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viernes, 5 de octubre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 25

                  CAPÍTULO 25: CONFESIONES
    Ariel y yo bajamos juntos del colectivo, ya que él se había ofrecido a acompañarme hasta mi casa. Me voltee al escuchar la voz de Teby gritando mi nombre y noté que venía corriendo hacia nosotros.
   —Tamara, necesito hablar con vos. Es urgente. Pasó algo terrible.
   Noté que Ariel lo observaba con el ceño fruncido, mientras tanto Teby fingía ignorarlo. Me apresuré a decir:
  —Bueno, pero Ariel…
   —Es que… es urgente y estás involucrada…
   Me miraba con un aire suplicante y a la vez muy tierno. No podía negarme. Le tomé la mano a Ariel y le anoté mi número de teléfono.
   —Por favor, llamame cuando quieras. No te enojes, pero él no suele ser así, algo malo debe estar pasando.
   —Sí, es algo terrible. Si ella lo considera pertinente te lo contará después, pero si por mí fuese no te enterarías.
   Esteban miraba a Ariel con arrogancia y en cada sílaba se notaba un aire de desprecio. Sonreí, me divertía mucho verlo celoso, si eso era lo que le pasaba.
   Ariel besó mi mejilla y añadió:
   —Te llamo más tarde. Nos vemos, hermosa.
   Luego, se alejó sin despedirse de Teby. Acto seguido, lo interrogué:
   —¿Qué pasó?
   Él miró al piso y con una media sonrisa insinuó.
   —Bueno, en realidad nada. Es sólo que no quería que él supiese donde vivís.
   Me molestaba bastante su actitud, pero a la vez me daba cuenta de que en verdad debía estar interesado en mí.
   —¿Qué pasa?, acaso, ¿no será… Que estás celoso?
   —Por supuesto que no. Tamara, ¿no te das cuenta de que este muchacho esta involucrado con gente realmente oscura y peligrosa?
   Estaba muy ofendida con él. Me trataba como si fuese una ingenua que no sabe cuidarse por si misma. Había sido yo la que había salvado su vida de la multitud de banshees, o al menos, era lo que yo creía.
   —Ahora que recuerdo, yo te vi hablando con el hombre de la tienda. ¿No será que en realidad quien está involucrándose en asuntos peligrosos sos vos y no yo? Esteban, ¿sos consiente del peligro en el que estás?
   —¿Realmente creés que haría algo para perjudicarme?
   Tomé su brazo. Los finísimos cortes aún no habían cicatrizado. Lo miré seriamente a los ojos y respondí con claridad:
   —Sí, realmente lo creo. Además, estoy segura de que intentaste acercar a las banshees. ¿Vas a negar que las invocaste?
   —En un momento, pensé en que yo solo podía controlarlas, pero estaba equivocado. Ellas me debilitaban. Por suerte, algún demonio y mis hechizos de protección lograron alejarlas anoche. Fue la primera noche, después de muchas en la que al fin pude dormir tranquilo.
   El demonio que había visto, podría haber sido mi espíritu. Recordé los símbolos dibujados en sangre y lo interrogué:
   —Los pentagramas que dibujaste en tu habitación, ¿en verdad las alejaban?
   Sus ojos demostraron sorpresa ante mis palabras.
   —¿Cómo sabés que dibuje pentagramas en mi habitación?
   —Creo que anoche abandoné mi cuerpo y en un extraño viaje estuve junto a vos cuando las banshees llegaban. Creo que yo soy el demonio que viste.
   —Entonces, ¿generaste la luz que nos rodeó?
   Asentí con la cabeza.
   —No debiste hacerlo, fue peligroso, una tontería de tu parte… pero… ¿Cómo hiciste?
   —No sé. Pensaba en cómo protegerte y me adormecí. Cuando me di cuenta, flotaba sobre mí y solo un hilo de plata me unía a mi cuerpo. De pronto, estaba en tu casa y supe exactamente lo que tenía que hacer… Es decir, no tengo mucha idea de cómo sucedió.
   Me interrumpió, restándole importancia a mis palabras.
   —Ah… simplemente, hiciste un viaje astral.
   —Al regresar, vi a la muerte esperándome. No había banshees allí, sólo un ángel negro, el ángel de la muerte.
   Palideció de repente y me estrechó fuertemente entre sus brazos. Sentí que todo su cuerpo temblaba. Susurrándome al oído confesó:
   —Yo me muero si te pierdo.
