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viernes, 16 de noviembre de 2018

PORTALES CÓSMICOS (Pertenece a laColección de cuentos EL PERIODISTA)


   Matías se aferró a su asiento. Era la tercera vez que se subía a un avión, pero aún no lograba acostumbrarse al despegue. Observó por la ventanilla y vió que los objetos parecían desplazarse a toda velecidad. Se sintió oprimido contra su respado y cerró los ojos por un instante.Al abrirlos se dió cuenta de que estaban volando.
   Se relajó un poco una vez que ganaron altura y el aeropuerto se tornó lejano. El periodista envidiaba la capacidad de relajación que tenía Rodrigo. El fotógrafo se había quedado dormido apenas habían tomado asiento y ahora roncaba a su lado.
   Aunque el vuelo a Misiones no era demasiado largo, lamentó no haber tenido el tiempo para reemplazar el celular que le habían robado hacía unos pocos días. Cuando le ganó el aburrimiento, sacó la libreta que siempre llevaba con sigo y se puso a dibujar.
   Nunca había sido un asiduo dibujante, pero su mano guiaba la lapicera como si supiera lo que hacía. Una vez que terminó, contempló el producto con orgullo. No era ninguna obra de arte, pero para alguien que llevaba años sin dibujar, resultaba satisfactorio.
   El retrato en tinta de aquella misteriosa mujer que había desaparecido y posiblemente se había robado su celular, sonreía con malicia desde el centro de la hoja. Matías cerró su libreta y la guardó en el bolsillo de su campera de jean. Era mejor que Rodrigo no lo viese. Aunque el fotógrafo había sido testigo de como lo habían dejado plantado, Matías no había mencionado la pérdida de su teléfono. Para conservar su orgullo, había dicho que lo había vendido para comprar uno mejor y le estarían entregando el nuevo equipo en unos días.
   Una vez en el aeropuerto, Rodrigo rentó un auto. Matías aprovechó el viaje hacia el hotel, para apreciar el hermoso paisaje. La vegetación era exuberante y entre los diferentes estratos de la selva se veían pájaros increíbles. Llegó a distinguir un tucán cuyos colores contrastaban con las distintas tonalidades de verde. Momentos como ese lo hacían amar su trabajo, ya que era como estar de vacaciones.
   Se registraron en una pensión que estaba enfrente de un lujoso hotel. En el baño de la habitación había unas hormigas que tenían el tamaño de la uña de un pulgar que debían haber entrado ahí por una ventanita que permanecía entornada. Matías esperaba no toparse con ningún otro tipo de insecto gigante, especialmente en el lugar donde pasarías las siguientes noches.
   No se demoraron demasiado dentro de la habitación y se dirigieron al hotel internacional en donde se suponía que iban a encontrarse con un reconocido investigador paranormal.
   En Buenos Aires, cuando se enteró que la estrella del canal de historia iba a llegar al país, había movido cielo y tierra para poder pactar una nota con él. El joven periodista se sentía bastante identificado con aquel experto en ufología y esperaba algún día llegar a ser tan famoso como él.
   No pudo evitar sentir como la decepción se apoderaba de su ser, cuando la recepcionista les comunicó que la reserva había sido cancelada por un contratiempo inesperado. Matías y Rodrigo compartieron la misma mirada sombría. Habían invertido muchísimo tiempo para convencer a su jefa de que era muy importante hacer un viaje a Misiones y así conseguir el testimonio del investigador paranormal más famoso del momento. Si no conseguían hacer una nota que justificase la inversión económica que había hecho la revista, se jugarían sus empleos.
   Afortunadamente no tuvieron que esforzarse demasiado en  encontrar un evento relevante que estuviese a la altura de la frustrada entrevista. Apenas salieron del hotel, dos señores mayores se dirigieron hacia ellos y fue como si el universo moviera los hilos del destino a su favor.
   A partir de ese momento se dieron una serie de eventos que se fueron desarrollando de la manera correcta para que pudieran conseguir una nota tan buena o mejor que la que habían ido a buscar.
   —Disculpen las molestias —dijo el más alto de los hombres quitándose la gorra y dejando al descubierto una calvicie insipiente. —¿Son ustedes los enviados del canal de historia?
   Guiado por un impulso y sin saber muy bien por qué lo hacía, Matías mintió.
    —Sí —dijo y esquivó la mirada de sorpresa de Rodrigo.
    —¡Excelente! Mi nombre es Luis y mi compañero se llama Diego, pero le dicen El Mudo. Quedó tan impresionado la primera vez que abrimos las puertas cósmicas que no volvió a hablar el pobre. ¿Están seguros que quieren hacerlo hoy? Si no lo hacemos esta noche vamos a tener que esperar otras tres lunas llenas para hacerlo —. Luis les dedicó una mirada muy seria mientras El Mudo asentía en silencio.
   —Sí. Por supuesto, estamos preparados para enfrentarnos a eso —esta vez fue Rodrigo el que habló.
   Matías se relajó un poco. Quizás pudieran seguirle la corriente a aquellos hombres y apropiarse de la nota que tenía planeado el programa de ufología. Con un poco de suerte no serían descubiertos y podrían conservar sus empleos después de todo.
   —Disculpe mi atrevimiento, señor, pero por lo que nos dijo su asistente por teléfono, imaginé que me encontraría con alguien de más edad.
   Palideció. Se sentía descubierto, no sólo estaba claro que no era un investigador de cuarenta y tantos años, sino que su acento delataba que era argentino. Intentó parecer despreocupado e improvisó:
   —Me disculpo en nombre de la producción del canal. Se suponía que iban a avisar que surgieron algunos imprevistos y el equipo no pudo llegar. Sin embargo, sabiendo que los fenómenos astronómicos eran propicios para la apertura de los portales, optaron por asignarnos a nosotros, sus corresponsales de Argentina.
   No pasaron más que unos pocos segundos en lo que Matías contuvo la respiración esperando a que Luis dijese algo. Afortunadamente, creyeron su historia.
   —Bien, bien. Es bueno que los jóvenes se interesen por temas serios como estos —dijo dándole una palmada en el hombro al periodista.
   El Mudo hizo unas señas que Matías no comprendió y luego Luis lo tradujo para ellos:
   —Si les parece bien, deberíamos ir yendo. Lo mejor es empezar el ritual al anochecer, cuando apenas se hace visible la luna llena. ¿Tienen auto?
   —Claro, la producción nos dio uno —Contestó Rodrigo. Se notaba que estaba nervioso y Matías pensó que sus frases resultaban algo sobreactuadas.
   —No se preocupe, mi hijito. No es más que un portal de comunicación con los habitantes de otros planos de existencia. No le harán daño, aunque debo admitir que puede ser una experiencia fuerte para quien lo hace por primera vez —. Luis había interpretado el nerviosismo de Rodrigo como miedo o quizás Matías había interpretado el temor como nervios por fingir ser quienes no eran.
   La conversación no se demoró mucho. Luis les dijo que era chamán y que dirigía a un pequeño grupo de personas para que encontraran su camino psíquico-espiritual. El Mudo, era el hermano de Luis y había sido dotado con el poder de curar a la gente. Sólo tenía que tocar a la persona con sus manos y el dolor se aliviaba.
   Matías y Rodrigo dieron nombres falsos e intentaron no brindar demasiada información sobre ellos ya fuese real o inventada. Luego subieron a su vehículo y siguieron al auto del chamán cuyo caño de escape iba tirando una nube de humo gris a medida que avanzaba.
