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viernes, 14 de febrero de 2020

Capítulo 19: LAZOS

Los días pasaban y cada vez me sentía más cerca de Mélody. En poco tiempo nos habíamos vuelto buenas amigas. Usábamos los ratos libres en el trabajo para conversar tanto de nimiedades como de temas un poco más profundos. Era una de las pocas personas con las que sentía que podía ser sincera sin ser juzgada.
Mel tenía veinte años y ese era su primer empleo. Conocía a Gus de casi toda la vida porque él era el mejor amigo de su hermana mayor desde la escuela primaria. Había decidido trabajar con él para ayudarlo en el comienzo de su proyecto y no porque lo necesitara realmente. Por la tarde estudiaba Comunicación Social en la universidad y tenía una relación no formal con un compañero de clases.
La noche de un martes en la que el bar se encontraba vacío nos quedamos conversando sentadas frente a Gus quien estaba del otro lado de la barra. Llovía torrencialmente y se podía escuchar el sonido del granizo repiqueteando contra el techo de chapa. Era poco probable que alguien se aventure a salir con ese temporal.
Gus nos invitó un shot de tequila y se sirvió uno para él.
—Vamos a ponerle un poco de onda, porque hoy la noche está re muerta —dijo Gus al tiempo que se echaba un poco de sal en la mano.
Se llevó la sal a la boca y luego bebió el líquido de un trago para después, colocar una rodaja de limón en su boca. Hizo un gesto de asco que no concordó con sus posteriores palabras:
—Delicioso. Vamos chicas, no sean amargadas.
Mel lo imitó. Yo no estaba segura. Jamás había bebido alcohol, al menos no que yo recordase. Además estaba bastante medicada y no tenía idea si mis píldoras tendrían alguna contra indicación.
—Vamos, no pasa nada. No va a venir nadie con esta lluvia —insistió Mel jugueteando con su vaso vacío.
No quería quedar mal con mis nuevos amigos así que ignoré una voz en mi interior que me advertía que aquello no era una buena idea y repetí el procedimiento que ellos habían hecho. Al tragar sentí que el líquido quemaba mi garganta y agradecí la acidez del limón que contrarrestó el sabor horrible que me había dejado el tequila en la boca. Seguramente mi expresión delató mi inexperiencia con el alcohol, porque mi amiga soltó una risita.
—Entonces, nos has hablado un montón de tu bebé, pero no nos contaste nada sobre el padre o si hay alguien más. Yo ya te conté todo de mi "mejor es nada" y Gus anda más sólo que un perro, pero ¿qué hay de tu vida amorosa? —insistió Mel.
—No estoy solo. Le gusto a muchas mujeres, pero un caballero no tiene memoria —dijo Gus fingiendo sentirse ofendido.
—¡Que mentiroso! —agregó ella en tono burlón.
—Es complicado —respondí sintiendo que los graffitis de las paredes de pronto lucían más borrosos.
—Inténtalo. Soy más lista de lo que aparento.
—De acuerdo —suspiré con resignación. Decidí que podía confiar en ellos. Si bien, no hacía mucho que nos conocíamos, los consideraba buenos amigos—. Honestamente, no tengo idea de quién es el padre de Ariana. Sufrí una especie de amnesia y no recuerdo diez años de mi vida. Que yo recuerde, lo máximo que me acerqué a alguien fue a un amigo que hacía terapia conmigo, pero desde que me ayudó a armar mi currículum no me ha devuelto los mensajes ni lo he vuelto a ver.