   Lo aparté un poco de mí con suavidad y clavé mis ojos en el mar gris de su mirada. Podía leer en su rostro lo que sentía por mí, pero lamentablemente agregó:
   —Tenemos que estar juntos. Es nuestro destino, pero… no podemos mezclar las cosas. Quizás, en un futuro todo podría ser diferente. Por ahora, necesitamos estar juntos para defendernos mutuamente. Debemos ser fuertes. Involucrando nuestros sentimientos nos debilitaríamos… ¿Y si alguno de los dos dejara de sentir?... Vos ya conociste a otro chico, aunque no deberías confiar en él. Es peligroso.
   Besó mi mejilla, me regaló una triste media sonrisa y se alejó sin mirar atrás.
   Volví a mi casa con la soledad como mi única compañía. Nuevamente me encontraba sola. Una fugaz lágrima surcó mi rostro. El destino decidiría lo que tenía que pasar. La decisión de Teby ya estaba tomada, pero no podíamos negar lo que ya sentíamos.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 28 de septiembre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 24

                CAPÍTULO 24: EL PODER OCULTO
    El viaje de ida había sido largo y muy rico en información. Tenía la certeza de que Ariel pertenecía o había pertenecido a un grupo oscuro. No sólo lo creía por las vestimentas que usaba y la música  que escuchaba, o por el anhelo de sentirse parte… yo sabía que la oscuridad por la que estaba seducido, pero de la que aparentemente deseaba huir, era de alguna manera clandestina y secreta. Su abuelo obviamente tenía poder y sabía de mí. No estaba segura por donde comenzar a indagar.
    —¿Tu abuelo es hechicero?... ¿Tus padres… vos?
    Pareció incomodarse con la pregunta.
   —No te acerques ni a mi abuelo, ni a mi madre… y mejor no te acerques a muchas de las personas que creas que están relacionadas con la magia.
   —¿Por qué?
   —Es peligroso y aún más para una chica. Además de hechicera sos muy joven aún.
   Me molestó su incómodo comentario.
   —No entiendo que tiene que ver una cosa con la otra.
   —El día en que nos conocimos, te dije que me había alejado de un grupo. En realidad, me es casi imposible hacerlo. Toda mi familia pertenece a una secta. Buscan continuamente "reclutar" gente especial, por decirlo de alguna manera. Cuantos más son los integrantes más fuerza tiene el grupo aunque a la vez, están más expuestos. A veces se separan en células más pequeñas que están coordinadas entre ellas. Bueno, en síntesis, siendo tan joven y teniendo poderes te pueden utilizar y no te gustaría. Los rituales, no son como vos crees. Estos no se limitan a la concentración y a la meditación. En ellos hay alcohol, drogas y sexo. Con la excitación sexual, logran desprender más energía y los estimulantes dejan fluir del inconsciente, su maldad interna. La sangre, es parte de los rituales. La producen, la beben y la emplean en conjuros. Ellos creen que lo que está hecho con sangre, sólo la sangre lo puede revertir. Hay muy pocas personas que logran entrar y salir ilesos de estos grupos. Yo no quiero pertenecer ahí, pero crecí rodeado de esta locura.
   —¿Qué pueden lograr con todo esto?
    —¿No es obvio?... Sólo buscan poder, poder en todos los campos, así sean políticos, económicos, venganza, seducción y todo lo que se te pueda ocurrir.
   —Entonces, ¿me querés decir que los políticos son integrantes de estas sectas?
   —Por supuesto que no. Los más poderosos nunca mostrarían sus rostros tan públicamente. El poder real está detrás del poder. Es EL PODER OCULTO.
    Quedé perpleja, ante tanta sinceridad.
   —¿Por qué me contás todo esto?
   —Porque yo no voy a poder salir… pero puedo evitar que vos entres. Vi a mi abuelo muy interesado en vos, una pequeña y solitaria hechicera buscando en qué creer y a dónde pertenecer. Te pueden dar muchísimo poder, pero son capaces de quitarte mucho más de lo que estés dispuesta a dar.
   —¿Sabés si ya hay gente capaz de controlar a las banshees?
    Movió la cabeza con una sonrisa forzada.
   —Es increíble que ya sepas tanto. Te subestimaba. Hasta donde yo sé, sólo hay una persona y sus seguidores que lo intentaron. ¿Por qué me preguntás esto? No te involucres en algo tan peligroso. Nada se consigue sin dar algo a cambio y puede haber cosas peores que la muerte.