   El paisaje era precioso, pero había muchísima pobreza y cada vez que se detenían ante un semáforo o una señal de tránsito, grupos de niños humildes que no podían superar los doce años, se acercaban a ellos vendiendo piedras semipreciosas o pidiendo monedas. Cuando llegaron a la humilde casa de Luis, Matías había adquirido una colección de piedras para regalarles a sus padres, a sus hermanos e incluso había comprado unos pequeños árboles de la vida hechos en piedra y alambre para Florencia y Gastón, sus compañeros de trabajo.
   La diferencia de temperatura que había entre el interior del coche con aire acondicionado y el sofocante calor exterior hizo que Matías se mareara un poco al bajar. Siguieron al chamán por un pequeño sendero en la selva. Lamentablemente no se habían colocado repelente y al llegar a la vivienda estaban cubiertos de picaduras de mosquitos.
   La cabaña de Luis consistía en cuatro paredes de madera con un techo de chapa. En el interior estaban esperando una decena de personas de diferentes edades. Todos se presentaron con mucho entusiasmo y Rodrigo les tomó algunas fotografías. Luis dijo que no había problemas de que filmases o sacaran fotos hasta que el ritual comience. Una vez que abrieran los portales cósmicos, tendrían que ser respetuosos con los habitantes de otros planos y no podrían usar ningún tipo de cámara.
    Se sentaron en círculo con las piernas cruzadas y Luis comenzó a decir algunas palabras en lo que Matías supuso que era guaraní, aunque no estaba del todo seguro. Una anciana les sirvió una taza de té a todos los presentes mientras Luis con los ojos en blanco seguía hablando. La taza de Matías consistía en un envase de yogurt que había sido lavado. El té artesanal estaba bastante bueno, aunque él lo hubiese preferido con un poco de leche y una cucharada de azúcar. A su lado Rodrigo que estaba muerto de sed por el calor húmedo que hacía en esa pequeña habitación, se tomó su bebida caliente de un sorbo y le sirvieron más enseguida.
   Alguien encendió una fogata en el centro de la habitación, lo que a Matías le pareció una pésima idea, pues no sólo hacía como cincuenta grados ahí adentro, sino que la cabaña era de madera. Rodrigo tomó una fotografía al fuego y la anciana le pidió amablemente que le entregara la cámara, pues no debería haberlo hecho. El fotógrafo se desprendió con pesar de su objeto más preciado. Matías sintió algo de pena por él. Desde que lo conoció, sólo lo había visto separarse de la cámara para bañarse o dormir y sabía que si llegaba a perderla sería como si le robasen una parte de su alma.
   Algo en el fuego hizo que Matías apartase la mirada de su amigo. Una sombra muy negra tapaba la luz del fuego. Era como una silueta humana y se hacía cada vez más nítida. A pesar del calor, un escalofrío recorrió su cuerpo e hizo que su sangre se helara.
   Observó que a su lado Rodrigo temblaba y lloraba sin disimular. Tenía la miraba fija en el fuego y se lo notaba consternado y con un profundo pesar.
   No era el único con el rostro empapado por lágrimas y sudor. En la ronda muchos habían comenzado a llorar y algunos hablaban en voz baja con la sombra.
   Era una situación bastante aterradora, pero Matías sentía curiosidad ante todo. Tenía que haber algún truco, quizás un proyector escondido en la habitación. Miró a su alrededor, pero no vio nada extraño aunque seguía mareado por el calor y la deshidratación. Tomó un poco más de té. No había notado en que momento le habían servido más y hubiese preferido una gaseosa bien helada.
   La misteriosa sombra avanzó hacia donde él estaba sentado. Era como si su rostro sin facciones se hubiese concentrado en él. Se arrastró aún sentado hacia atrás con el corazón latiendo a toda velocidad en su pecho.
   Luis había asegurado que no podían hacerle daño y se aferró a ese pensamiento para no salir corriendo. El algún momento Rodrigo se había dejado caer y ahora lloraba como un niño abrazando sus piernas.
   El chamán aplaudió y apagaron el fuego con un balde de agua. El humo hizo que la gente comenzara a toser. La sombra ya no estaba y las personas parecieron volver en sí. Rodrigo volvió a sentarse y limpió su rostro con las palmas de sus manos. Tenía los ojos enrojecidos, pero había dejado de llorar. Matías, por su parte se sentía completamente embotado y confundido. Quiso tomar un sorbo de té, para aclarar su mente, pero alguien había retirado todas las tazas.
   Entonces lo comprendió. Seguramente habían colocado alguna especie de droga en sus bebidas y quizás también en la fogata. Seguía mareado y tenía el estómago revuelto, la sombra que había visto tenía que haber sido una alucinación causada por algún estupefaciente. Quería salir de allí lo antes posible.
   Rodrigo se le acercó y su voz resonó como un eco en su cabeza.
   —¿Viste lo que yo vi? —. Tenía la voz algo ronca y la mirada ausente. —Era mi papá. Es decir, falleció de cáncer cuando yo tenía cinco años, pero estoy seguro de que era su silueta. Es triste, pero a la vez me alegra de que pueda seguir viviendo aunque sea en otro plano y que haya algo más. Mi mamá es católica, yo nunca creí en nada de esto hasta hoy. Es bueno saber que hay algo más y que no dejamos de existir, ¿verdad?
   Matías no tuvo el valor para decirle a su amigo que pensaba que habían sido drogados y asintió con la cabeza.
   Rodrigo recuperó su cámara y le enseño disimuladamente una fotografía que se suponía que no debían haber tomado. La sombra que Matías había visto había sido capturada en la imagen aunque se veía algo difusa, pues recién comenzaba a formarse.
   El fotógrafo bloqueó la pantalla de su cámara, pues Luis se dirigía hacia donde ellos estaban.
   —Espero que puedan utilizar lo que vieron en el programa. Lamento que no pudiesen filmar, pero en el otro plano los entes son sensibles y no sería conveniente que ninguno de esos seres quedase atrapado adentro de una cámara.
   Rodrigo empalideció, pero no dijo nada.
   —No hubo problemas con el depósito inicial. Les parece si me pagan ahora el resto del dinero. No es sencillo abrir los portales con extraños presentes y mucho menos para que se haga público a través de un programa. Requiere mucho esfuerzo y concentración —. Luis se veía bastante ansioso por cobrar.
    Matías improvisó:
   —La producción se pondrá en contacto con ustedes mañana mismo y les hará llegar un cheque con el dinero acordado.
   —Entiendo. Bueno, ya nos veremos, chicos. Estaré pendiente del programa, para ver este episodio cuando salga —. Estrechó sus manos y se fueron.
   Una vez en el auto. Rodrigo se mostró un poco paranoico. No le agradaba la idea de tener un fantasma atrapado en su cámara y estaba seguro que en cuanto no recibiera el cheque prometido, el chamán les lanzaría una maldición. Matías intentó tranquilizar a su amigo sin obtener resultados.