Los dos me miraban con asombro. Esperaba no haberme equivocado al haberles confiado algo tan íntimo de mi vida. No tuve el valor para mencionarles que al parecer había pasado esos años secuestrada dentro de un burdel o dando a luz hijos para otros como si fuera una perra de cría.
—Vaya, ¡qué fuerte lo que cuentas, amiga! Entonces, ¿no recuerdas haberte acostado con ningún hombre?
Mélody era muy directa, siempre decía lo que pensaba. Yo me sonrojé y negué con la cabeza. Podría haber sido una prostituta, pero yo no recordaba haber conocido íntimamente a nadie.
—Bueno, no te preocupes —dijo Mel y nos sirvió a los tres otra ronda de tequila.
Gus se tomó el suyo enseguida. Se lo veía un poco incómodo con el rumbo que había tomado la conversación.
—Mencionaste que este chico te había ayudado a armar tu currículum. ¿Es el que le entregaste a Gus? —Mel cambió de tema mientras yo terminaba lo que quedaba de mi bebida.
—Sí —dije casi gritando aunque no había sido mi intención.
Me sentía algo mareada, pero no resultaba desagradable.
—¿Por qué no le envías un mensaje agradeciendo el gesto? Puedes decirle que gracias a él conseguiste empleo. A los hombres les gusta sentirse importantes.
—¿Sabes? Es una idea genial la que has tenido —dije con sinceridad y saqué el celular del bolsillo de mi pantalón—. Le enviaré un mensaje ahora mismo.
—¿Estás segura de eso? —preguntó Gus pasando un trapo húmedo por la barra. No me había dado cuenta en qué momento había ido a buscar uno.
—Estoy segura. Mel es una genia.
—¿De verdad lo crees? Gracias —dijo ella.
Asentí y comencé a escribir:
Hola, espero que estés bien. Hace tiempo que no sé nada de ti. Te quería agradecer porque gracias a ti conseguí empleo de mesera en un bar llamado Caleidoscopio. Es tan genial y psicodélico como el nombre lo indica. Deberías pasar un día, así tomamos algo.
Envié el mensaje y a continuación, compartí la ubicación del lugar.
Esperaba no haberme equivocado al hacerlo. No sabía de dónde había sacado tanto valor. Seguramente el alcohol había tenido algo que ver.
—Bueno, ya está hecho. Ahora queda esperar a que el reaccione. Ya más no puedes hacer —dijo Mélody dándome una palmada en el brazo.
—Escuchen. Ya está parando de llover. Si les parece, cerramos por hoy —dijo Gus y se llevó los vasos para enjuagarlos.
Cuando llegué a mi casa me dolía la cabeza y me sentía embotada. Comenzaba a pensar que quizá no había sido una buena idea haberle enviado a Miguel mensajes de madrugado cuando él ya me había ignorado bastante.
Me metí entre las sábanas de mi cama sin poder dejar de darle vueltas al asunto. Seguramente a esas horas de la madrugada, él se encontraba durmiendo. Si me respondía sería recién a la mañana siguiente. Tuve que hacer un esfuerzo enorme para poder dejar el celular en la mesita de noche e intentar dormir. Mi mente y mi corazón estaban cansados y aun así, el sueño tardó mucho en aparecer.  