   Un escalofrío recorrió mi cuerpo antes de responderle. ¿Qué podía ser peor que la muerte?, ¿sería tal vez, querer morir y no poder hacerlo?, ¿tener el espíritu esclavizado? Por alguna razón no me atreví a preguntarle. Aún, no estaba lista para enfrentar esa respuesta. Me limité a responder:
   —Creo que el padre de un amigo, está intentando controlarlas.
     No quería darle demasiada información, no estaba totalmente segura de Ariel.
   —La persona de la que te hablo es una mujer. No es el padre de tu amigo. Es una muy malvada y oscura mujer. Nunca ha habido alguien que maneje las cosas que ella controla. Tiene mucho poder y no tiene escrúpulos para limitarlo. Podría asesinar a su propia descendencia con tal de incrementar su fuerza.
   Hizo una pausa y continuó.
   —Aun cuando estés sola y utilices tu magia tenés que ser prudente. Nunca pidas algo que no estés dispuesta a pagar. No es como algunos dicen. No es el lo malo lo que vuelve, sino que hay que pagar un precio por lo que se pide.
   Reflexioné acerca de lo que me había dicho. Volvía a tentarme la idea de controlar la muerte. Me horroricé ante esos pensamientos. ¿Dónde estaría el límite? ¿Hasta qué punto daríamos lo que fuera para recuperar a alguien? ¿Sería yo capaz de apagar una vida con tal de recuperar otra? Me sentía mala al pensar en esto. Aparentemente, la mujer de la que me hablaba Ariel, no tenía ningún escrúpulo y posiblemente utilizara el control de la muerte, de los espíritus, demonios, elementales y otros seres de los cuales hasta entonces yo ignoraba su existencia, para aumentar su poder en este plano.
   —¿La gente de estos grupos, sacrificaría a seres vivos, para lograr sus fines?
   Con total naturalidad me respondió:
   —Sí.
   —¿Tu familia también?
   —También.
   —Y ¿Vos?
   —Llegamos a la parada. Bajemos ahora.
   No volvió a tocar el tema. Yo sabía que él era capaz de eso. No necesitaba que me lo confirmase. El poder siempre aniquila los escrúpulos y aunque él quería ser libre y alejarse de su entorno, la tentación de poseer un control creciente sobre las cosas y sobre las masas de personas debía ser aún mayor para él. Lamentablemente, también para mí. Los seres humanos siempre quieren tener más poder, nunca menos. ¿En quién me estaba convirtiendo?
   Infinidad de pensamientos surcaron mi mente mientras esperaba a que Ariel saliese del imponente edificio. Bajo la sombra de las majestuosas y altísimas columnas de mármol, me sentía transportada en el espacio y en el tiempo hacia un místico escenario griego. Me di cuenta de que hasta donde yo sabía, a lo largo de los siglos no habían quedado huellas en la historia de la magia de nadie capaz de controlar el curso de la vida. Nadie había logrado eternizase.
   De pronto, como si alguien susurrase a mi oído la respuesta a mis pensamientos, lo comprendí todo en un instante, como con la luz de un relámpago que alumbra una habitación y aclara cada rincón de la misma. Poco tiempo atrás, había visto a la muerte junto a mi cuerpo dormido. Esperando para cortar el hilo de plata que se unía a mi espíritu. El ángel, la muerte misma, estaba allí. Con sus ojos tan fríos, capaces de congelar mi alma con sólo mirarla. Sola. Rodeada de soledad. No había banshees ni demonios, sólo estábamos la muerte, el silencio y yo. Comprendí entonces que las banshees pueden alimentarse del miedo a la muerte, pero tal vez, no es necesario que esta, esté cerca.
   ¿Alguien sin escrúpulos sería capaz de enviar a las banshees, para inducir un suicidio…?. Las hechiceras creían desde los principios del tiempo, que si su muerte es causada por uno de estos espectros sus espíritus se convertirían en algo semejante, siendo esto peor que la muerte misma. Seguramente, preferirían ofrendar sus almas a los espíritus elementales, como lo habían hecho mi abuela y su madre, para no sufrir tal eterna condena. Mi abuela era una mujer fuerte, sana y relativamente joven. No era su momento aún. Quizás, había sido engañada por los que pertenecen a la oscuridad. Todo se relacionaba cada vez más. Me dolía que mi abuela hubiese sido engañada, prácticamente asesinada. Su muerte había sido en vano e inducida. ¿Quién o quienes habrían querido matarla? y ¿por qué? Ella vivía prácticamente aislada del mundo en su isla. ¿Viviría allí para huir de algo o de alguien? ¿Por qué me habría relacionado a mí con Esteban? ¿Tendría algo que ver su misterioso pasado? ¿Cómo la  habrían encontrado?