   Unos días después, su nota salió publicada en la revista para la que trabajaban en realidad. También, se enteraron que el estudio de filmación del programa para el que habían fingido trabajar había sido cancelado por un incendio en el canal. Rodrigo estaba convencido de que por su culpa el chamán había lanzado una maldición hacia el estudio de grabación y a pesar de que amaba su antigua cámara la vendió por mucho menos dinero del que le había costado. Luego, se compró otra que si bien tenía peor resolución, no tenía ningún fantasma atrapado allí.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 9 de noviembre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 30

                 CAPÍTULO 30: YO SÍ LO AMABA
   Había pasado una semana y Susana seguía internada en el hospital. Su vida ya no corría peligro, pero las áreas de su cerebro que habían sido dañadas impedirían que los recuerdos nos perjudicasen.
   Yo no salía de mi casa y permanecía la mayor parte del tiempo encerrada en mi cuarto. Me sentía mala e indefensa a la vez. Había dejado de comer, sólo fingía que lo hacía frente a mi madre, aunque no podía engañarla. No hablaba con nadie. No había vuelto a ver a Teby y sentía que él me había arrastrado, engañándome, con el fin de hacerle daño a otra persona en nuestro propio beneficio. No deseaba seguir viviendo. No me gustaba en lo que me había convertido.
   Nuestros poderes se habían incrementado notoriamente en esos dos meses de verano desde que nos habíamos conocido. Él no me había dado la información que poseía y sin embargo, las velas negras las tenía preparadas. Sabía con exactitud como  concentrar el poder mágico y utilizó mi propio poder psíquico para incrementar su magia en contra de Susana. Ya no confiaba en él, ni en nadie, ni siquiera en mí. No tenía el valor para quitarme la vida, pero no quería seguir viviendo. Qué sentido tendría mi existencia si hasta ahora sólo había provocado el mal. Hasta al haber descubierto toda la misteriosa trama del pasado de Esteban, que a la vez me vinculaba con él, nos había perjudicado. Ahora, era esclava de la verdad.
   Sabía de grupos clandestinos dedicados al mal y temía que por el anhelo de poder, pudiera convertirme en alguien como ellos. Ni siquiera quería convocar a mi abuela. Me avergonzaba de mi misma. Hubiese deseado ser como una gota de agua para poder perderme en la inmensidad del océano. Pero seguía siendo yo, Tamara, un ser especial que había desarrollado un gran poder y sabía que si seguía con vida este se iba a incrementar. No tenía claro donde empezaban y donde terminaban mis límites.
   Esteban había demostrado tener menos escrúpulos que yo. No le había dolido la enfermedad de su madre de crianza. Él mismo la había provocado y me había inducido también a mí a hacer ese ritual. La herida de mi mano parecía no cicatrizar y me seguía doliendo. Un pacto de sangre nos uniría para siempre. No estaba segura de qué significaría todo eso.
    Esa tarde de domingo, mientras permanecía recostada en mi habitación, alguien golpeó mi puerta. Al ver que yo no respondía entró en mi cuarto. Era Teby. Lo observé sin levantarme y mis ojos se llenaron de lágrimas. Me provocaba muchísima tristeza verlo.
   —Hola, hermosa. No estés mal. Me dijo Raquel que casi no comés, no hablás, no salís. ¿Qué te pasa, princesa?
   Hablé con la garganta ceca:
   —¿Cómo está tu mamá?
   Me dedicó una media sonrisa.
   —Perfectamente, no se acuerda de nada. Es feliz porque tiene un hijo maravilloso que la cuida. No tiene un turbio pasado que la atemorice y será para ella como volver a nacer. Tiene conocimientos adquiridos, algunos recuerdos y de los recuerdos que se borraron en su mente, yo estoy sembrando falsa información. Está muy feliz, su vida será perfecta una vez que salga del hospital.
   Era increíble que se mostrara tan frío al hablar de la persona que lo había criado desde hacía quince años. Aunque muy en el fondo yo sabía que él tenía razón. Si había sido capaz de causarle semejante daño a Susana, ¿qué me esperaría a mí o a los demás si nos oponíamos a lo que él consideraba mejor para sí mismo? Me incorporé. Sin contestarle caminé hacia la ventana. No quería escuchar más. Él me tomó de la cintura y continuó hablando:
   —Tamy, sabía que ella no podía morir. No controlamos la muerte. Fue lo mejor. Si ella hubiese hablado nuestras vidas hubiesen sido una pesadilla. Nos habrían separado e impedido nuestro desarrollo psíquico-mágico. Tus padres se sentirían fracasados al tener que lidiar todos los días con una hija demente, por decirlo de alguna manera. No podríamos defendernos de los más oscuros.
    Sabía que tenía razón, pero no quería reconocerlo. Continuó:
   —Sabés que es conveniente que sigamos con nuestras familias completando nuestra educación. Cuanto más sepamos, más armas tendremos para el futuro. Además, estas organizaciones aún no saben dónde estamos ni quiénes somos. Afortunadamente, Ariel no te siguió hasta tu casa. Es posible que él no tenga nada que ver, pero su abuelo…. Ay, Tamy, Tamy que ingenua fuiste en confiar en ese tipo de gente.
    Giré sobre mi misma y lo miré a los ojos.
   —¿Y las huellas en el mundo mágico? ¿No dijo tu madre que era peligroso que hiciésemos magia? —. Mi voz sonó más fuerte de lo que pretendía.
   —Linda, no te preocupes. En primer lugar, ella no es mi madre, mi madre es una verdadera hechicera, pero no sabe que yo existo. Además, no creo que esté preocupada aún por vos. Lo que hiciste hasta ahora no puede considerarse magia peligrosa para ella. Hay muchos que invocan espíritus y juegan con velas e inciensos. Hay tantas huellas en el mundo mágico que no tienen por qué haber rastreado la tuya. El problema va a ser en un futuro, cuando con nuestras fuerzas unidas comencemos a tener poder perceptible. Es posible que entonces se de cuenta que hay un poder oculto detrás de nuestras acciones visibles. Por el momento, nosotros sabemos de ellos, pero ellos no de nosotros. Esto nos pone en una situación de ventaja.
    Lo interrumpí:
   —Tu hermana sabe de mí. Tiene el poder de entrar en mi mente, en mis sueños y me vio.
   —Aún, es sólo una niña, pero quizás, quiera que te unas a ella y quién sabe si no nos convenga en el futuro. Su herencia es muy poderosa, al igual que la mía, pero la diferencia es que ella debe estar siendo entrenada para desarrollar su poder. Nosotros hace muy poco que sabemos del nuestro.
   —Reaccioná, Teby.  Esas personas son peligrosas. Te quieren muerto.
  —Estás equivocada, mi madre me quiere muerto, pero mi padre salvó mi vida y mi hermana algún día me va a necesitar. El único problema grave podría ser mi madre. Pero ella piensa que estoy muerto.
   —¿No crees que la niña va a ser malvada cuando crezca? No tiene ningún escrúpulo. No le han inculcado ninguno.
   _Querida, puede ser que ella entre en tus sueños. Simplemente con lograr que vos entres también en los suyos y ganes su confianza, podrás inducirla hacia donde nosotros queramos, ya que es muy pequeña y su personalidad recién se está formando. No te olvides de que también vos sos poderosa. Hasta hiciste un viaje astral.
   Irónicamente le planteé:
   —Muy lindo tu plan, pero te faltó pensar en un detalle nada más: yo no puedo entrar en los sueños de la gente. El viaje astral fue involuntario y muy peligroso. ¿Te olvidás que el ángel negro aguardaba para que se corte el hilo de plata que me unía a mi cuerpo? Además, si no saben de tu existencia y no quieren matarte, ¿por qué razón le enviarían un grupo de banshees a un completo desconocido?
