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viernes, 21 de febrero de 2020

Capítulo 20: FUEGO

Me desperté al mediodía sintiendo un gusto amargo dentro de la boca. Parecía que mi cabeza estaba a punto de estallar. Al incorporarme de la cama me bajó la presión, pero no quería ni pensar en comer algo. Tenía el estómago completamente revuelto.
Recordé lo que había hecho la noche anterior y desbloquee enseguida mi teléfono. No tenía mensajes nuevos. Un profundo vacío invadió mi pecho. Al parecer, ya no le interesaba a Miguel en lo más mínimo.
Me lavé muy bien los dientes y luego, tomé un baño que resultó reparador. Más tarde, bajé a la cocina aún envuelta en una toalla. Encendí la televisión, casi por costumbre y me serví un vaso de agua con hielo. No me había dado cuenta de lo sedienta que me encontraba hasta que probé el primer refrescante sorbo.
Me preparé una taza de té verde y me senté en la mesa de la cocina a ver las noticias. Me quedé atónita con lo que una conductora del panel del noticiario estaba narrando.
Un incendio aparentemente premeditado se había desatado durante un motín y había acabado por destruir varias alas de la Prisión Nacional. El fuego se había cobrado las vidas de veintidós personas y muchas otras estaban hospitalizadas. Lo más alarmante había sido que entre las víctimas fatales se encontraban todos los que habían sido detenidos por la causa de los prostíbulos y las maternidades clandestinas. Si bien podría haberse tratado de una venganza, lo más probable era que fuese una forma de silenciar a los involucrados para que no dieran más información a la policía.
Me aterraba pensar que había un mundo clandestino que aún no había sido desenmascarado. Habían ayudado a escapar a los más poderosos con un plan extremadamente eficaz, posiblemente pensado hacía años. Aquellos quienes podían dar información habían sido silenciados con la muerte. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Me preguntaba cuánta gente habría implicada y qué tan grande sería la red.
Imaginé a las pobres chicas secuestradas siendo torturadas, violadas y obligadas a parir sólo para quitarles a sus hijos. Lo peor era que si ese negocio funcionaba era porque había gente que lo consumía. Me preguntaba si al comprar un hijo o al cuerpo de una mujer por unos instantes de placer sabían el daño que estaban haciendo.
Era algo completamente aberrante y si yo había estado en una situación como aquella, prefería que esos recuerdos estuvieran encerrados tras un muro de defensa psíquica. Algunas veces, la verdad es demasiado dolorosa y para escapar del dolor la mente tiene que abandonar la realidad.
No me sentía lista para lidiar con mi pasado. Tenía que proyectar mi mirada hacia el futuro o de lo contrario toda esa carga acabaría por destruirme. No importaba tanto quién había sido como quién podía llegar a ser.
El timbre de las notificaciones de mi celular casi me hace saltar de la silla. Mi corazón dio un salto dentro de mi pecho cuando vi su pequeña fotografía en mi pantalla. Me había enviado la respuesta al mensaje que le yo le había escrito después de unas copas de más.
Miguel decía:
¡Qué alegría que hayas encontrado empleo! Estoy muy feliz por ti. Disculpa por no haberte respondido antes. Estuve ayudando a mi hermano con su negocio. Así que parece que yo tampoco estoy desempleado. Es algo provisorio hasta que pueda volver a trabajar en un hospital, pero algo es algo. Mañana es mi día libre. ¿Quieres venir a mi casa a merendar?
A continuación me envió su ubicación, al igual que yo había hecho en mi mensaje del día anterior.
Estaba muy emocionada. Respondí enseguida:
Muy bien. ¿A las tres de la tarde te parece bien?
Miguel se tomó unos segundos para responder y finalmente escribió:
Perfecto. Prepararé algo rico.
Yo le envié un corazón y una carita sonriente y él me respondió con los mismos símbolos.
Estaba muy emocionada. De pronto, todo parecía ir de maravilla en mi vida social. Por fin tenía amigos y podría tener otra oportunidad con Miguel. Además, las pesadillas ya casi no me acosaban por las noches y si lo hacían, ya había aprendido a no dejar que me afectasen. Por otro lado mi hija se ponía cada vez más hermosa y veía a mi madre más feliz que nunca.
Intercambié un montón de mensajes con Mel contándole lo que había pasado y especulando sobre lo que podría llegar a suceder al día siguiente. Esperaba que todo resultase bien esa vez.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Capítulo 6: OPERATIVO REALIDAD

El día en el que nació mi hija sentí que me arrancaban la mitad de mi vida.
Aquella mañana mi mamá preparó café y tostadas. El calendario colgado en la cocina anunciaba que recién en nueve días iba a nacer mi bebé. Le comenté a mi madre que de los nombres que había sugerido, me había gustado mucho Ariana. Samuel fingía estar inmerso en la lectura de un libro de Calabozos y Dragones, pero llevaba varios minutos sin pasar la página, por lo que yo estaba segura de que nos estaba escuchando.
A mis espaldas, el televisor nuevo pasaba las noticias. Mi mamá frunció el ceño y subió el volumen. Giré la cabeza para observar sobre mi hombro. Aún no me acostumbraba a la alta calidad de imagen, pues diez años atrás tan sólo teníamos un viejo televisor de tubo. Una reportera hablaba desde la entrada de una chacra.
Habían desmantelado una importante red de trata de personas. Hasta el momento habían encontrado a más de ciento cuarenta mujeres que habían sido esclavizadas en burdeles clandestinos. Nueve personas ya se encontraban detenidas, entre ellos se destacaba un importante funcionario del gobierno y se estaba investigando a muchos otros políticos que podrían estar involucrados. Además, se hablaba de una presunta venta de bebés en maternidades clandestinas. La fiscalía señalaba que podría haber una vinculación con la policía que habría facilitado el funcionamiento de los prostíbulos desde hacía más de veinte años. De esto daba cuenta las declaraciones de dos víctimas que se habían logrado fugar hacía algunos meses y posteriores escuchas telefónicas.
Llamaron al teléfono de línea y mi madre se apresuró a contestar. Bajó el sonido del televisor para poder conversar. Noté que Samuel había dejado su libro sobre la mesa e intentaba escuchar lo que mi mamá decía. Ella se limitaba a asentir. La conversación no duró demasiado. Cuando volvió a la mesa confirmó lo que yo ya sospechaba.
—Creen que podrías haber sido víctima de esos malditos... —su voz se quebró antes de que pudiese terminar la frase. Se dirigió hacia donde yo estaba y me abrazó muy fuerte—. Al ser tan linda. Tus hijos deben haber sido hermosos y los deben haber vendido muy caros. Con razón no logras recordar nada. No debe haber sido nada bueno aquello por lo que pasaste.
Mi madre se puso a llorar y yo la abracé con más fuerza. Luego, Samuel se unió también al abrazo. Yo no estaba segura qué debía creer, pero sentía un enorme dolor en el alma y en el vientre. Sentí una punzada que me atravesó desde la parte baja de la panza hasta la espalda. Fue tan fuerte que me hizo gritar, al poco tiempo sentí otra y otra más.
Mi hermano pequeño se apresuró a llamar un Uber desde su teléfono celular.
—No estoy lista. Es demasiado pronto —la idea de parir en ese momento me asustaba profundamente.
—Tranquila, querida. Todo va a estar bien. Estoy contigo —repetía mi mamá sin dejar de acariciarme el cabello.

Capítulo 30: El poder detrás del poder

Capítulo 30: El poder detrás del poder    Los magos y brujas que integraban el séquito de mi madre se arrodillaron y colocaron sus velas ...