viernes, 7 de febrero de 2020

Capítulo 18: SENTIRME PARTE

Había pasado gran parte del día en una clínica privada yendo de médico en médico, para hacerme el chequeo preocupacional. Al salir de allí me dirigí a ver a mi psiquiatra quien me escribió una autorización explicando que si bien estaba medicada y bajo tratamiento, era completamente apta para trabajar. Me preocupaba que no haberle mencionado a Gus esa parte de mi vida pudiese ser un problema, pero afortunadamente no lo fue.
—Los psiquiatras son unas lacras. Lo único que hacen es crearte una dependencia a pastillas para que tengas que seguir yendo. Si lo sabré yo —comentó Gus por la noche mientras ojeaba los papeles que acababa de entregarle—. Mi humilde consejo es que lo dejes antes de que te cree una adicción y si quieres pastillas más divertidas... Bueno, podría decir que conozco a alguien que conoce a otra persona que podría conseguirte. Ya sabes lo que digo.
No estaba segura si lo decía enserio así que forcé una risita.
—Igual todo bien. No tengo nada en contra de que vayas al psiquiatra. Cada uno con sus mambos —dijo al tiempo que dirigía su mirada a la entrada y agregó—: Mira ahí viene Mélody. Es la otra mesera. Yo me encargo de la barra, de la música y hago las mejores hamburguesas del país.
—Hey, Gus. ¿Cómo va todo?—preguntó la sensual morocha que acababa de entrar al recinto.
—Aquí, Lidiando con la burocracia y el papeleo para que entre tu nueva compañera, Leda —. Nos presentó Gus —: Mel ella es Leda. Leda ella es Mel.
—Es bueno que hayan contratado a alguien. Me estaba volviendo loca tratando sola con todos esos borrachos —comentó la joven y me saludó con un beso en la mejilla—. Espero que te agrade trabajar con nosotros y no huyas espantada como la última chica.
—No la asustes. Ya le advertí que el sueldo es malo por ahora.
—Descuida, las propinas hacen que valga la pena y el trabajo no está mal una vez que le agarras el ritmo. Bienvenida, Leda —dijo Mélody sentándose sobre un banco alto que estaba frente a la barra.
—Muchas gracias —dije con sinceridad.
Estaba muy contenta de formar parte de su equipo de trabajo. Ellos actuaban como viejos amigos y se estaban esforzando por hacerme sentir bienvenida.
En pocos minutos el lugar comenzó a llenarse de clientes. La gran mayoría eran grupos numerosos de amigos de entre dieciocho y treinta y pocos años. También, había algunas parejas jóvenes y algún que otro solitario.
El trabajo era sencillo, pero agotador. Casi todo el mundo pedía alguna de las cervezas que la carta ofrecía, otros pedían tragos que Gus elaboraba con destreza y muy pocos llevaban algo de comer.
Mel y yo nos habíamos puesto de acuerdo para que cada una atendiese a la mitad de las mesas del local que no eran muchas, pero estaban repletas de personas. Incluso había gente que se acercaba a la barra y pedía tragos para llevar y un grupo de cinco jóvenes estaba esperando en la puerta de Caleidoscopio a que se desocupara algún sitio en donde sentarse.
El trabajo era agotador, pero el cansancio que me invadía era agradable en cierto sentido. Me sentía finalmente como una adulta. Ahora era responsable de conseguir mi propio dinero y si todo salía bien ya no tendría que depender económicamente de mi madre. Podría cuidar de Ariana. Lo único malo era que ahora vería aún menos a mi hija.
Cuando todos los clientes se fueron, Gus, Mel y yo limpiamos el recinto. Me dolían las piernas, pero no me quejé. Esa noche había ganado un montón de dinero, incluso un extranjero oriental me había dejado algunos dólares. Las propinas que me habían dado eran equivalentes a un cuarto de mi salario.
Al salir, Gus nos saludó a ambas con un beso en la mejilla y se marchó caminando en la dirección opuesta hacia la que yo tenía que ir para regresar a mi casa que estaba a unas pocas cuadras. Bostecé, estaba muy cansada. Me había despertado muy temprano la mañana anterior y había trabajado sin descanso toda la noche.
Mel me preguntó:
—¿Dónde tienes que tomar el autobús?
—Vivo a unas pocas cuadras. Regreso a casa caminando. Voy hacia aquel lado —dije señalando hacia la izquierda.
—Bueno, vayamos juntas hasta la avenida y ahí me quedo en mi parada.
—De acuerdo.

viernes, 21 de diciembre de 2018

¿Cómo tener éxito en una entrevista laboral?