   Hizo una sonrisa forzada y respondió:
   —Nadie me las envió. En realidad, después del sueño que tuve acerca de personas capaces de invocarlas a este plano yo hice simplemente un conjuro para desviar un poco su camino y atraerlas hacia mí. Pero me arrepentí, no estoy listo aún. Hay algunas cosas que aún no te conté, pero tuve unos pequeños problemas. Por eso, hice el otro conjuro para alejarlas. Quizás tu viaje astral fue inducido por mi voluntad para que sea tu espíritu quien me ayude a alejarlas. La verdad no contemplé la posible aparición del ángel de la muerte. Es obvio que podremos entrar en la mente de la pequeña. Sólo nos hace falta un poco de práctica. Esta noche tratemos de vincular nuestros sueños. Quizás haya sido casual que la niña te haya elegido, o tal vez la elegiste vos a ella. Después de todo, la primera vez que soñaste con ella, el conjuro para saber quién había nacido lo hiciste vos. Mi padre le pudo haber relatado acerca de mi existencia. Por eso el mensaje en tu ventana. Tu segundo encuentro onírico con mi hermana, fue por tu deseo de saber. Quizá la atrajiste a tus sueños, quizá seas vos quien los está controlando. Es posible que por ahora seas más poderosa que ella. Tenemos que asegurarnos y aprender a no pasar información que no queramos. Intentemos controlar nuestras mentes cuando soñemos. Esta noche nos veremos en un sueño, mañana conversaremos.
   Esteban daba por sentado nuestra unión. No había puesto en duda, ni siquiera por un instante, que yo seguiría experimentando en la magia junto a él. Ninguno de los dos era realmente bueno, pero tampoco malo. La relatividad del bien y el mal siempre seguiría siendo una constante en mi vida.
   No podía dejarlo solo, sentía que nuestros destinos ya se habían entrelazado y estaba claro que él sentía lo mismo.Sin embargo, la culpa por lo que le habíamos hecho a Susana y por lo que seguramente le provocaríamos a mucha gente en cada decisión me destrozaba. Lo que es bueno para algunos les hace daño a otros. Era evidente que podíamos torcer a nuestro favor el camino de la gente. Podríamos inducir a muchos a pensar lo que nos favoreciese. Me daba cuenta de que había algunos que ya estaban utilizando ese poder en su propio beneficio.
   Posiblemente, yo tuviese más escrúpulos que aquellos que ya dominaban a las masas. Desconfiaba bastante de la ética de Teby. Me daba miedo tentarme con el poder. Temía ser inducida por Esteban, pero no podía alejarme de él. Lo amaba. Una lágrima recorrió mi rostro. Él parecía estar leyendo mis pensamientos, porque con ternura secó mis mejillas con sus labios y seductoramente aseguró:
   —No te preocupes, hermosa. Todo va a estar bien. No volveremos a hacer daño, a menos que sea completamente necesario. Es decir, en defensa propia. Si estamos en peligro buscaremos la forma de resguardarnos y nos protegeremos el uno al otro.
   Dichas estas palabras, besó dulcemente mis labios. Quizás así estaba asegurando nuestra alianza. No estaba segura si el realmente sentía algo por mí o esa jugada era solo un movimiento estratégico para mantener nuestro pacto. Había cambiado su forma de ver el mundo. Antes creía que la soledad era el único modo de incrementar su poder. Luego me buscó a mí. Después se alejó, aparentemente para protegerme y ahora se acercaba nuevamente.
   No estaba segura de cuales eran sus sentimientos, si es que los tenía. De lo único que estaba segura, era de que él quería poder y que junto a mí, ambos lo conseguiríamos. Acepté sin decir una palabra.
   Caminaría junto a él en el sinuoso sendero del poder. Yo sí lo amaba.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM
ISBN 978-987-02-3003-8

viernes, 2 de noviembre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 29

CAPÍTULO 29: ALUMBRÁNDOME CON SU  OSCURIDAD
    Una vez que salieron todos de mi casa, me apresuré a llamar a Teby. Afortunadamente fue él quien atendió.
   —Teby, soy Tamara. Necesito hablar con vos. Tuve una revelación sobre tu pasado… prefiero contártelo todo personalmente.
     Respiraba agitada. Estaba muy nerviosa. Posiblemente él no creyera en mi visión. Su madre no era Susana, su padre no era tan malo como él pensaba y además tenía una hermana.
   —Mi mamá no se siente bien. Me dejó a cargo de la librería. ¿Podés venir vos a verme?
   —Sí, no hay problema. Voy para allá —.Colgué el teléfono y me dirigí apresuradamente hacia el negocio.
   Cuando llegué, me senté en una silla frente al mostrador donde Teby estaba sentado. Él me interrogó apenas me vio.
   Comencé a relatarle los hechos muy despacio, casi susurrándoselos, para que nadie me escuche. Intentaba parecer calmada y comencé resumiéndole el primer sueño, el de la tarde anterior. Mientras le relataba los hechos, evité algunos detalles. No mencioné que la niña del carrusel, en realidad podía ser su hermana, pero básicamente le explique cómo convocaba ese grupo siniestro a las banshees. Sorprendentemente comentó:
   —Lo sospechaba, ¿qué tiene que ver eso con mi pasado?
   Parecía decepcionado. Más segura de mi misma ya que había creído en mi primer sueño agregué:
   —Básicamente, anoche, mi abuela me mostró como si se tratase de una película, lo que ocurrió cuando aún no habíamos nacido.
   Le relaté mi sueño. Tratando en cada momento de restarle importancia, sugiriéndole que podía tratarse de un simple sueño. No quería verlo mal, lo quería demasiado para lastimarlo, pero prefería contárselo a ocultarle la realidad. No dejé de relacionarle los sucesos vividos por ambos y que se vinculaban con el sueño, dándole a éste mayor credibilidad. Veía reflejada en sus ojos grises la duda. Me daba cuenta de que él no sabía si podía creer o no en mis visiones. Parecía tranquilo, quizás pensaba que era sólo un sueño. Afortunadamente, Susana irrumpió en el negocio y corroboró mis palabras.
   —No tenías que decirle eso a Teby. Tendrías que haber hablado primero con migo.
   Susana estaba completamente roja y parecía a punto de llorar. Teby se había levantado y la miraba con el seño fruncido.
    —Así que me mentiste, no sos mi madre. ¿Con qué más me mentiste? Nunca pude rastrear a mi padre por el nombre. ¿Inventaste el apellido?
   —Sí… aunque no te haya llevado en mi vientre, yo soy la que te crió y te defendió durante todos estos años y no fue una tarea muy fácil. También cambiamos tu apellido para que nadie pueda relacionarte con él y en un futuro tampoco conmigo. Nunca quise dañarte, pero tampoco podía decirte la verdad. No quería ni quiero que entres en el mundo de la magia. Ellos te pueden encontrar. Ella te puede mandar a matar. Lo que dijo Tamara es casi todo verdad. Son siniestros. Ella es un demonio con ropa de mujer.
   Susana se estremeció al decir estas palabras. Lágrimas amargas cubrían su enrojecido rostro. Con los ojos inyectados en sangre me gritó.
