viernes, 2 de marzo de 2018

LA PRISIÓN DE LAS SOMBRAS


   Los tenues rayos de la luna eran la única fuente de luz. Daiana temblaba de frío y de miedo, aferrándose con los dedos temblorosos y entumecidos a los barrotes helados de aquel lugar que, posiblemente, se había convertido en su tumba.
   Daiana bajó la mirada. Había por lo menos cien metros hasta las olas negras de un tormentoso mar que rompían contra las rocas que formaban la base de la prisión en donde había despertado.
   Si tan sólo los barrotes no hubiesen estado tan juntos podría haberse deslizado entre ellos dejándose caer. Imaginó por un instante su cuerpo destrozado tras el impacto contra las irregulares rocas. Era una imagen perturbadora y posiblemente volver a morir no sería la solución para escapar de la muerte   Se dejó caer lentamente, apoyando su espalda contra la húmeda pared y abrazó sus piernas. Sintió como las lágrimas se le congelaban en las mejillas. Nunca en su vida había experimentado tanto frío.
   Mientras más intentaba evadir sus recuerdos, éstos se hacían cada vez más nítidos y se le imponían con fuerza, desterrando cualquier otro pensamiento de su mente. Aunque el intento de quitarse la vida para evadir sus problemas podría considerarse un acto completamente cobarde había necesitado armarse de mucho valor para animarse a hacerlo.
   Daiana había pasado sus doce años de vida deseando pasar inadvertida y de ese modo evitar los acosos y la crueldad de sus compañeros y al mismo tiempo había sido presa del profundo deseo de poder captar su atención e incluso de sentirse querida. Lo hubiera dado todo por ser aceptada y por convertirse así en juez en lugar de en víctima.
   Quizá si hubiera sido hermosa o por lo menos un poco más inteligente las cosas hubieran resultado diferentes para ella. Quizá si alguien la hubiera observado llegar a su casa llorando por enésima vez con el rostro empapado, quizá no se hubiera encerrado en el baño durante horas buscando la forma menos dolorosa para ponerle fin a todo. Quizá no hubiera tomado demasiadas pastillas para dormir con la vana esperanza de desaparecer para siempre.  
   Un lamento a lo lejos la sacó de aquella pesadilla que estaba recordando. El frío quemaba su piel y penetraba su cuerpo como miles de agujas de hielo. Ya no sentía el tacto en los dedos de los pies ni de las manos y cuando se movía dolorosos calambres en sus miembros le hacían volver a paralizarse. Aunque el frío era terrible, peores eran los recuerdos que volvían a su mente una y otra vez.
   La puerta se abrió con un chirrido dejando entrar a un extraño ser envuelto en una capa de humo negro. Asumiendo que sólo podía tratarse de la muerte misma, Daiana sintió como la tristeza y la desolación arrancaban de su pecho cualquier dejo de esperanza. Observó como la criatura levitaba hacia donde ella se encontraba hecha un ovillo en el suelo. Estaba cada vez más cerca. Aquel ser que no tenía facciones se acercó muy despacio a su aterrado rostro y unió el sitio en donde podría haber tenido los labios con los de ella.
   La capa del color de la noche pareció devolverle la visión. En el suelo una humana que le parecía vagamente familiar ya no respiraba y sus ojos estaban fijos en el techo. "Bienvenida" murmuraron las voces de sus nuevas hermanas dentro de su cabeza. De su interior emanaba frío, pero era una sensación agradable. No había nada por lo que preocuparse. Podía sentir el miedo cerca, la tristeza de cientos de personas que estaban allí sólo para alimentarla a ella y a sus hermanas parcas.
   Se deslizó a gran velocidad por los pasillos. Desde el interior de las celdas se filtraban hilillos de vitalidad. La inteligencia colectiva a la que pertenecía ahora estaba conformada por millones de almas que a su vez era una sola, superior y omnipresente. Era la vida y la muerte al mismo tiempo. El presente y el futuro coexistían en su ser y hacían que se sintiera completamente plena.  
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

2 comentarios:

  1. ¡Genial! De verdad me llegó. Ya he leído varios de tus trabajos en megustaescribir pero acá hacerlo en un blog es más grato.
    ¡Sigue así!

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    1. Muchísimas gracias por los ánimos, Alice 😊 Te mando un abrazo enorme.

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