¿Cómo tener éxito en una entrevista laboral?
   La entrevista laboral es una herramienta que se usa en el proceso de selección de personal. Es además, un diálogo que sostiene un propósito definido y no por la mera satisfacción de conversar. Es una conversación formal, para evaluar la idoneidad del solicitante.
   El objetivo de la entrevista laboral es determinar si el candidato puede desempeñarse en el puesto y cómo se compara respecto a los otros candidatos. Sirve para ampliar la información volcada en el Currículum Vitae.
   En primer lugar para el proceso de selección tiene que surgir en la empresa la necesidad de cubrir un puesto de trabajo. Se confecciona el perfil del candidato que se va a buscar. Se selecciona el método de reclutamiento. Luego, comienza un proceso de recepción de C.V. y selección de candidatos.
   La/s entrevista/s tienen varias etapas y puede tratarse de una sola así como de varias. Allí realizan test psicológicos o técnicos. Luego se coordina con el candidato elegido para que se haga estudios médicos y se procede a la inducción del candidato elegido.
   En ciertas ocasiones, primero se pasa por una entrevista con una consultora laboral, una segunda entrevista con el área de Recursos Humanos de la empresa y una o varias entrevistas con los superiores.
   El modelo de entrevistas puede variar de una empresa a otra y de un puesto a otro. En algunos casos las entrevistas son grupales, en otros individuales y a veces, cuentan con test psicotécnicos.
   En el caso de las entrevistas grupales, están pensadas para que creen pseudocompetencias entre los participantes. Se utiliza mucho cuando se busca personas que se desempeñen en el área de ventas.
   Hay entrevistas que se realizan en línea, vía Skype, por ejemplo para aspirar a un puesto en una empresa extranjera.
   Es importante, tomar nota de todo lo que digan por teléfono para coordinar la entrevista. Hay que conocerse a uno mismo y recordar experiencias de la escuela y de trabajos anteriores. Hay que prepararse para la entrevista y pensar qué tipos de preguntas pueden hacer, anticipando respuestas verdaderas que nos favorezcan. El muy importante, averiguar todo lo que se pueda sobre la empresa.
   Hay campos comunes en los que los entrevistadores suelen indagar:
   Campo de la experiencia: estabilidad en los puestos de trabajo, tareas realizadas, tareas que fueran de interés, deseos, críticas, virtudes y defectos, modo en el que se produjeron las desvinculaciones, etc.
   Campo educativo: nivel de instrucción alcanzado, continuidad de estudios, promedio, planes a futuro, por qué se abandonó, rol en los grupos de estudio, etc.
   Campo de intereses extralaborales: lecturas, tiempo libre, actividades adicionales, etc.
   Campo económico: salario actual, progreso económico y beneficios que la empresa brinda.
   Campo familiar: grupo familiar, a qué se dedican, con quién vive, etc.
   Preguntas frecuentes: ¿Qué conoce de la empresa?, ¿Fue despedido o renunció?, ¿Cuál fue su mayor logro profesional?, ¿Tuvo problemas con su jefe?, ¿Cuál es su mayor debilidad?, ¿Cuál es su mayor fortaleza?, ¿Qué busca en una empresa a la hora de trabajar?, ¿Si dice que está bien en donde trabaja, por qué está participando en este proceso?, ¿Cuáles son sus expectativas salariales?, ¿Cómo se ve en un futuro a mediano plazo?
   Algunas veces los entrevistadores prueban cómo la persona reacciona bajo situaciones de presión llevando a cabo una actuación para que la persona se sienta presionada a responder rápido o juzgada negativamente.
   Finalmente algunos consejos para llevar a cabo una buena entrevista laboral: Ser humilde con las virtudes y amable con los defectos, tener las respuestas en la punta de la lengua. Hay que llevar el Currículum Vitae, hay que saber el nombre y puesto de la persona que va a realizar la entrevista laboral, se debe estar preparado para cualquier tipo de preguntas, llegar a tiempo, demostrar entusiasmo equilibrado, vestirse adecuadamente (no llevar demasiado maquillaje, escote, ni polleras cortas, ir recatado), controlar postura y gestos, mirara  los ojos, identificar el valor que puede aportar a la empresa, aceptar errores pero encontrando soluciones, no ser interrumpido con el celular, no estar pendiente del tiempo ni del dinero, no mentir, no mostrar temor ansiedad o nervios, no hablar mal de otros trabajos y no comer, beber o masticar chicle.
Alejandra Abraham

Capítulo 30: El poder detrás del poder

Capítulo 30: El poder detrás del poder    Los magos y brujas que integraban el séquito de mi madre se arrodillaron y colocaron sus velas ...