    —Sé que fue Sara quien  te lo reveló por alguna razón, pero Teby no tenía que saberlo y vos Tamara, no tendrías que haberlo inducido a la magia. No te diste cuenta de que su vida está en peligro. No entiendo por qué Sara te eligió como heredera. ¿No te das cuenta de que cada vez que usás la magia, queda una huella perceptible por otros hechiceros?, aunque afortunadamente no sea muy clara. La maldad de esa mujer no tiene límites. Está cerca y si sabe que él esta con vida lo va a asesinar, como posiblemente lo hizo con tu abuela e intente hacerlo con vos. Si sabe de tu poder y no te unís a ella te va a considerar su enemiga. Tu abuela malogró muchos de sus planes y la odiaba profundamente. Lamentablemente, Sara debe haberse descuidado y la debe haber encontrado. Estoy segura de que ya sabe de vos, aunque no tenga muy claro donde encontrarte por el momento, pero probablemente lo hará y te forzará a elegir. Va a tratar de tentarte, te va a engañar y cualquiera sea tu elección, a la larga va a destruírte. No te acerques más a mi Teby. Si llega a saber quién es…
   Corrió junto a Esteban e intento abrazarlo. Él la apartó de su lado, rechazándola. Yo lo comprendía, su vida giraba alrededor de una mentira.
   Susana consternada se apoyó sobre el mostrador. Me hubiese gustado poder apaciguar la situación que yo misma  ocasioné. Teby tenía el derecho de saber la verdad, no podía lidiar contra algo que aún ignoraba. No pude decir nada, pero Susana nuevamente me atacó con sus hirientes palabras.
   —Tu abuela era maravillosa. ¿Por qué no podés ser como ella?
   Mis ojos se llenaron de lágrimas. Teby estaba muy quieto, pálido como una estatua de mármol. Sin piedad ella continuó: 
   —Sara siempre intentaba reparar los daños ocasionados por la magia oscura. Ella planeó como salvar a Esteban, sin dejar ningún hilo suelto. Todo era perfecto hasta que llegaste a nuestras vidas. Cuando ella me dijo que iba a dejar a alguien en su lugar para cuidar a Teby, no pensé que sería una mocosa imprudente con aires de grandeza. Tu abuela era una hechicera blanca, piadosa. Si bien no tenía tanto poder como los grupos oscuros, su voluntad, su inteligencia y su fe siempre lograban encaminarla hacia la victoria. Tienen que ponerle un fin a todo este jueguito de querer ser poderosos, ya que esto no es ningún juego. Es obvio que saben de vos y tarde o temprano van a rastrear dónde estás y vendrán a buscarte, para que te unas a ellos o para eliminarte. Heredaste un gran poder y lo estás usando muy mal. Si todavía no saben de vos, es mejor que no lo hagan. Ahora mismo, voy a ir a hablar con tu mamá a su trabajo. Ella te tiene que alejar de todo esto y yo te mantendré alejada de Teby, sea como sea aún si tengo que usar más hechizos en contra tuya. Creí que con las sombras que te envié te había asustado lo suficiente como para alejarte de todo esto. No quiero que se muevan de acá. Volveré con Raquel en un rato. Obviamente, no le voy a contar todo, pero Tamara no voy a permitir que dejen que te acerques a mi hijo y sé que lograré que te apartes de la magia.
    Las venas de su cuello se hacían cada vez más notorias. Cerró la puerta y nos dejó en un profundo silencio sólo interrumpido por mis sollozos. Pasados unos segundos miré a Teby, quien parecía estar absolutamente calmado. Me regalo una media sonrisa y añadió:
   —No va a decir nada. No va a hacer nada.
   Me abrazó y me condujo hacia la cocina. No entendía cómo podía conservar la calma en un momento semejante.
   —Tamy, no te preocupes.
   Buscó en un cajón del aparador tres velas negras y tras encenderlas las colocó en un candelabro de plata. Sacó una navaja de su bolsillo cortó su palma y luego la mía. No pude evitar soltar un gemido de dolor cuando el filo rasgó mi piel. Unimos nuestras manos y Esteban las guió estrechadas hasta que quedaron sobre las velas. Hizo que nuestra sangre mezclada rocíe las llamas, mientras repetía frenéticamente para dar poder al ritual:
   —Nada ni nadie nos separará, ni se opondrá a nuestra voluntad —. Pronto comencé a decirlo yo también.
   Soltó mis manos mientras seguíamos repitiendo la oración. Con la sangre aún fresca, dibujó dentro de un círculo una estrella de cinco puntas. Las velas quedaron dentro. Me miró y cambio la oración:
   —Ella no nos delatará, ni se opondrá a nuestra unión —.Me tomó las manos nuevamente y también yo comencé a repetirla.
   Estuvimos el tiempo necesario, aproximadamente cuarenta minutos, hasta que las velas se consumieron por completo, repitiendo oraciones que surgían de Teby. Tomados de las manos y mirándonos a los ojos como en un trance. Ambos parecíamos hipnotizados el uno por el otro. Las velas se apagaron y cortó el aire el sonido del teléfono.
   Teby me sonrió y añadió:
   —Está hecho.
   Se apresuró a atender el teléfono. La momentánea felicidad de su rostro se esfumó, tan rápido como la luz de un relámpago. Le dijo a la persona con la que hablaba. Que no podíamos ir por que su madre, equivocadamente se había llevado sus llaves. Colgó y después me informó:
   —Era tu madre. Susana se descompensó al llegar a la clínica en donde trabaja. Ya no va a decir nada.
   Palidecí. Creí que la habíamos matado con el conjuro de Esteban, pero el abrazándome agregó:
   —Tranquila, querida, ella estará bien, pero no va a recordar nada. Todavía los médicos no lo saben, pero tuvo lo que ellos dirán que fue un golpe de presión, un colapso nervioso, cuya única secuela será un olvido selectivo.
   Me di cuenta de que Teby sabía perfectamente lo que había logrado con el ritual. Una parte de mí estaba extremadamente feliz porque nada nos podía separar. Susana ya no hablaría, ni se acordaría de lo que Esteban había averiguado y olvidaría lo que ella desde siempre sabía. No sería más un obstáculo para nosotros y nuestros futuros planes. Por otra parte, sin embargo me sentía destrozada y avergonzada. Habíamos llegado a caer tan bajo como para recurrir a la magia negra, haciéndole así, un daño casi mortal a una persona, para que no se oponga a nuestra voluntad. Lo único que podía rescatar de la situación era que él sabía ahora la verdad y que nos teníamos el uno al otro. Sabíamos contra quién luchábamos y de dónde provenía la poderosa herencia mágica de Esteban.
   Lo que aún no podía entender, era por qué yo, que descendía de magos blancos estaba cayendo en la seducción de lo oculto y caminaba de la mano de Esteban entre la luz y la oscuridad. Crizy ya me había advertido. Debería elegir de qué lado estar, pero todavía no veía con claridad la línea que separaba el bien del mal.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 26 de octubre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 28

            CAPÍTULO 28: HASTA EL AMANECER
   Me incorporé de pronto en mi cama. Un sudor frío recorría mi cuerpo. Aún no había amanecido. Los ojos de Samanta brillaban en la oscuridad y me observaban fijamente. Seguramente, había percibido la onírica revelación.
   Deseaba correr junto a Teby y narrarle la verdad sobre su pasado, pero él aún debía estar dormido y no me animaba a llamarlo a esa hora de la madrugada. Esperaría a que saliera el sol y a que mis padres abandonasen la casa. De esta manera no tendría que darles explicaciones.