   Estaba segura de que su fallecimiento estaba relacionado con el enigmático marco que rodeaba el nacimiento de Esteban. Sin ir más lejos, ella se había mudado a la isla poco antes de que yo naciese. Inesperadamente me sobresaltó sentir la mano con numerosos anillos de Ariel apoyándose sobre mi hombro.
   —Ya podemos irnos, niña linda.
   Durante todo el viaje de vuelta me habló muy entusiasmado de cómo sería su carrera y de las materias que cursaría. De todas formas, yo ya tenía las respuestas que había hallado en mi intrincado laberinto interior.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 21 de septiembre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 23

        CAPÍTULO 23: UNA ESCENA INESPERADA
   Abrí la cortina, el sol comenzaba a salir ahuyentando las sombras de la noche. Estaba segura de que había alejado a las banshees de Teby y que él pensaría que sus invocaciones no habían dado resultado.
   Acababa de ver a la muerte junto a mi cuerpo dormido,  aguardando. Las banshees no habían anunciado a ese ángel. Me preguntaba si realmente lo anunciaban, o acaso sería que yo no le tenía miedo a la muerte. Quizá los conocimientos ancestrales eran erróneos. Varias lágrimas surcaron mi rostro al pensar en que la muerte de mi abuela podía haber sido en vano. Quizá lo que ella pensaba estaba equivocado y su suicidio era un error del destino.
   Quería buscar información para aclarar mis dudas. Me dolía pensar en que mi abuela podía haber estado equivocada. Hasta ese momento ella era perfecta para mí y pensé que quizá ni siquiera los espíritus tenían todas las respuestas. Simplemente ellos estaban en otro plano. Quizás el mundo espiritual era complejo como si se tratase de un engranaje más de un sistema universal.
   Algo me decía que la revelación de este enigma no sería aclarado por espíritus ya que sus respuestas eran ambiguas. Tampoco las iba a conseguir a través de Teby. Él nunca tendría que saber que yo lo había protegido. Su soberbia lo llevaría a caer en la tentación de atraerlas nuevamente. No buscaría en mi grimorio, pues creía que mis antepasados tenían un concepto erróneo. De lo que estaba segura era de que había gente con el alma tan oscura que intentaba controlar a la muerte y eran capaces de experimentar con la vida para incrementar su control sobre los seres mágicos y humanos.
    Durante el desayuno, me seguía preguntando dónde podría encontrar respuestas y de pronto, como una señal inesperada, un grito de mi madre, un lamento de mi padre y el ruido de cristales rotos me sacaron de mis pensamientos. Samanta había saltado a la mesa, algo que nunca antes había hecho y había roto el pequeño frasco de jalea real que yo había comprado poco tiempo atrás.
   Sonreí emocionada, todo tenía sentido, tenía que volver a hablar con Ariel tal y como se lo había prometido. Él en su pasado había pertenecido a algún grupo oculto, yo estaba segura de eso. Quizá también ahora pertenecía a uno. Tal vez él era parte de una secta o sabría de alguna que estuviese intentando experimentar con banshees.
   Reparé en que mi madre me miraba extrañada por mi repentina felicidad. Frunciendo el ceño me reprendió:
   —Claro, a vos no te gustaba la jalea y amaestraste de alguna manera a esa cosa para que la tire. Quiero que vallas hoy mismo a comprar más…
   Mi padre me defendió:
   —No te la agarres con la nena…. No se puede amaestrar a un gato, Tamara no tiene la culpa. Es el instinto animal.
   —Sí, es verdad. El gato es de ella y se va a hacer cargo. Así que agradecería muchísimo que compre dos frascos hoy mismo, por si ese mugroso animal vuelve a repetir su hazaña.
   Asentí con  la cabeza y me dediqué a terminar mi desayuno. Estaba muy feliz. Sentía que Samanta había leído mis pensamientos o que alguien le había sugerido que hacer.
   Después de que mis padres se fueron, tomé el colectivo y me dirigí a ese maravilloso y esotérico lugar, el entorno de la iglesia gótica. Recién estaban abriendo los negocios. Pasé por el lugar en donde había comprado el péndulo, pero aún se encontraba cerrado. Supuse que si Ariel no tenía las respuestas, era posible que el viejo que atendía el local sí las tuviese. De todas formas, prefería preguntarle a Ariel. Había algo en el viejo que me daba miedo.
