo mi dinero en comprar este sitio y de momento el sueldo que te puedo ofrecer es una porquería, pero las propinas suelen ser buenas. Va a depender mucho de cómo le caigas a la gente, pero no te preocupes eres bastante bonita, seguramente los muchachos te van a dejar unos cuantos billetes.
Gustavo se encogió de hombros y continuó hablando:
—Si decides aceptar el empleo ahora y nos va bien, en unos meses tu salario podría duplicarse.
—De acuerdo. No tengo problemas con eso.
Estaba muy contenta. Era mi primer empleo. No me importaba que el sueldo fuese malo, me sentía responsable e independiente.
—Perfecto. Trabajarás de martes a domingos a partir de las ocho de la noche hasta las cuatro de la mañana. Simplemente le tomas los pedidos a la gente y lo pides en la barra. Cuando está listo se lo llevas y luego les cobras. Los precios están tanto en la carta como en el cartel sobre la barra. No tenemos una política en contra de coquetear con los clientes si quieres ir por un poco de propina extra — dijo Gus y me guiñó un ojo—. Nos obligan a pedirte un chequeo médico previo a que puedas empezar a trabajar, pero si vas en la mañana y nos dan el visto bueno de la clínica por la noche ya podrías comenzar. Si quieres puedes entrar así te vas familiarizando con el lugar.
Gus abrió la puerta y encendió las luces. El lugar no era muy grande y estaba repleto de mesas con bancos altos de madera sin respaldo. Las paredes estaban decoradas con murales psicodélicos y la barra tenía un montón de botellas diferentes. Había una pequeña cocina en donde debían preparar las hamburguesas y las papas que se ofrecían en el menú.
El propietario encendió un equipo y comenzó a sonar un tema de rock alternativo que yo no conocía. Lo puso bastante alto. Era un lugar bastante agradable y llamativo. Estaba segura de que en poco tiempo comenzaría a llenarse de gente.
Le envié un mensaje a mi madre contándole las buenas noticias y me respondió al instante que estaba muy orgullosa de mí. Había pasado mucho tiempo desde que me había sentido tan feliz.
Cuando regresé a casa mi familia me estaba esperando con una torta de chocolate casera para celebrar. Supongo que la misma torta hubiese servido como consuelo en caso de que no hubiera conseguido el empleo.
Aquel día marcaba el comienzo de mi vida como adulta responsable o por lo menos así lo sentía yo en ese momento. 

viernes, 8 de noviembre de 2019

Capítulo 5: MÁS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS

Mi vientre crecía al mismo tiempo que iba descubriendo nuevos recuerdos gracias a las sesiones de hipnosis. A pesar de mis súplicas, ahora sólo veía a Noemí una vez a la semana. Acudir a terapia todos los días sobrepasaba el sueldo de secretaria de mi madre y yo aún no tenía empleo.
Esperaba ansiosa a que llegara la tarde de los jueves. En ese momento escudriñaba en los oscuros rincones de mi mente y podía volver a ver a mis hijos.
Vivíamos en una pequeña cabaña construida sobre las ramas de un árbol centenario a la que se accedía por una escalera de cuerdas. Parecía sacada de un cuento de hadas al igual que todo lo demás.
Noemí me había advertido que lo que veía no era necesariamente real. La mente de las personas era complicada y me advirtió que no me esperanzara ya que podía estar extrayendo tan sólo fantasías de mi mente. Sin embargo, se sentía sumamente real para mí.
Aunque Noemí me había pedido que no lo hiciera, yo le había contado a mi madre una descripción más o menos acertada de los dos niños y de la pradera. Ella había hablado con la policía y ahora ellos buscaban la cabaña, pero yo sabía que no la podrían hallar. El mundo en el que había estado viviendo todos esos años era muy diferente al nuestro o al menos, eso creía yo en ese momento.
Habían sido ciertos detalles en el paisaje los que me habían convencido de que no se trataba de un lugar dentro de este mundo. Por un lado habían sido los colores metálicos de las flores y por otro ciertas esferas de luz que parecían danzar en los rayos de luz.
El primer recuerdo que pude rescatar del joven pelirrojo fue de él intentando encender una hoguera para calentar un cuenco de lo que parecía ser una especie de guiso. Sus ojos eran hermosos y extraños al mismo tiempo. Perderse en ellos era como adentrarse en un cielo estrellado, eran completamente negros y estaban salpicados por diminutas luces blancas.
A ese recuerdo le sucedieron muchos y en casi todos aparecía él. Algunas veces se veía más joven y en otras ocasiones mucho mayor. En su aspecto me fui basando para intentar llevar un diario en el que trataba de ordenar cronológicamente los recuerdos que yo consideraba reales.
Creo que el padre de mis hijos se llamaba Ian y sus ojos cambiaban con el cielo. En otoño podían pasar de un azul intenso a un gris pálido en un pequeño instante. Era fascinante. Mi momento favorito del día era el atardecer cuando el púrpura se esfumaba con el anaranjado de su iris. Al menos eso creo recordar. Algunas veces me embargaba la duda y me preguntaba si serían recuerdos o sería todo producto de mi mente. Noemí me había dicho que no todo lo que se recuperaba por medio de la hipnosis era real, muchas veces funcionaba simplemente como sueños o deseos reprimidos. Yo me negaba aceptar esa opción, mi vida olvidada era demasiado hermosa como para ser mentira y yo realmente sentía que amaba a Ian y a mis hijos.
Según mis cálculos, había tardado muy poco tiempo en enamorarme de él y había pasado un poco más hasta que nos dimos nuestro primer beso. Creo que sucedió durante la primavera, porque las flores color oro y plata de mis recuerdos lucían más bellas que nunca. Nos sentamos en la cima de una colina que se encontraba cerca de las lindes del bosque, parecía que nunca nos íbamos demasiado lejos de aquel sitio.
Estábamos sentados muy cerca uno del otro. La distancia que nos separaba era tan corta que podía contar las pecas de su sonrojado rostro. Entonces, muy lentamente sus labios se acercaron a los míos y se fundieron en un tierno beso. Al ser tan sólo un recuerdo no pude sentirlo completamente real, pero estaba casi segura de que así había comenzado nuestra historia de amor.

Capítulo 30: El poder detrás del poder

Capítulo 30: El poder detrás del poder    Los magos y brujas que integraban el séquito de mi madre se arrodillaron y colocaron sus velas ...