   Durante los eternos minutos en los que permanecí en la oscuridad, repasé una y otra vez lo que había visto. Por fin las cosas comenzaban a cerrar. Comprendía el por qué de mi presencia en ese lugar, en ese tiempo. Mi abuela no sólo me había pasado el conocimiento, sino que también la responsabilidad de proteger a Esteban. Esta vez no era de si mismo de quién debía salvarlo, sino de aquel siniestro ser que quiso destruirlo desde su nacimiento. Ese ser que había provocado la muerte de mi abuela y que yo ya había visto, así como a su heredera, la hermana de Teby.
   Recordé el día en que un aliento helado trazó en el cristal de la ventana "Ella ya ha nacido y sabe de ustedes". La niña podía controlar los sueños, me había conocido en un sueño, la había visto y me había relatado el accionar oscuro de su clan. Me preguntaba, por qué me informaba. ¿Aún no se habría corrompido por el poder, debido a su escasa edad? O ¿no sería ella la que me informaba, sino mi propio poder psíquico que la utilizaba como un medio para interpretar mi percepción?
   Quizás ella ya podía entrar en los sueños. Obviamente ya tenía muchísimo poder. Me había insinuado, que yo elegiría de que lado estar. Recordé que no había soñado sólo una vez con ella sino dos. El día antes de conocerla personalmente en la plaza, en mi sueño ella jugaba con una serpiente. En el carrusel montaba una. La serpiente no podía significar nada bueno, al menos eso creía yo y eso solía decir mi abuela. Me preguntaba si su amigo imaginario, al que ella llamó "invisible", existiría realmente. Reflexioné en que podía ser un espíritu o algún demonio.
   Por lo pronto quería hablar con Teby, aunque no había pensado aún de qué manera le daría la dura noticia. Aunque pese a todo, era muy probable que no me creyera o que pensara que mi sueño era sólo un sueño. ¿Sería tan sólo un sueño? De todas formas, le pasaría la información y luego, él decidiría si debía o no creerme.
   Estaba casi segura de que mi visión era verídica. Finalmente todo cerraba, tenía que ser real. Recordé la palidez de Susana al ver a la madre de Crisy en la plaza y la vinculación forzada que mi abuela había hecho entre nosotros. Tal vez, era para que yo protegiese a Teby, pero también para que él me protegiera a mí.
   Mi abuela había burlado a la malvada hechicera y yo era su descendiente. ¿Qué habría hecho mi padre para que el poder mágico haya saltado una generación hasta mí? Posiblemente, hubiese sido su manifiesta incredulidad, incrementada por la de su pareja totalmente escéptica. Mi abuela debió haber intuido que yo, al conseguir la información mágica en la adolescencia, sin prejuicios previos y una confianza ciega en ella, desarrollaría mi poder mental libremente. Al ver los hechos, el escepticismo no podría bloquear mi herencia mágica.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 19 de octubre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 27

                       CAPÍTULO 27: EL PASADO
   La luna llena brillaba en un cielo salpicado de estrellas. Sentí que los portales cósmicos volverían a abrirse, pues intuía que un sueño revelador se aproximaba.
   Samanta estaba muy inquieta. Antes de acostarme encendí velas e inciensos para los elementales y les pedí que velasen por Teby y por mí durante la noche. Mi presentimiento era cada vez más fuerte, sabía inconscientemente que nuestras vidas cambiarían nuevamente, aún más de lo que ya lo habían hecho.
   El calendario lunar señalaba esa noche como la de las revelaciones. Mis conjuros volverían a mostrarme la verdad. Sentía que desde siempre una fuerza oculta me unía a Esteban. Sabía que aún estando lejos, estábamos ligados y que él pensaba en mí como yo lo hacía en él. Aunque no debía hacerlo, no podía dejar de quererlo. Deseaba ayudarlo a buscar su identidad, sin importarme que estuviese o no a mi lado. Anhelaba verlo feliz.
   Cada vez estaba más segura de que no sólo él me necesitaba a mí, sino que yo también lo necesitaba, puesto que las clandestinas fuerzas oscuras eran manejadas por personas sin escrúpulos. El mundo había dejado de creer, pero las  pocas personas que aún utilizaban la magia, no estaban exactamente del lado del bien. Además, pensaba que averiguando sobre el pasado de Teby, tendría algún indicio para rebelar la identidad, de él o de los asesinos de mi abuela. Tenía que haber alguna conexión.
    Mientras las velas aún ardían y jugaban formando extraños dibujos en las paredes, caí sumida en un profundo sueño.
   "Me encontraba sentada en un columpio antiguo que se mecía con el viento marino. Veía como las olas golpeaban bajo mis pies. Estaba absolutamente sola en medio del océano. A mi alrededor sólo se veía agua y las cadenas que sostenían el columpio eran infinitamente largas y se perdían en un cielo cubierto de oscuras nubes grises.
   Al igual que en otros de mis sueños se cubría mi vestido medieval negro con detalles rojos con una larga capa también negra. Podía sentir el viento marino despeinar mis rizos dorados y ni emociones ni temores se manifestaban en mí, en ese momento.
   Sentí una mano que se cerraba sobre mi hombro derecho, torne mi cabeza hacia atrás y me encontré con mi abuela. No me sorprendí al verla y no me pregunté cómo había llegado allí, ni cómo no se hundía en el mar o por qué yo sentía que todo era tan normal.
   Susurré:
   —Guíame.
   Ella respondió:
   —Nadie puede vernos. Tomá mi mano. Voy a mostrarte el pasado. Lo que vas a ver sucedió hace más de quince años, cuando todavía no habías nacido.
   A mí alrededor, después de un instante de total oscuridad, la brisa cesó. El mar completamente calmado se convirtió en un metal líquido del cual comenzaron a surgir figuras tridimensionales como si se tratase de un enorme estereograma.
    La primera imagen que vi transcurría en un anfiteatro circular iluminado únicamente por velas negras. Sobre un pequeño escenario se encontraba de pié una joven y hermosa mujer. Sus negros y lacios cabellos cubrían su pálido rostro, dejando apenas ver sus grandes ojos grises y sus finas facciones. La cubría una capa negra, era la única en el anfiteatro con la cabeza descubierta. A su alrededor doce personas la rodeaban.
   Dirigiendo su mirada a una de las figuras añadió:
   —Esta vez, te elijo. Venís de una familia de numerosas generaciones de hechiceros. Sé que para tener más poder, te uniste a mí. Nuestra hija sería invencible…
   Una chillona y familiar voz la interrumpió. Cuando se quitó la capucha identifiqué a Susana, más delgada, más hermosa y más joven.
   —¿Por qué a él? Es mi pareja, aquí hay muchos que no tienen pareja.
   Frunciendo el entrecejo, la hermosa hechicera reprochó con voz firme, pero no exaltada:
   —No aprendiste nada en este tiempo. ¿Cómo te atrevés a cuestionar mis decisiones? ¿Cómo te atrevés a mostrar tus sentimientos? Yo puedo lograr que te destruyas a vos misma. Acaso, ¿no temés por tu vida?
   Una sombra cubrió el rostro de Susana y cayó de rodillas llorando temblorosamente.
   Una voz varonil dijo:
   —Yo siempre seré tu seguidor. Uniré mi poder al tuyo. Vamos a ser más poderosos juntos. Ella es muy débil, no merece ser parte de nuestra organización. No vale la pena, dejala ir. Tendremos una hija con nuestros poderosos genes.