   Cuando entré en la herboristería que estaba justo frente a la iglesia. La escena que menos esperaba ver se presentó frente a mis ojos. El negocio estaba siendo atendido, no por Ariel sino por el viejo que me había vendido el péndulo. Estaba entablando una seria conversación con Esteban. No pude reflexionar en qué estarían haciendo Teby y el viejo juntos en el negocio de Ariel y sin Ariel.
   El anciano me sorprendió intentando escuchar su conversación y me dijo:
   —Hola, pequeña hechicera. ¿Qué te trae por aquí?
   Teby volteó la cabeza hacia donde me encontraba yo petrificada y palideció aún más de lo normal. Sin darme tiempo a responder a la pregunta del viejo, Teby se apresuró a llegar junto a mí. Tomó mis hombros. Besó mi mejilla y en un rápido susurro me advirtió.
   —Aquí no hay respuestas, sólo peligro para vos. No te acerques a esta gente.
   Luego, se fue casi corriendo y antes de que yo pudiese reaccionar el viejo insistió:
   —¿Niña?
   Aún mirando hacia la entrada por donde Teby acababa de salir, me apresuré a responder:
   —Dos frascos de jalea real, por favor.
   Me los entregó muy rápido y le pagué. Me apresuré a salir del local. Quería alcanzar a Teby, pero en la puerta del negocio Ariel me detuvo mostrando mucha alegría en su rostro.
   —Tamara… volviste.
   Ariel besó mi mejilla y desde el fondo del negocio el viejo preguntó:
   —Así que conocés a la pequeña hechicera.
   Ariel frunció el ceño y habló lento y claro, poniendo énfasis en cada sílaba:
   —Abuelo, ella es mi amiga… ¿Entendés?
   Podía sentir la frialdad y el odio en su voz. Luego, agregó con más tranquilidad:
   —Ya hablé con mamá. Dice que va a atender tu negocio mientras yo me voy a anotar en la universidad.
   Volteó hacia mí y me preguntó:
   —¿Tenés algo que hacer ahora?
   Con una pequeña sonrisa respondí:
   —¿Hablar con vos?
   —Buenísimo. ¿Me acompañás a la universidad? Me quiero anotar en psicología. El viaje es largo y aburrido. Después, me comprometo a acompañarte hasta tu casa. ¿Tu mamá te dejará?
   Sentí que me estaba tratando como a una niña. No estaba segura si es que yo le gustaba o acaso le inspiraba un instinto paternal.
   —Tengo la edad suficiente para decidir por mi misma… además… no tiene por que enterarse. ¿O sí?
   Él se rió.
   —Bueno, mejor vamos, así charlamos un rato… me caés muy bien, niña.
   La palabra "niña" comenzaba a ponerme nerviosa. Él no podía ser más de dos o tres años mayor que yo. Además, no me gustaba que me viese como una niña. A mí me parecía seductor, pero, ¿y Teby?. ¿Acaso yo no estaba enamorada de él? ¿Qué era el amor realmente?
   Mientras me encontraba caminando por la calle con Ariel, me invadió una incómoda sensación de culpa, como si estuviese engañando a Teby, aunque sabía que no tenía nada pactado con él y tampoco con Ariel, al menos no por ahora. No tenía motivos para sentirme culpable. De todos modos, deseaba realmente no encontrarme con Esteban nuevamente esa mañana y mucho menos, en compañía de mi nuevo y oscuro amigo, si eso es lo que era. Estaba comenzando a sentirme incómoda con tanto silencio, por lo que decidí romperlo.
   —¿Cómo decidiste estudiar psicología?
   Pasó su brazo sobre mis hombros y seguimos caminando. Luego respondió:
   —Mirá, muchos dicen que no se debe estudiar psicología para entenderse a uno mismo, pero yo creo que si yo no puedo entenderme, nunca voy a poder entender a los demás. Quiero saber cómo funciona lo inconsciente y lo consciente. Entender el por qué de las acciones de los seres humanos. Para ser sincero, no me interesa solamente ayudarlos sino también… mejor otro día te explico, no creo que lo entiendas. Esta es la parada.
   Nuevamente, me había tratado como a una niña tonta. Odiaba esa actitud, sin embargo él tenía algo que me fascinaba.
   Una vez en el colectivo, después de que tomamos asiento me indagó. Quizás ya algo de psicólogo tenía. Él sabía que me moría de ganas de hacerle una pregunta que no me animaba a formular.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

Capítulo 30: El poder detrás del poder

Capítulo 30: El poder detrás del poder    Los magos y brujas que integraban el séquito de mi madre se arrodillaron y colocaron sus velas ...