   Así concluyó mi primera visión. Unos segundos después, en otro punto diferente del metal espejado comenzaba a surgir otra imagen.
   Se veía llover torrencialmente por las enormes ventanas. El fuego de la chimenea alumbraba una pequeña y acogedora sala. En ella se encontraban tan sólo tres personas. Una de ellas era mi abuela quince años más joven. Las otras dos, Susana y quien al parecer era su pareja, estaban tomadas de la mano.
   Mi abuela les servía té. El joven rompió el silencio:
   —Sara, necesitamos su ayuda. Es imposible que yo me aparte de ella. Es demasiado poderosa para todos nosotros. Por suerte, Susana fue expulsada y le perdonaron la vida, pero yo no puedo irme. Me quiere a su lado, por el poder mágico que heredé, aunque no se comparan con la magnitud de los suyos. Estoy atado a ella, no puedo dejarla y ya está embarazada de tres meses. Tuvo un hijo antes que fue eliminado por ser varón. También ella dominó la mente del padre del pequeño logrando así un suicidio sin quedar incriminada. Él se había opuesto al sacrificio del niño. Ella está segura de que el Demonio mismo pide que se derrame la sangre de los hijos varones de su familia para que las descendientes mujeres sean cada vez más poderosas. Si no los mata, cree que perderá su poder y que será severamente castigada por Satán. Piensa que los espíritus de los niños sacrificados pueden ser utilizados a su favor esclavizándolos. Si nace una niña, su sucesora, va a ser una bruja aún más poderosa que ella misma y va a ser educada desde la infancia en el mal. En sus creencias ancestrales los aquelarres eran dirigidos sólo por mujeres. Se ve que su familia siempre hizo lo mismo.
   Mi abuela lo miró perpleja por las palabras que acababa de oír. Luego habló:
   —Lamentablemente, está equivocada y si el niño vive ella no perderá sus poderes, ya que vienen desde su propio y oscuro interior. No es el Demonio el que le brinda el poder, sino la perversa fuerza de su mente. Necesita creer en algo ajeno a ella para liberar su energía. Sabés que no soy tan fuerte como ella, pero puedo protegerme de su magia  rodeándome de agua. No tienen que saber quien soy yo, ni que existo, puesto que  sus seguidores son muy peligrosos. Ellos tampoco tienen escrúpulos y sólo les interesa lo que el poder puede otorgarles. Tengo una isla, allí no podrán hacerme daño y si hago algún conjuro, al estar rodeada por agua, las huellas se perderán en la corriente. No podré seguir viviendo acá si los ayudo, pero si nace un varón les sugiero que lo dejen a cargo mío por un tiempo y lo llevaré conmigo a la isla. Díganle a ella, que lo sacrificaron y mientras tanto Susana, fingirás un embarazo. Tienen que creer realmente que tenés un hijo propio. Después de un tiempo prudencial, vas a cuidar al niño como si fuese tuyo y él como un padre responsable velará por el bienestar de su hijo. Ella debe creer que es tuyo Susana, no le importará si él tuvo un hijo con vos, pero ustedes no podrán volver a estar juntos, al menos, no por mucho tiempo. Es por el bien del niño.
   Dichas estas palabras, Susana rompió a llorar y abrazó al apuesto joven. Sin soltarlo, dijo sollozando:
   —El pequeño será mi hijo. Lo voy a cuidar como si fuese el hijo que siempre quise tener con vos. Voy a mantenerlo apartado de la magia y ella nunca lo descubrirá. Él no tiene que saber del poder que corre por sus venas.
   Mi abuela añadió:
   —No estoy tan segura de que jamás descubra su poder. Este surgirá desde su interior, aunque no tenga el conocimiento. Ese día llegará y nadie podrá detenerlo. Lo único que espero es que se incline por el bien, pero tiene que tener la oportunidad de vivir y de poder elegir su propio destino. Quizás, a su manera ayude a que la oscuridad pierda poder. Esto mismo espero yo de mi sucesor.
   La imagen se desvaneció y lo que parecía un metal líquido volvió a ser un mar agitado. La brisa comenzó a soplar. Mi abuela me miró y dijo:
   —Ahora, ya sabés".
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 12 de octubre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 26

                          CAPÍTULO 26: CARRUSEL
     Al llegar a mi casa, me senté en el jardín rodeada por el perfume de los rosales. Una vez más, infinidad de reflexiones me invadían. Estaba segura de que alguien había inducido el suicidio de mi abuela y de que esa misma persona se relacionaba con el pasado de Esteban.
   Él y Ariel estaban seguros de que alguien quería controlar a las banshees, para controlar a la muerte. Yo, en cambio, creía que la muerte era una entidad solitaria y que las banshees, los elementales y algunos otros seres podían ser inducidos por conjuros no sabía hasta que punto. Aún, no tenía bien claro qué era lo que pedían ellos a cambio de su "servicio". Ariel había mencionado algo sobre el precio que uno esta dispuesto a pagar. No tenía claro tampoco, quién lo pagaba. Pero, era evidente que para lograr un inmenso poder, no bastaría halagar a los elementales tan sólo con velas e inciensos.
   Recordé, que Esteban había mencionado además de sus conjuros a un demonio y sabía que había utilizado su propia sangre. Había visto sus cortes y... Ariel también tenía cortes. Me preguntaba si Teby no querría alejarse de mí, por miedo a que el precio a pagar fuese mi propia vida, ya que era evidente que me amaba y había sido estremecedora la forma en que tembló cuando mencioné al ángel negro. ¿Quién le habría inducido los sueños e involucrado en la magia? Susana parecía ajena a todo eso, pero no podía descartar que conocía a mi abuela. Además, el padre de Teby también era un hechicero y su propio hijo había heredado su poder…
   Sorprendentemente, en ese mismo momento la voz chillona de Susana interrumpió mis pensamientos.
   —Chau, Tamy. Espero que tengas un lindo día —gritó al pasar caminando con prisa por la puerta de mi casa.
   —Saludos a tu mamá.
   —Adiós, Susana — le devolví el saludo.
   Había dejado de creer en las casualidades. Todo tenía un por qué. Ahora estaba segura de que Susana sabía más de lo que aparentaba. Recordé que era una mujer quien controlaba el grupo oscuro del que me había hablado Ariel. No, aquello que cruzó por mi mente por un instante no podía ser posible. Teby se hubiese dado cuenta enseguida. Con su inteligencia era poco probable que algo de semejante magnitud no fuese advertido por él. Obviamente, los avisos de peligro para él y para mí, que me habían llegado desde el mundo espiritual, no podían estar relacionados con su madre. Tendría que descartar esa absurda idea.
   Recordé la advertencia que apareció escrita en el cristal: "Ya ha nacido y sabe de ustedes". ¿Quién sería? ¿Cómo sabría? ¿Quién habría enviado la señal? Lo único que creía haber podido rebelar de la frase había sido que alguien nos estaba advirtiendo de un peligro y que yo era la encargada de proteger a Esteban. No sabía de quién debía protegerlo, ni por qué era yo la elegida para hacerlo, ni quién me enviaba la advertencia.
   Era la hora de la siesta. Mientras la cálida brisa de verano acariciaba mis mejillas, me fui sumiendo en un mundo onírico.
   "Caminaba por un laberinto de infinitas columnas de plata, encargadas de sostener el rojizo cielo del anochecer. La suave brisa traía consigo la música de un carrusel. Yo no caminaba, el mundo se desplazaba a mí alrededor. Las columnas retrocedían junto a mí y la música se hacía más fuerte. Al igual que un barco emerge del horizonte, veía al carrusel acercándose. Al llegar a mi lado, este se detuvo, así como la música y las columnas dejaron de moverse. Allí estaba ella, sentada en una serpiente de madera.
   —Hola, Tamara —dijo Crisy sin bajar del carrusel. El eco de sus palabras nos acompañó unos instantes.
   —Te preguntaste cómo hacían. Es muy cruel. Yo te puedo contar.
   Intenté hablar, pero no surgía ningún sonido de mi garganta. Ella continuó, como si tuviese poco tiempo:
   —Sólo escuchá —dijo calmada —. Ellos eligen a su indefensa víctima y lo introducen en un ritual. Un muy oscuro ritual. El temor de la víctima va creciendo, lo convencen de que va a morir. Su corazón se acelera. Piensa que cada segundo que sigue con vida es un milagro y cuando cree que ya todo está perdido, su temor a morir se hace incontenible y entonces llegan ellas. Algunos, no resisten y realmente se mueren, porque sus corazones no soportan tanto horror. Los que sobreviven, jamás revelarían lo que les pasó, ya que son amenazados. Así es como lo hacen. Adiós Tamara, cuando quieras verme soñá conmigo. Algún día, uniremos fuerzas, quizás... Depende de qué lado te convenga estar.
   Todo desapareció envuelto en una luz blanca muy brillante.
   Abrí los ojos. Ya era de noche y los faros del auto de mi padre me encandilaban. Había dormido toda la tarde. ¿Habría soñado con Crisy?, ¿ella estaría involucrada? o ¿habría sido una simple proyección de mi mente para manifestar una oscura realidad?
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

viernes, 5 de octubre de 2018

EL PODER OCULTO CAP 25

                  CAPÍTULO 25: CONFESIONES
    Ariel y yo bajamos juntos del colectivo, ya que él se había ofrecido a acompañarme hasta mi casa. Me voltee al escuchar la voz de Teby gritando mi nombre y noté que venía corriendo hacia nosotros.
   —Tamara, necesito hablar con vos. Es urgente. Pasó algo terrible.
   Noté que Ariel lo observaba con el ceño fruncido, mientras tanto Teby fingía ignorarlo. Me apresuré a decir:
  —Bueno, pero Ariel…
   —Es que… es urgente y estás involucrada…
   Me miraba con un aire suplicante y a la vez muy tierno. No podía negarme. Le tomé la mano a Ariel y le anoté mi número de teléfono.
   —Por favor, llamame cuando quieras. No te enojes, pero él no suele ser así, algo malo debe estar pasando.
   —Sí, es algo terrible. Si ella lo considera pertinente te lo contará después, pero si por mí fuese no te enterarías.
   Esteban miraba a Ariel con arrogancia y en cada sílaba se notaba un aire de desprecio. Sonreí, me divertía mucho verlo celoso, si eso era lo que le pasaba.
   Ariel besó mi mejilla y añadió:
   —Te llamo más tarde. Nos vemos, hermosa.
   Luego, se alejó sin despedirse de Teby. Acto seguido, lo interrogué:
   —¿Qué pasó?
   Él miró al piso y con una media sonrisa insinuó.
   —Bueno, en realidad nada. Es sólo que no quería que él supiese donde vivís.
   Me molestaba bastante su actitud, pero a la vez me daba cuenta de que en verdad debía estar interesado en mí.
   —¿Qué pasa?, acaso, ¿no será… Que estás celoso?
   —Por supuesto que no. Tamara, ¿no te das cuenta de que este muchacho esta involucrado con gente realmente oscura y peligrosa?
   Estaba muy ofendida con él. Me trataba como si fuese una ingenua que no sabe cuidarse por si misma. Había sido yo la que había salvado su vida de la multitud de banshees, o al menos, era lo que yo creía.
   —Ahora que recuerdo, yo te vi hablando con el hombre de la tienda. ¿No será que en realidad quien está involucrándose en asuntos peligrosos sos vos y no yo? Esteban, ¿sos consiente del peligro en el que estás?
   —¿Realmente creés que haría algo para perjudicarme?
   Tomé su brazo. Los finísimos cortes aún no habían cicatrizado. Lo miré seriamente a los ojos y respondí con claridad:
   —Sí, realmente lo creo. Además, estoy segura de que intentaste acercar a las banshees. ¿Vas a negar que las invocaste?
   —En un momento, pensé en que yo solo podía controlarlas, pero estaba equivocado. Ellas me debilitaban. Por suerte, algún demonio y mis hechizos de protección lograron alejarlas anoche. Fue la primera noche, después de muchas en la que al fin pude dormir tranquilo.
   El demonio que había visto, podría haber sido mi espíritu. Recordé los símbolos dibujados en sangre y lo interrogué:
   —Los pentagramas que dibujaste en tu habitación, ¿en verdad las alejaban?
   Sus ojos demostraron sorpresa ante mis palabras.
   —¿Cómo sabés que dibuje pentagramas en mi habitación?
   —Creo que anoche abandoné mi cuerpo y en un extraño viaje estuve junto a vos cuando las banshees llegaban. Creo que yo soy el demonio que viste.
   —Entonces, ¿generaste la luz que nos rodeó?
   Asentí con la cabeza.
   —No debiste hacerlo, fue peligroso, una tontería de tu parte… pero… ¿Cómo hiciste?
   —No sé. Pensaba en cómo protegerte y me adormecí. Cuando me di cuenta, flotaba sobre mí y solo un hilo de plata me unía a mi cuerpo. De pronto, estaba en tu casa y supe exactamente lo que tenía que hacer… Es decir, no tengo mucha idea de cómo sucedió.
   Me interrumpió, restándole importancia a mis palabras.
   —Ah… simplemente, hiciste un viaje astral.
   —Al regresar, vi a la muerte esperándome. No había banshees allí, sólo un ángel negro, el ángel de la muerte.
   Palideció de repente y me estrechó fuertemente entre sus brazos. Sentí que todo su cuerpo temblaba. Susurrándome al oído confesó:
   —Yo me muero si te pierdo.
   Lo aparté un poco de mí con suavidad y clavé mis ojos en el mar gris de su mirada. Podía leer en su rostro lo que sentía por mí, pero lamentablemente agregó:
   —Tenemos que estar juntos. Es nuestro destino, pero… no podemos mezclar las cosas. Quizás, en un futuro todo podría ser diferente. Por ahora, necesitamos estar juntos para defendernos mutuamente. Debemos ser fuertes. Involucrando nuestros sentimientos nos debilitaríamos… ¿Y si alguno de los dos dejara de sentir?... Vos ya conociste a otro chico, aunque no deberías confiar en él. Es peligroso.
   Besó mi mejilla, me regaló una triste media sonrisa y se alejó sin mirar atrás.
   Volví a mi casa con la soledad como mi única compañía. Nuevamente me encontraba sola. Una fugaz lágrima surcó mi rostro. El destino decidiría lo que tenía que pasar. La decisión de Teby ya estaba tomada, pero no podíamos negar lo que ya sentíamos.
AUTORA: ALEJANDRA ABRAHAM

Capítulo 30: El poder detrás del poder

Capítulo 30: El poder detrás del poder    Los magos y brujas que integraban el séquito de mi madre se arrodillaron y colocaron sus velas ...